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Real Zaragoza

Los campos magnéticos de El Sadar, los árbitros y las rojas para el Real Zaragoza

Que el equipo aragonés, por la decisiva expulsión de Eguaras, acabara en inferioridad numérica en Pamplona no es una figura nueva en la historia. Al contrario.

Cabrera, en marzo de 2016, sorprendido al ser expulsado en El Sadar por el árbitro gallego Eiriz Mata.
Los campos magnéticos de El Sadar, los árbitros y las rojas para el Real Zaragoza
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El sábado, en El Sadar, fue expulsado Eguaras. Hace tres temporadas, en el mismo escenario, el que se fue a la ducha antes de tiempo con una roja fue Cabrera. Meses antes, en la campaña anterior, el que no acabó el partido en el estadio navarro y fue castigado por el árbitro con una expulsión prematura fue Natxo Insa. Hay algo microscópico que envuelve el ambiente del campo de fútbol de Pamplona, que afecta normalmente a los árbitros de turno, que les genera una singular querencia hacia la sanción disciplinaria máxima para los futbolistas del Real Zaragoza.

Los partidos ahí suelen ser aguerridos, ásperos, propios de la rivalidad de siempre entre ambos clubes, como es normal, por otra parte, en muchos duelos de rivalidad regional en tantos y tantos puntos de España. Pero si se revisan estas últimas expulsiones de zaragocistas en El Sadar, las más modernas, las recientes citadas, se colige enseguida que todas están fuera de sitio. No son rojas evidentes a ojos objetivos e imparciales. Todas son más que discutibles. Muy aleatorias dentro de un perfil de partidos donde, del mismo modo que fueron expulsados Eguaras, Cabrera o Natxo Insa en su día, bien pudieron hacerlo jugadores osasunistas con los mismos méritos... pero no fue así.

Hace pocas horas, el joven y novato árbitro catalán Ávalos Barrera hiló fino con Eguaras. Lo mismo le pasó al benemérito colegiado gallego Eiriz Mata con Cabrera hace nada. Y algo así sintió el murciano Sánchez Martínez en 2015 con Natxo Insa, en la réplica del día de la nieve suspendido 10 días antes. Pero es que, esta patología tendente a expulsar jugadores del Real Zaragoza en los duelos contra el Osasuna tiene también alguna cepa que transfiere el efecto a La Romareda. El año pasado, Pombo fue enviado a la ducha antes de tiempo por Díaz de Mera en el estadio zaragozano (a Juanele también le pasó algo parecido en su momento en La Romareda ante los osasunistas).

No es nueva esta epidemia de rojas para el Real Zaragoza en El Sadar. Si se revisa la jurisprudencia en el histórico, se llega, por ejemplo, a finales de los 80. Y ahí, la sensación de que algo raro pasaba con los arbitrajes cuando el equipo aragonés iba a Pamplona ya fue motivo de estudio entre los expertos del momento. En la 90-91, cuando el colegiado catalán Enríquez Negreira mandó a la caseta a Poyet con una roja que luego no acarreó sanción tras el recurso zaragocista (no hay que explicar más sobre el acierto o no del árbitro), saltaron las alarmas. Porque, en la campaña anterior, la 89-90, el árbitro asturiano Esteban Díaz había expulsado en El Sadar al escasamente polémico Juliá. Y meses antes, en la 88-89, fue el andaluz Martín Navarrete el que le mostró la roja prematuramente a Fraile y dejó al Real Zaragoza en franca desventaja.

La cosa, por lo tanto, viene de lejos. Que el Real Zaragoza logre acabar sus partidos en el estadio pamplonés con los 11 jugadores sobre el césped es algo de difícil consumación. Y da igual que las jugadas clave en las que salen a relucir las tarjetas no sean contundentes, no respondan a cuestiones tajantes del reglamento o que, en el cotejo de la naturaleza de cada partido en relación a la actitud de los rivales del Osasuna, los futbolistas del Zaragoza no destaquen por ser más duros que los rojillos. Los árbitros tienen una tendencia histórica hacia la roja para el cuadro zaragocista y la vista gorda para los navarros. Al referido Eiriz Mata, hace 3 años, el Tribunal Administrativo del Deporte (TAD) lo dejó con la cara colorada al retirarle a Cabrera la segunda amarilla que el gallego le mostró para expulsarlo en El Sadar y darle la razón al recurso zaragocista.

Dicen que es la presión del lugar (no se explica bien en los tratados si se refiere a la atmosférica), ciertas fuerzas magnéticas que envuelven el terreno como consecuencia de la morfología geológica. Sea lo que fuere, ahí están los inacabables análisis y estudios de los más sesudos analistas. Alguno pronosticó que este año, con el bisoño Ávalos Barrera, de nuevo el Real Zaragoza iba a ver una roja en El Sadar y a acabar en inferioridad numérica ante el líder Osasuna. Dicen otros que, pese al evidente acierto, no tenía demasiado mérito su vaticinio, pues los antecedentes eran bastante proclives a que así fuera. Y fue.

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