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Real Zaragoza

El Real Zaragoza ha empatado tres veces tras remontar un 2-0 adverso

Con Idiakez, Alcaraz y Fernández, el equipo ha vivido la misma situación en esta liga, ante Albacete, Mallorca y Majadahonda. Una señal de su carácter, para lo bueno y lo malo.

Víctor Fernández, junto a Loreto, hace un gesto de aprobación en la retirada al vestuario tras el partido de Majadahonda, bajo el aguanieve.
El Real Zaragoza ha empatado tres veces tras remontar un 2-0 adverso
Enrique Cidoncha

"Este equipo tiene mucho carácter", dijo Víctor Fernández en su particular rueda de prensa pos partido en la invernal noche de Majadahonda este sábado. Loaba así el entrenador aragonés la capacidad de reacción del Real Zaragoza en el último cuarto de hora, tras ir perdiendo 2-0 y pasar unos minutos grogui y con síntomas de fatal decaimiento moral. Fue un amarre positivo del técnico blanquillo en una comparecencia donde, como en días anteriores, habló claro y describió con crudeza los apuros que está viviendo en su primer mes de responsabilidad al frente de un grupo que no está dando la talla en términos globales respecto de las expectativas creadas en torno a él cuando el curso empezó en verano.

En una jornada donde se llegó a olisquear un lío serio cuando el partido encaró la recta final con el Real Zaragoza a merced de los vientos majariegos, lo mejor fue la reacción final que proporcionó al cuadro zaragocista un punto donde parecía que se preparaba un disgusto morrocotudo. En el minuto 73, el marcador era de derrota por 2-0. Ahí acortó distancias Soro y, en el 80, Eguaras logró el 2-2 final. Una reparación rápida y a tiempo que permitió volver a casa entre la nieve con un paladar más bien agradable, que atenuó el sofocón que se preparón con antelación a ese ataque de casta, suerte y acierto que restauró mínimamente el marcador final.

Y este formato en la trama y la secuencia de los goles que tuvo lugar en Majadahonda, curiosamente, no es la primera vez que se da en la irregular e insuficiente temporada que lleva jugada hasta ahora el Real Zaragoza en los primeros 5 meses de competición. Estos síntomas, estos efectos secundarios derivados de su fútbol, ya sucedieron de igual forma dos veces más con anterioridad. La primera, en Albacete, en septiembre, aún con Imanol Idiakez en el banquillo. Y la segunda, en La Romareda ante el Mallorca, con Lucas Alcaraz como máximo responsable del vestuario.

Así que lo que aconteció al noroeste de Madrid este sábado de enero ni es nuevo, ni es anormal, ni supone un comportamiento sorprendente del equipo zaragozano. Por lo que se deduce de su reiteración de conductas, forma parte de su perfil, de su idiosincrasia, de su fábrica, y está por encima o al margen de sus entrenadores. Es lo que todos los técnicos que han pasado por aquí desde agosto denominan 'el control de las áreas' y que, traducido, dice que el Real Zaragoza tiene problemas evidentes en la consecución del gol a favor y, en el otro sentido, sufre penalizaciones serias por sus defectos cuando son los rivales los que llegan sobre su portería, encajando goles con demasiada facilidad pese a que le disparen poco (o menos de lo que lo hace el equipo blanquillo) durante cada duelo liguero.

En Albacete, los manchegos se fueron al descanso ganando 2-0 con goles tempraneros de Rey Manaj y Verdasca en propia puerta. Y el Real Zaragoza de Idiakez remontó hasta igualar a dos con tantos de Gual (min. 52) y Álvaro Vázquez (min. 78).

El Mallorca, en La Romareda, a mitad de noviembre, también se puso por delante con dos de ventaja, con tantos iniciales de Lago Junior, doblete que logró el costamarfileño en los primeros minutos (6 y 20). El cuadro zaragocista de Alcaraz logró recuperar un punto en los últimos 25 minutos del duelo, con tantos de Gual (66) y Pombo (74).

Y este fin de semana en Majadahonda, los madrileños ganaban 2-0 en las puertas del cuarto de hora final con goles de Ruibal (42) y Fede Varela (62). La resurrección zaragocista hasta lograr arañar un nuevo empate la consumaron los tantos de Soro (73) y Eguaras (80).

Tres modelos similares de partidos, con tres entrenadores diferentes, con tres talantes distintos alrededor del equipo en cada momento de la campaña. Y una misma desembocadura al libreto de cada partido, con muchos matices gemelos entre sí. Como dijo Víctor Fernández en Madrid, es obvio que este Real Zaragoza tiene carácter, que no se rinde por más que los condicionantes de este tipo de partidos parezcan muy contrarios y de difícil solución. Hay madera de luchadores, hay futbolistas con casta para sacar fuerzas de flaqueza rentables cuando todo parece perdido. Y también hay un duende que no quiere permitir que el Zaragoza se vaya por el sumidero en días en los que parece desbaratarse hasta que el duelo en cuestión encara su recta definitiva.

La tarea de Víctor Fernández, una vez sufrido en sus propias carnes este efecto nocivo en la solvencia de su equipo que denuncia un mal dominio de ambas áreas y que, en jornadas así, hace que el Real Zaragoza se ponga 0-2 por debajo en los tanteadores puntualmente, es evitar que la actitud heroica se convierta en costumbre. Que no se apele tanto a la épica y se aluda mucho más a menudo a la mesura, a la eficacia, a no dar tanta ventaja a los de enfrente. Con tres episodios así debería ser suficiente en una misma temporada.

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