Despliega el menú
Real Zaragoza

El Real Zaragoza arregla un desastre en Majadahonda en el último cuarto de hora

Los de Víctor Fernández perdían 2-0 en el minuto 73, pero igualaron su mal partido con goles postreros de Soro y Eguaras.

Rayo Majadahonda-Real Zaragoza
Rayo Majadahonda-Real Zaragoza
Enrique Cidoncha

El Real Zaragoza arregló mínimamente lo que iba para desastre absoluto en el campo del Rayo Majadahonda. El 2-2 final supo a gloria a los aragoneses, pese a que a priori el interés supremo en este duelo directo era logra el triunfo ante un adversario que no gana desde noviembre (8 jornadas). Y es que, cuando se encaró el último cuarto de hora del partido, los de Víctor Fernández deambulaban groguis sobre el mojado césped del Cerro del Espino tras haber encajado el 2-0 en medio de una noche llena de defectuosas praxis futbolísticas en muchos de sus hombres. Por suerte y acierto, el equipo zaragozano encontró la luz en el final del duelo para, al menos, no salir derrotado y sumar un punto que, pese a su escasez en tiempos de apreturas, es oro molido ante el batacazo que se previó poco antes de la remontada final.

El primer tiempo pareció la continuación exacta del global de último partido de los zaragocistas, el de la semana pasada, que perdieron 0-2 en La Romareda ante el Málaga en una catarata de ocasiones perdidas ante la portería rival y encajando goles en las pocas llegadas sobre el marco de Cristian Álvarez. Fue como si no hubiesen pasado 6 días, como si se estuviera jugando aún aquel duelo ante los andaluces. El Zaragoza dominó más y, por momentos, abrumadoramente al Rayo Majadahonda, al que cosió a córners y a centros al área. Pero nadie vio puerta. Nadie encontró el último pase decisivo. Todo fueron fuegos de artificio. Y, cuando la cosa parecía encaminada al 0-0 en el descanso, en la primera llegada clara de los madrileños, Ruibal marcó el 1-0 para penalizar al espeso equipo de Víctor Fernández, que no mejoró sus defectos. Al contrario, los repitió y con mayor profundidad si cabe.

De este modo, la lluviosa y heladora tarde majariega alcanzó el intermedio con un aluvión de dudas sobre los zaragocistas. En un estado de shock evidente porque ese tanto tan dañino había llegado en el minuto 42 y tras infinidad de amagos aragoneses en el área de los locales. No era justo el tanteador, pero el fútbol no sabe de compensaciones equitativas, solo de rentabilidades matemáticas. Ya se sufrió ante el Málaga con heridas lacerantes y, de nuevo, se volvía a repetir episodio ante un rival más modesto que los malacitanos, este Rayo Majadahonda que asomó un tanto timorato, con un 5-3-2 muy conservador, que regaló el balón al Zaragoza mucho más de lo esperado.

Los primeros 20 minutos fueron feos. Llenos de centrocampismo, de pérdidas de balón de unos y otros, de falta de precisión. Solo una colada del luego goleador Ruibal, cuyo disparo se marchó muy cruzado en el minuto 8, y un disparo templado y fofo de Pombo que paró bien Cantero en el 10, fueron las aproximaciones de unos y otros a las zonas de peligro. El partido despertó, a través de una serie de media docena de saques de esquina a favor de los zaragocistas, en torno al minuto 25. En esa fase, el joven Soro pudo adelantar al equipo, pero su cabezazo a centro de Lasure se estrelló en el poste izquierdo con Cantero ya batido. Fue una pena porque todo hubiese tomado un camino bien distinto al posterior.

Después de una nueva depresión en la velocidad del fútbol de ambos equipos, fue Gual el que amenazó al Rayo Majahonda, robándole el balón al portero Cantero en una indecisión, pero sin lograr concluir la acción con remate entre palos por parte de nadie de los tomates (el Zaragoza vistió de rojo en Madrid por coincidencia exacta de colores con los rayistas). Ese despertador, en vez de serle útil al equipo de Fernández, hizo de revulsivo para los locales. Tras una pérdida de Eguaras en la medular, el balón lo recibió Ruibal solo tras los centrales, encaró a Cristian Álvarez, lo regateó y marcó a puerta vacía pese a estar muy escorado. El Zaragoza volvía a meterse en su habitual lío de cada día, por detrás en el marcador en primera instancia como ya es costumbre.

El aragonés Luso Delgado, central local, pudo marcar el segundo tanto en el minuto 44, pero su remate en una contra se marchó raso y cruzado por poco, a la derecha del marco zaragocista. En la última jugada del primer periodo, Soro clonó su remate de cabeza que antes fue al poste y, esta vez, la pelota se le marchó fuera a un palmo del mismo palo. Y llegó el intermedio con caras largas y de decepción. El entrenador majariego, Iriondo, hizo un cambio: quitó al juvenil Guerrero, inédito en punta, y dio entrada a Aitor García, sorprendente suplente esta vez. Víctor Fernández, por su parte, decidió esperar un poco más para mover el árbol.

El Zaragoza necesitaba mucha mejoría. Igbekeme no había existido. Eguaras tampoco. Gual no había recibido juego potable, lo mismo que Pombo. Todo flotaba en un fútbol grumoso, ineficaz, en zonas de nadie. De entrada, esta vez, al contrario que al inicio del choque, fue el Majadahonda el que arrancó el segundo tiempo más enchufado. Pidieron penalti por caída de Isaac en el minuto 48 y lanzaron un par de córners con veneno, algo que no se había visto en absoluto durante la primera mitad. La lluvia arreciaba y el envoltorio, inusual y áspero desde el principio, aún se hizo más arisco para los zaragocistas.

Y justo cuando Víctor Fernández dedició introducir en el campo al ‘9’ Álvaro Vázquez en pos del empate (suplió a un desdibujado y desconocido Pombo), llegó el golpe en el hígado del 2-0 a favor de los de Madrid. Una nueva contra veloz, un pase al hueco sobre el exzaragocista Isaac, un disparo duro de éste que rechazó con apuros Cristian Álvarez y Fede Varela remachó a placer viniendo solo desde atrás. De nuevo todo el Real Zaragoza retratado para mal. Sin chispa, sin perspicacia en los balones divididos, sin retroceso ante los contragolpes locales. Y, con el balón en los pies, ciegos, sin que nadie tuviera claro qué hacer para llevar peligro ante un inédito Cantero. Esto último, pecado mortal para un equipo que vive en tantos apuros en la clasificación como el actual Real Zaragoza.

A falta de 20 minutos, Papunashvili relevó a la desesperada a un cansado Zapater. Intentar al menos el empate, anotar dos goles en tan corto espacio de tiempo y con las trazas que tenía la noche, se antojaba un milagro. Pero, enmedio de la sensación de K.O. que mostró por momentos el cuadro zaragocista tras encajar el segundo tanto, Soro, el mejor atacante del día, se sacó un zurdazo seco nada más pisar el área que superó por alto a Cantero y acortó distancias a falta de 17 minutos. Los tomates apostaron otro día más por la épica. Mal vicio. Y Papunashvili, en el 76, a punto estuvo de lograr el empate en un chut cruzado desde el pico del área, que se le marchó fuera por centímetros. El Zaragoza despertó, tarde, pero al menos dio la cara en el último cuarto de hora.

Y, por fortuna, de entre tanta mácula previa, surgió la inspiración y ese puntito de suerte necesaria para obrar este tipo de remontadas. En el minuto 80, Eguaras se estrenó como goleador en el Real Zaragoza con un tanto de bandera, por la escuadra derecha, en una volea preciosa tras el rechace de la barrera a una falta frontal lanzada mal por él mismo en primera instancia. El 2-2 arreglaba mucho las sensaciones y certezas que se tenían solo 8 minutos antes. Del desastre absoluto (con el 2-0 el Zaragoza perdía hasta el ‘golaverage’ con los majariegos tras el 2-1 de la primera vuelta) se pasó en un plis plas a un paliativo medianamente aceptable en días de máxima necesidad. Y se encaró así la recta final del duelo, con dominio zaragozano y el viento de cola en lo anímico.

Pero ya no hubo más magia en la chistera. Se agotaron los polvos del hada madrina con el bellísimo tanto de Eguaras. El choque se fue hasta su conclusión sin que el marcador pudiera moverse en ningún sentido, con los locales dolidos por haber dejado vivo al Real Zaragoza y con los de Víctor Fernández resoplando de alivio por el trago amargo que evitaron in extremis a base de azar y dos individualidades magníficas en el remate a gol, su gran defecto otra vez, que protagonizaron dos centrocampistas, Soro y Eguaras, sus salvadores puntuales en un día oscuro en lo colectivo.

Al final, Majadahonda y Real Zaragoza siguen igualados en el abismo de la clasificación, con 23 puntos. Eso sí, con el empate final, los zaragocistas ganan el factor ‘golaverage’ a los madrileños.

Ficha Técnica

Rayo Majadahonda: Cantero; Isaac (Andújar, 87), Rafa, Héctor Verdés, Luso Delgado, Benito; Óscar Valentín, Verza; Guerrero (Aitor García, 46), Fede Varela; y Ruibal.

Real Zaragoza: Cristian Álvarez; Benito, Guitián, Álex Muñoz, Lasure; Eguaras, Zapater (Papunashvili, 71), Igbekeme; Soro, Pombo (Álvaro Vázquez, 57); y M. Gual (P. Biel, 86).

Árbitro: Pérez Pallas (Comité Gallego). Amonestó a Luso Delgado (82) y Verza (93).

Goles: 1-0, min. 42: Ruibal. 2-0, min. 62: Fede Varela. 2-1, min. 73: Soro. 2-2, min. 80: Eguaras.

Incidencias: Tarde gélida al noroeste de Madrid, con apenas 2 grados y lluvia, por momentos aguanieve. El césped presentó un aspecto muy irregular, bacheado. En las pequeñas gradas del Cerro del Espino, sobre un aforo de 3.300 butacas, hubo alrededor de 2.500 espectadores, con unos 800 zaragocistas entre ellos.

Etiquetas
Comentarios