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Real Zaragoza

Primera vuelta de 25, 23 o 22 puntos para el Real Zaragoza

El equipo cubrirá el ecuador de la liga este domingo ante el Málaga en La Romareda. Su promedio, sea cual sea el marcador de este duelo, está por debajo del mínimo para la permanencia y requiere de una reacción visible en la segunda vuelta.

Pombo lleva la pelota en un ataque del Real Zaragoza en el último partido, el disputado en Gijón el pasado sábado ante el Sporting, con victoria por 1-2.
Primera vuelta de 25, 23 o 22 puntos para el Real Zaragoza
Arnaldo García

Se acaba la primera vuelta de la liga en Segunda División este domingo, 13 de enero de 2019. El Real Zaragoza cubrirá el ecuador de la competición enfrentándose en La Romareda al Málaga, el único de los 21 rivales restantes de la categoría con el que aún no se ha cruzado en los primeros 5 meses del torneo. Y los aragoneses lo hacen partiendo de la 15ª posición en la tabla, con 22 puntos, respirando aire puro después de lograr dos victorias encadenadas en las dos últimas jornadas (ante Extremadura y Sporting de Gijón) que los han sacado de los puestos de descenso a Segunda B, en donde llegaron a meterse de lleno hace un mes tras una mitad inicial del curso llena de máculas y rendimientos deficientes, que ha derivado en la necesidad de contar hasta con tres entrenadores en este corto espacio temporal: Imanol Idiakez, Lucas Alcaraz y el recién llegado (y bien aterrizado) Víctor Fernández.

Así pues, el Real Zaragoza saldrá de este primer parcial relevante, el del cambio de vuelta en el calendario, bien con 25 puntos -si logra ganar al Málaga-; bien con 23 -si el marcador es de empate-; o bien con los 22 que ostenta actualmente, si los malagueños salieran triunfantes del estadio zaragozano.

En cualquiera de las tres opciones posibles, el equipo zaragocista va a atravesar el 50 por ciento del camino en esta dura liga con un promedio que estará por debajo del mínimo histórico y estadístico que marca la permanencia. Sea cual sea el resultado ante el Málaga, la proyección de puntos no sobrepasará los 50 y requiere, con total seguridad, de una reacción visible en la segunda vuelta que lo aleje del peligro de la parte final de la clasificación a base de mejorar ostensiblemente las rentas obtenidas en el primer tramo liguero.

Los hitos referenciales que van a resultar de este final de la primera vuelta ante el Málaga son cristalinos. En caso de derrota, el Real Zaragoza, con 22 puntos, proyectaría 44 al final del torneo. Una cifra que es sinónimo de resultado fatal en última instancia. Si el marcador ante los malagueños es de empate, los 23 puntos que sumará el equipo zaragocista serán promedio de 46 al término de la liga. Una cantidad que ha solido ser insuficiente para la supervivencia. Y si se genera la mayor rentabilidad posible, el triunfo deseado ante los malaguistas, el cuadro blanquillo se irá al inicio de la segunda vuelta, el próximo fin de semana en Majadahonda, con 25 puntos: media exacta de 50 al término del torneo, allá por junio.

Pero esos 50 puntos, que por ser número redondo suelen subrayarse siempre como el mínimo necesario para obrar la salvación de quienes viven en peligro cada año, tienen hasta 5 trampas loberas en los registros de años pasados con este método de competición, pues hubo 5 equipos que ocuparon posición de descenso a Segunda B con tales réditos tras las 42 jornadas. O sea que, en verdad, son 51 puntos los que aseguran que nadie ha fracasado en la estructura competitiva de la actual segunda.

Estas son las puras matemáticas. Los soportes de la ciencia exacta y tangible, que avisan a todo el zaragocismo de que, suceda lo que suceda ante el Málaga en términos de marcador final (victoria, empate o derrota), es obligado cuajar una segunda vuelta mejor que la primera que va a finar. Si no ganase el Real Zaragoza a los malagueños, cabe añadir un adverbio de cantidad: lo que viene tendrá que ser mucho mejor, sensiblemente mejor, bastante mejor.

Luego, al margen de estas cuestiones numéricas, frías y feas cuando se trata de hablar de déficits, asoman favorablemente las anímicas, las ambientales, las que tocan a la fibra humana del zaragocismo. Y ahí se encuentra el mejor flotador del momento, el que proviene de los dos últimos triunfos seguidos, del positivo retorno de Víctor Fernández al Real Zaragoza, logrando sumar 6 de 6 puntos en sus dos citas primeras en las que, además, se ha visto una evidente mejoría futbolística en un equipo que andaba muerto, catatónico, ido por completo de la vida. Esta burbuja de moral alta, de ilusión entre la afición y el entorno (que llegaron a dudar seriamente de todo hace apenas cuatro semanas), son el motor principal para la esperanza cuando los números, las cifras y los promedios salen todavía negativos a estas alturas avanzadas de la liga.

Y, como valor añadido en positivo, surge también la jurisprudencia que dejó el caminar del Real Zaragoza el año pasado por la misma liga de Segunda. El equipo despistado de la primera vuelta que dirigió Natxo González acabó ese 50 por ciento inicial del curso con solo 24 puntos. Una referencia que advertía de severos problemas de permanencia de no mediar una reacción súbita y continuada en la segunda vuelta. Y todo el mundo tiene fresco aún el recuerdo de lo que sucedió: el Zaragoza se levantó como ave fénix y fue del negro al blanco en cuatro meses de ensueño, hasta acabar 3º en la tabla y jugar la Promoción de ascenso. Seguramente, pretender repetir semejante precedente pueda formar parte de lo imposible, de lo improbable, de lo difícilmente redundante en la vida por aquello de que hay cosas que no suelen pasar dos veces a lo largo de muchos años, décadas o, incluso, siglos. Pero no es eso lo que pide, requiere o ansía ahora el zaragocismo: solamente reclama salir del riesgo cuanto antes, no vivir en el desasosiego constante, disfrutar viendo al equipo y, a partir de ahí, que la clasificación vaya edulcorándose progresivamente hasta que el destino quiera.

Este es el presente con el que Víctor Fernández, en su cabal discurso desde su llegada, ha de lidiar. De momento, todo está saliéndole al dedillo al técnico aragonés. Sus mensajes cargados de sentido común, de claridad de ideas y de estímulos positivos para sus muchachos y todo el entorno del club, tienden a obtener a medio plazo lo que el Real Zaragoza necesita perentoriamente para salir del atolladero... en el que, como sigue recordando Fernández en medio de la euforia propia de los dos últimos éxitos, todavía sigue inmerso el equipo. Tal y como dicen los números.

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