Real Zaragoza
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Lucas Alcaraz y la filosofía del club

El modelo de juego del nuevo entrenador del Real Zaragoza será coherente con la idea y metodología desarrollada por el club. El 4-4-2 en rombo será la base del trabajo táctico, aunque esa figura no lo es todo ni tiene un carácter dogmático

Lucas Alcaraz saluda a Lalo Arantegui en su presentación
Lucas Alcaraz saluda a Lalo Arantegui en su presentación
Guillermo Mestre

“Durante toda mi carrera, he tenido clara una cosa: al final, los equipos dependen de la elección de los jugadores. Aquí, se eligen jugadores para jugar de una manera concreta, futbolistas que manifiestan cómo quiere jugar el Real Zaragoza. Pero, evidentemente, todas las formas tienen matices». Con estas palabras, Lucas Alcaraz introdujo las primeras claves de la que será la propuesta futbolística del Real Zaragoza. Un enfoque profesional coherente con la idea y el proyecto del club. Por eso, como es obvio, ha sido elegido como relevo de Imanol Idiakez: el modelo de juego del entrenador irá así de la mano de la filosofía implantada en el Real Zaragoza.

Desde su llegada en febrero de 2017, la dirección deportiva concentró sus esfuerzos en algo más allá que el diseño de un proyecto de plantilla capaz del asalto a la Primera División. Lalo Arantegui puso también el acento en el desarrollo de una guía de juego, instaurándose así una metodología, una idea táctica y un estilo que fomentasen una cultura de club. Un camino que debería acercar y agilizar el fin último: los resultados, el objetivo del ascenso.

La apuesta por Natxo González -por eso se le contrató- estaba enfocada hacia ese propósito: desarrollar un corpus futbolístico que fortaleciera la identidad del Real Zaragoza y facilitara los procesos del futuro. Desde la elección de los entrenadores, a la captación, selección y adaptación de nuevos futbolistas, pasando por la formación de los jugadores de la cantera. Algo muy común en muchos equipos con proyectos deportivos modernos, como, casos cercanos, el Girona o el Villarreal, dos entidades que se rigen por una filosofía de club bien definida.

De este modo, con las ideas de Natxo, las directrices de la dirección deportiva y el trabajo del departamento de metodología, se elaboró un idioma común para toda la estructura: desde el primer equipo hasta el alevín. Material audiovisual, informes tácticos o herramientas didácticas han servido para homogeneizar y orientar futbolísticamente al Real Zaragoza.

Dicha fórmula se basa en un formato táctico de referencia pero no excluyente ni innegociable: el 4-4-2 con rombo en el centro del campo, con algunas variantes (el 4-3-3 o el 3-5-2). Así, el Zaragoza acabó tercero el curso pasado. Pero el sistema, el rombo, no lo es todo. Eso no deja de ser una estructura orientativa, una ordenación en el campo, un punto de partida desde el que incubar y explotar, en la medida de lo posible, la idea madre: el juego de posición que, por ejemplo, caracterizó al Real Zaragoza de la pasada temporada. El rombo solo es una parte de un todo, no es un dogma, y poner el foco solamente en él no es más que un error de simplificación.

A Imanol Idiakez se le contrató con la intención de que, con sus pinceladas, asumiera ese legado y lo evolucionara, aprovechando la nutrida base de plantilla que permanecía. Idiakez no tenía ni nombre ni currículo, pero sí experiencia y preparación en trabajar en esa fórmula, por eso el Zaragoza lo llamó: el objetivo era fichar un modelo de entrenador, más que un entrenador con una trayectoria y un apellido concretos. El donostiarra, finalmente, no supo adaptarse a eso, aunque inicialmente lo hizo durante su trabajo de verano y las primeras jornadas. Qué pasó después es la línea del relato que explica su despido.

En este contexto, el Zaragoza elige a Lucas Alcaraz como relevo. El técnico, con más de 700 partidos en la pizarra, asegura saber dónde está y cuáles son los puntos de anclaje del equipo. De ahí que, al anunciar su fichaje, Lalo Arantegui dijera que «el estilo no va a cambiar». No fue una advertencia, ni una imposición, sino el anuncio de que el Zaragoza tiene una política deportiva definida por una metodología, unas bases tácticas y una idea de club. «En mi carrera, yo he trabajado con perfiles de plantilla muy distintos. Así que no tendrá problemas. En cada perfil, te intentas adaptar a las fortalezas de esa plantilla. Y las fortaleza de esta plantilla del Zaragoza están bastante claras», indicó Lucas Alcaraz en su presentación, reseñando esas virtudes a potenciar: «El perfil de los futbolistas, al que realmente tenemos que intentar beneficiar, es el perfil de jugadores creativos, de un predominio en la creación de juego interior, con un predominio en la zona ofensiva de los laterales, con delanteros que jueguen en posición centrada y que se muevan al espacio. Creo que debemos llevar el juego a esa situación, que es donde los jugadores se van a sentir cómodos y van a ser más eficaces», remarcó.

De este modo, Lucas Alcaraz no le gira la espalda al rombo, aunque tampoco lo instaurará a martillazos: «El sistema depende de los jugadores que hay en cada momento. Cuando algo está pensado para un sistema en concreto, el punto final, cuando no haya lesionados, será ese. Ahora, transitoriamente habrá que adaptarse a matices porque falta gente. Pero tenemos clara la forma de jugar el equipo. Eso sí, cualquier forma de jugar se puede hacer bien o mal. Nosotros tenemos que hacerla bien». Y, ahí, Lucas Alcaraz pega en la diana: no hay modelos buenos y malos, sino modelos que se ejecutan bien o se ejecutan mal.

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