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Real Zaragoza

¿Bálsamo Tenerife, por tercera vez?

Puede decirse que la reacción del año pasado en la segunda vuelta, con Natxo al borde del K.O., la inició el Zaragoza ganando 1-0 a los canarios. Antes, lo mismo hizo Paco Herrera en 2013.

Pombo, autor del gol, durante el Real Zaragoza-Tenerife de la liga pasada, en enero, que ganaron los aragoneses 1-0.
¿Bálsamo Tenerife, por tercera vez?
Oliver Duch

Llega el Tenerife a La Romareda este domingo, 21 de octubre de 2018, como invitado a un partido frontera para el Real Zaragoza actual. Para su entrenador, Imanol Idiakez; sobre todo, para su área deportiva, para los cimientos de este año crucial del proyecto. Los canarios son, por designio del calendario de la Segunda División, los invitados involuntarios a una noche de máxima tensión y exigencia en el seno zaragocista. Si mojan en el estadio municipal zaragozano (empate o victoria chicharrera), pueden liar un tiberio en tierra zaragozana cuyas llamas y humos verían luego cuando vuelen de regreso a la isla.

Lo curioso de este caso es que no es la primera vez que ocurre este diseño de partido. A los tinerfeñistas esta película les suena (y, por ende, también a los zaragocistas). Es, para ellos, un déjà vu sorprendente. Esto de venir el Tenerife a Zaragoza en mitad de un movimiento sísmico en el interior de la entidad aragonesa es como un mantra para los del Heliodoro Rodríguez. Sucedió en la temporada pasada, sin ir más lejos. Y, en tiempos modernos, también en el primer año del Real Zaragoza en Segunda tras el último descenso, en 2013. Y, ciertamente, al Real Zaragoza esos episodios le sentaron bien. El Tenerife fue sinónimo de bálsamo calmante, de elixir antiinflamatorio de enorme eficacia en las entrañas zaragocistas.

Recordemos. El año pasado, el Tenerife llegó a La Romareda en el primer partido de la segunda vuelta, a mitad de enero. Natxo González, el entrenador entonces del Real Zaragoza, andaba señalado por todo el mundo por los malos pasos que acumulaba el equipo blanquillo en los tres meses previos. El vitoriano había sido indultado del despido en aquellos días, en el reciente parón de Navidad, por sus valedores, Lalo Arantegui y José Mari Barba, con el apoyo vital de Luis Carlos Cuartero, el director general. El Zaragoza venía de sumar 4 partidos seguidos sin ganar: 0-2 ante el Cádiz en casa, 0-0 en Albacete, derrota por 3-2 en Valladolid y empate 1-1 ante uno de los colistas, el Barcelona B, en La Romareda.

Esta mini racha negativa se encuadraba en otra dinámica turbia más amplia: aquel Real Zaragoza dubitabivo solo había ganado 2 de los 14 partidos precedentes (0-1 en Gijón y 3-2 al Rayo Vallecano en La Romareda). La clasificación, antes del Real Zaragoza-CD Tenerife último, decía que los blanquillos ocupaban la 17ª posición, con solo 24 puntos (promedio de posible descenso a Segunda B justo en el ecuador del torneo) y pisaban suelo con dificultad, a solo un partido de distancia de la zona mortal de la tabla, el furgón de los últimos cuatro puestos. Caer o patinar de nuevo ante los insulares hubiese sido ese día una catástrofe para el Zaragoza... y salvó los muebles el bloque aragonés al imponerse, no sin sufrimiento (Borja Iglesias falló un penalti), por 1-0 con un gol de Pombo.

De ahí en adelante fluyeron las cosas de otro modo. Paso a paso, centímetro a centímetro, el equipo se rehizo, el entrenador encontró un leve punto de confort en su labor cotidiana, los marcadores empezaron a salir bien y ya es sabido cómo concluyó el curso: con el Zaragoza tercero y pugnando -fallidamente- al ascenso en la Promoción. Pero, para que esto pudiera tomar forma, aquel bálsamo con el Tenerife fue clave.

Y, en una retrospectiva un poco más larga y con menos relevancia final, otra visita del Tenerife a La Romareda, la de mitad de septiembre de 2013 con el Zaragoza recién despeñado de Primera, también ejerció los mismos efectos en la estabilidad puntual de un equipo, el blanquillo que dirigía Paco Herrera y tutelaba el inefable García Pitarch, que acometió la 5ª jornada de liga sin saber lo que era la victoria. Aquel desorientado plantel que había regresado a Segunda empezó empatando 1-1 en Alicante ante el Hércules. Después igualó 0-0 en La Romareda ante el Mirandés. Prosiguió con una derrota por 1-0 en el Mini Estadi ante el Barça B. Y tropezó de nuevo en la 4ª estación, con una dolorosa derrota en casa por 0-1 ante el Lugo.

Cuando llegó aquel Tenerife a La Romareda, los zaragozanos, con 2 puntos, eran penúltimos, en el puesto 21º, curiosamente con una situación gemela a los canarios, que andaban exactamente igual en la tabla. Fue, por lo tanto, un choque entre famélicos necesitados. Y lo ganó el Real Zaragoza por 3-0, con dos goles de Víctor Rodríguez y uno de Montañés, todos en la segunda parte. Los blanquillos entraron en vida ese día, pues luego ganarían 1-2 en Valdebebas al Castilla, llegarían victorias enlazadas por 2-4 en Mallorca y 2-1 a la Ponferradina... En definitiva, que el Tenerife (curiosamente entrenado por Álvaro Cervera, que hace unas horas estuvo en La Romareda con el Cádiz) fue mano de santo para Paco Herrera y aquel entorno de entonces.

Seguro que Imanol Idiakez cruza los dedos y observa esta singular doble efeméride con un cierto agrado. Lástima que la estadística no salte nunca del papel a la realidad. Eso tocará ganárselo sobre el césped. El Real Zaragoza de hoy en día afronta esta visita de los canarios en el puesto 14º, muy lejos de su aspiración de vivir todo el año en la cabeza, entre los 6 primeros como mínimo. Los aragoneses están a solo 2 puntos de las plazas de descenso, lugar donde habitan precisamente los chicos del Tenerife, que ya han cambiado de entrenador (echaron a Etxebarría y han fichado al veterano Oltra) y acuden a La Romareda con tantos o más apuros que los zaragocistas.

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