Real Zaragoza
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El club confía aún en que Idiakez reconduzca al equipo ante el Tenerife

Una victoria ante los canarios daría la opción al técnico vasco de revivir al Real Zaragoza en las próximas semanas

El corro de la plantilla del Real Zaragoza, habitual en cada inicio de entrenamiento, en la mañana de este miércoles, con Idiakez arengando a sus jugadores.
El corro de la plantilla del Real Zaragoza, habitual en cada inicio de entrenamiento, en la mañana de este miércoles, con Idiakez arengando a sus jugadores.
Guillermo Mestre

Que Imanol Idiakez tiene un ultimátum este domingo ante el Tenerife en La Romareda (20.00) lo sabe él, lo saben los futbolistas del Real Zaragoza, lo sabe todo el mundo. Pero, de igual modo, todos los protagonistas del vestuario son sabedores de que un triunfo ante los canarios, que el regreso a la senda de las victorias, se atendería dentro del club como un punto de reacción de alto valor que garantizaría la continuidad del preparador donostiarra en busca de una estabilidad que se ha perdido con el paso de los últimos seis partidos, los que han dado forma a la crisis del presente.

En el seno de la entidad zaragocista se considera el hecho de cambiar de entrenador tan prematuramente como un problema mayor que se debe evitar en la medida en que sea posible. Aquella filosofía que imperó en el discurso de Lalo Arantegui el año pasado, centrada en la paciencia, la humildad, la ausencia de vísceras en las decisiones y la ejecución de un proyecto a medio y largo plazo sin cambiar de protagonistas principales como el entrenador, se intenta mantener hasta que ya no quede más remedio que optar por otra salida, si es que la mala marcha del equipo no encuentra rápida reparación.

Para que esa tesis siga teniendo vigencia en los despachos zaragocistas, este domingo Idiakez necesita abanderar un triunfo ante los tinerfeños o, de lo contrario, habrá un alto porcentaje de posibilidades de que esté sentenciado esa misma noche. Hace varios días que los ejecutivos del ramo están peinando el mercado de entrenadores por si no llegase la reacción del Real Zaragoza ya mismo y todo se abocara a un despido de Idiakez y a la llegada de un nuevo responsable del equipo. Pero el plan de actuación es apurar al máximo las opciones que se otorgan a Idiakez para que sepa salir del atolladero en el que está sumido el cuadro zaragocista desde hace mes y medio.

Un despido a estas alturas de octubre no es cuestión de gusto dentro del club. En primer lugar, por la inevitable lectura del patinazo que supone y que repercute de lleno en el corazón de quienes lo eligieron con objetivos bien distintos (en el caso de Idiakez, tras la traición de Natxo González, se dijo que era el elegido «incluso para Primera División», en caso de haber ascendido en la Promoción). En segundo lugar, es una maniobra que incide directamente en las arcas de la SAD (nada boyantes, como es requetesabido desde hace años), pues hay que finiquitar al A y fichar al B. Aunque no se refleje en el presupuesto de esta campaña, este tipo de gastos sí restan masa salarial de cara a la que viene. En tercer grado de afección, aparecen irremediablemente las dificultades para engranar una plantilla armada y matizada hace nada, en el reciente verano, con un nuevo gerente futbolístico que, por supuesto, a su llegada es imposible que presente un talante o una idiosincrasia personal y deportiva parecidas a las del que se va.

Y, en una vía paralela a todos estos trastornos, en el cese del entrenador subyace el problema serio que implica hallar uno nuevo que entienda los condicionantes, cauces y modus operandi internos respecto de los jugadores, sus contratos, sus clausulados... que el área deportiva fue dibujando en verano de la mano de Idiakez y que ahora perdería ese engrase para tener que volver a empezar.

Así que, en resumen, hay ultimátum en el aire; se han negociado posibles opciones de sustitutos; pero, a esta hora, el primer deseo es que Idiakez logre taponar la vía de agua que se generó en Almería y que han ido agrandando Lugo, Albacete, Osasuna , Numancia y Cádiz. Y si se puede evitar la fractura, así se hará.

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