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Real Zaragoza

Osasuna y Numancia, en un tramo de 6 días, partidos clave para definir el futuro inmediato del Real Zaragoza

Los aragoneses no han logrado vencer en 5 de los 7 partidos jugados. Han sumado 9 de 21 puntos en disputa, menos de la mitad. Y la clasificación ya refleja esas carencias.

Técnicos y ejecutivos del área deportiva del Real Zaragoza, sobre el césped de la Ciudad Deportiva del Villarreal hace mes y medio, al final de la pretemporada. Jose Mari Barba, secretario técnico (izda. de azul); Imanol Idiakez, el entrenador; Lalo Arantegui, director deportivo (dcha., hablando por teléfono); y, de espaldas, Mario Gibanel, ayudante del técnico.
Técnicos y ejecutivos del área deportiva del Real Zaragoza, sobre el césped de la Ciudad Deportiva del Villarreal hace mes y medio, al final de la pretemporada. Jose Mari Barba, secretario técnico (izda. de azul); Imanol Idiakez, el entrenador; Lalo Arant
Daniel Marzo

El Real Zaragoza se apresta a vivir dos partidos de liga de máxima exigencia en cuanto a rentabilidad de puntos. Serán los próximos, ante el Osasuna en La Romareda y contra el Numancia en Los Pajaritos de Soria. Dos duelos, además, ubicados por la LFP en un espacio corto de días, ambos en la misma semana, la próxima (esta que va a nacer, en realidad, se ha quedado vacía). Serán en lunes y sábado, apenas 6 fechas de separación. Los pamploneses llegarán a Zaragoza el lunes 8 de octubre, cerrando la jornada 8ª de la liga. Los sorianos recibirán al Zaragoza el sábado 13 de octubre, en la primera tanda de choques de la 9ª jornada.

En estos dos partidos, en esos 6 puntos en disputa, el Real Zaragoza descubrirá infinidad de claves sobre su futuro inmediato. El inminente. El que está ya ahí mismo, tras la esquina primera, sin esperar al medio plazo. Todo porque el equipo blanquillo ha torcido negativamente su rumbo en las últimas 3 jornadas, donde solo ha sido capaz de sumar un punto de 9 dirimidos ante Almería, Lugo y Albacete. Una mala dinámica que lo ha sacado del carril del optimismo de los primeros 4 duelos ligueros, donde no conoció la derrota (2 victorias y 2 empates) y se instaló entre los 4 primeros en la tabla de Segunda División con 8 puntos.

A fecha de hoy, las cifras no responden a las expectativas mínimas que existen alrededor del proyecto deportivo del Real Zaragoza 2018-19. Los blanquillos no han logrado vencer, han pinchado por lo tanto, en 5 de los 7 partidos de liga disputados (solo han acabado con éxito dos, ante Majadahonda y Oviedo). El balance de puntos obtenidos es de 9 de 21, menos de la mitad de los puestos en liza. En La Romareda, como locales, únicamente han ganado uno de los tres jugados, patinando ante Las Palmas y Lugo (han dejado de sumar 5 de los 9 puntos posibles en feudo propio).

Son datos irrebatibles y nada loables que, tras los primeros tanteos de la competición, cuando las cosas ya van reposándose poco a poco en la clasificación, comienzan a hacer mella en la visibilidad de los zaragocistas en el escalafón de la división de plata: se hallan instalados en mitad del reparto, a 5 puntos de distancia de los puestos de ascenso directo y... a solo 4 de los de descenso a Segunda B, los cuatro últimos (no se quedaron a solo un partido, 3 puntos, gracias al empate del Elche logrado in extremis en el campo del Extremadura). Es inevitable que, si la suma es tan insuficiente como la evidenciada por el Zaragoza en los últimos 3 partidos, los efectos en el balance son duros y de rápida localización.

Por todo esto es crucial, aunque sea muy pronto en el calendario, lo que pueda hacer el Real Zaragoza ante osasunistas y numantinos en las dos próximas citas. A los protagonistas directos, los del césped y los de los despachos de la Ciudad Deportiva, les urge una reconducción adecuada del bacheado presente. Malo sería alejarse tan pronto de la cabeza de la clasificación. Pero menos explicable podría resultar un despeñamiento a la zona baja de la misma.

A nadie pilla de improviso en los días contemporáneos que este año no hay lugar para excusas ni subterfugios. El objetivo es estar arriba, mantener el diapasón alto todo el curso, estar en disposición de llevar a buen puerto en junio el ansiado y perentorio ascenso a Primera dentro de un programa que Lalo Arantegui y José Mari Barba, los cabezas visibles del área deportiva, iniciaron el curso pasado con un plan a dos años que, obviamente, fina a la conclusión de esta temporada. Ellos utilizaron esta cuestión temporal durante la campaña anterior como escudo protector, cuando las cosas venían torcidas durante la mitad del tiempo de competición. Y la misma tesis fue recordada en la pretemporada en Boltaña por el presidente, Christian Lapetra. Salir de Segunda, en el 6º año seguido fuera de la élite, es una necesidad mayor una vez se ha activado el convenio del concurso de acreedores, detalle que marca un antes y un después en el ritmo cardiaco y vital de la SAD en esta época tan delicada que surgió tras el catastrófico agapitismo, que arruinó la vida del Real Zaragoza hasta casi certificar su muerte como entidad.

El Zaragoza se ha salido de la carretera asfaltada en las tres últimas jornadas. Necesita regresar a la calzada y reiniciar el ritmo correcto de puntos y cotas clasificatorias. Puntos, puntos y puntos. No hay más medicina. Ganar. Adicionar de tres en tres. Si esa reacción no llega de súbito ante Osasuna y Numancia, los efectos secundarios serán aún más patentes, se aproximarán y serán dados al susto general cuando se mire la tabla. Pura matemática, simple observación de experiencias pretéritas. No se descubre nada nuevo. Todo el mundo lo tiene asumido.

Idiakez, el entrenador, no es el problema principal. Es solo parte de las dificultades que se viven en los inicios de la temporada. La plantilla, su morfología, su modo de rendir en los albores del torneo, tampoco es, en puridad, el asunto mollar de la falta de solvencia inicial del Real Zaragoza 2018-19. Ni al técnico (sustituto forzoso del fugado Natxo González, que era la apuesta real e inicial del área deportiva y que salió rana), ni a estos jugadores los ha colocado ahí el Arzobispado, ni la Confederación Hidrográfica del Ebro, ni el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Todos ellos son fruto de decisiones personales, con plenos poderes y demás aderezos contractuales, de los responsables de la dirección deportiva y la secretaría técnica: Arantegui y Barba. No caben, una vez más en el Zaragoza reciente, análisis modelo 'sinécdoque', señalando a una parte como si fuera el todo. En realidad, en las decisiones deportivas del presente hay un todo que, además, circula en cascada de arriba a abajo. Y las cascadas, nacen arriba del todo. No a mitad de caidero.

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