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Real Zaragoza

Obligación en Albacete: evitar repetir por 3ª vez en 6 años un triplete de derrotas seguidas

Desde 2013, solo los equipos de Herrera y Agné pasaron por el bache de perder tres jornadas en cadena y hacer un parcial de 0 de 9, riesgo con el que jugarán los de Idiakez en el Belmonte.

Los jugadores del Real Zaragoza, en un ejercicio del entrenamiento de este jueves, antes de partir hacia Albacete.
Obligación en Albacete: evitar repetir por 3ª vez en 6 años un triplete de derrotas seguidas
Guillermo Mestre

Delicada situación puntual la que afronta el Real Zaragoza este viernes en Albacete con motivo de venir de dos partidos seguidos saldados con derrotas: 2-1 en Almería y 0-2 en Lugo en las jornadas precedentes. Estos dos eslabones torcidos en la trayectoria de un aspirante a vivir en la cabeza de la tabla como es el cuadro zaragocista dejan, obviamente, la puerta abierta a un tercero. Tal circunstancia se daría si en el estadio Carlos Belmonte los de Idiakez fuesen incapaces de reaccionar y sumar de nuevo, rompiendo así los indicios de un bache severo en el segundo mes de competición.

Este es el reto de los zaragocistas en Albacete: sobre todo, no perder. Porque, hacerlo, significará establecer un socavón de tres partidos concatenados sin obtener un solo punto, una racha de 0 de 9 que nunca es buena credencial para los protagonistas que la firman. Y, en el historial reciente del Real Zaragoza en Segunda División, donde disputa su 6ª temporada seguida en la categoría de plata, algo que no ha sido común pese a que, en muchos momentos, en infinidad de fases concretas de las temporadas, las dudas y los borrones han sido moneda de uso cotidiano en el entorno blanquillo.

De hecho, lo de perder 3 jornadas seguidas, solo le ha ocurrido al Zaragoza en este tiempo, desde su descenso en 2013, dos veces. Una, nada más pisar la Segunda, con Paco Herrera en la liga 13-14. Y la otra, en la peor campaña hasta hoy, la de hace dos cursos, en la que se rozó el despeñamiento a Segunda B, la 16-17, en el tramo central de la misma cuando el titular del banquillo era Raúl Agné. Nunca más ha sucedido por lo que, de darse en Albacete este tercer yerro hilvanado, el equipo actual se atascaría en un barro que no forma parte de los hábitos de la entidad en estos tiempos de vacas flacas.

El episodio de Herrera tuvo lugar en noviembre de 2013. El Real Zaragoza perdió el día 2 en Eibar por 3-2; prosiguió con un batacazo en La Romareda ante el Numancia por 1-2 el día 9; y culminó su tríptico negro en Jaén, donde cayó con estrépito por 3-0.

El de Agné se dio en el trecho que unió el final de la primera vuelta y el inicio de la segunda. O sea, en enero de 2017, hace nada. El Zaragoza cayó 0-2 ante el Girona en La Romareda el día 8; cedió por 1-0 en Tenerife el día 14; e inició el calendario de nuevas en Murcia, ante el UCAM, doblando la rodilla en la vieja Condomina por 1-0 el día 21 de aquel mes.

En el primer caso, el de Paco Herrera, las consecuencias fueron históricamente jocosas, un caso de esos que es un lujo haberlo podido vivir in situ. A la conclusión del 3-0 en el campo de La Victoria de Jaén, Jesús García Pitarch, el director general de aquel engendro de temporada, salió pitando en su deportivo, ofuscado, sin querer ver a nadie. Allí se quedó, a las puertas de los vestuarios, circunspecto, su mano derecha, el director deportivo Moisés García León, que entre llamada de telefóno y llamada de teléfono, atendió brevemente al enviado especial de HERALDO. Paco Herrera corría serio peligro de ser destituido allí mismo. De hecho, en el viaje de vuelta en AVE desde Córdoba del día siguiente, se supo de la llamada de Pitarch a su paisano, el alicantino Pepe Bordalás, para que agarrase el coche y se personara en Zaragoza de inmediato para hacerse cargo del equipo. Pero Agapito Iglesias, en plena fase de defensa a la desesperada de 'su' Zaragoza intervenido en cierto modo por la LFP a través del ejecutivo valenciano para hacerlo saltar como fuese lejos del club, puso a Pitarch en una encrucijada: si deseaba echar a Herrera, el sustituto debía ser Emilio Larraz, entonces en su primera etapa como entrenador del filial. Nunca Bordalás. Este pulso de Agapito a Pitarch diluyó en 48 horas la destitución de Paco Herrera, que continuaría adelante a trancas y barrancas hasta marzo (incluso colocó al equipo 3º al inicio de la segunda vuelta, antes de que Pitarch le dinamitara el vestuario hasta acabar con él y poder traer a Víctor Muñoz para concluir aquel terrible año). Bordalás no llegó a terminar el viaje a Zaragoza.

De hecho, tras aquella movida semana pos Jaén, el equipo hizo piña con el entrenador y respondió con 3 victorias seguidas: 1-0 al Girona; 0-1 en Las Palmas; y 2-1 al Córdoba. Muy al estilo de aquí últimamente, se pasó del infierno al cielo en 20 días. Zaragoza en estado puro.

En el caso de Agné, la ruptura de la mala racha de las 3 derrotas seguidas no fue tan agradable ni tan anecdótico en sus contenidos. La salvó como pudo un equipo que caminaba hacia el desastre paso a paso, empatando 1-1 en La Romareda ante el Lugo. Después, vendría el triunfo 2-3 en Huesca, el día del aguacero; pero fue flor de un día porque el Levante se llevó el triunfo después, 0-1 en La Romareda; como después repetiría el Nástic de Tarragona por 1-2... y acabó llegando enseguida Láinez a la desesperada.

Ahora, Idiakez y sus muchachos llegan a Albacete con el peligro de repetir por 3ª vez en las 6 temporadas en Segunda del Real Zaragoza un bache de 3 derrotas enlazadas. Un mal paso que deben evitar como sea, con uñas y dientes, pues los efectos secundarios no son nunca predecibles en patologías así. El año pasado, con Natxo González al frente del vestuario, el Zaragoza solo estuvo en un pasaje así de peligroso una vez, precisamente por estas fechas: en la 4ª jornada, el 10 de septiembre, el Alcorcón ganó 0-1 en La Romareda; y en la 5ª, el Zaragoza perdió 2-1 en Lugo el día 15 de este mismo mes. No hubo tercer fiasco... por los pelos, pues el siguiente eslabón fue un empate, 1-1, en el estadio zaragocista ante el Nástic de Tarragona. Pero al menos se evitó agrandar el boquete de partidos sin puntuar. Ya no habría en todo el curso dos derrotas seguidas.

Aquí anda el actual equipo, metido en faena ante este difícil viaje a Albacete, pues los locales reciben al Real Zaragoza ubicados en la 3ª posición en la tabla, tras los cocos Málaga y Las Palmas. Los manchegos tienen 12 puntos, 4 más que los zaragocistas, para los que, por todos estos motivos, lo del Belmonte es un partido bisagra de mucha importancia. Tanto futbolística como anímica. Tanto de régimén interno, como de efectos exteriores. Parece todo bastante claro e indiscutible. Dentro de los parámetros de la tesis de Boskov: "Fútbol es fútbol; y gol es gol". Sin más.

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