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Real Zaragoza
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El imparable Jorge Pombo

El canterano, que está deslumbrando en el arranque, comenzó a trabajar en junio para llegar en plenitud.

Maikel Mesa, de Las Palmas, trata de frenar infructuosamente a Jorge Pombo.
Maikel Mesa, de Las Palmas, trata de frenar infructuosamente a Jorge Pombo.
Daniel Marzo

Jorge Pombo ha arrancado la temporada con una fuerza descomunal. La imagen de superioridad física y técnica que proyectó en el encuentro del pasado sábado frente al Las Palmas, impactó al zaragocismo y no pasó desapercibido para el resto. El propio entrenador del conjunto canario, Manolo Jiménez, glosó en la sala de prensa las cualidades del futbolista. "Es muy inteligente. Sabe moverse entre líneas y es muy difícil de marcar. Ha sacado de sitio a nuestros defensas constantemente", reconocía el técnico andaluz.

Unos elogios totalmente fundados y merecidos tras la exhibición del atacante zaragocista. Cuando el juego pasaba por los pies del ‘8’ blanquillo, la sensación de peligro se disparaba en el área amarilla. El tanto de Álvaro Vázquez, que adelantaba al cuadro local, nació de una incursión de Pombo que sorteó rivales a golpe de velocidad y de regates, para culminar con un derechazo que reventó el palo de la portería defendida por Raúl Fernández, para caer a merced de Vázquez, que disfrutó de su bautismo goleador como zaragocista el día que debutaba en La Romareda. Corría el minuto 27. Siete minutos después, Pombo conectó con el interior un disparo desde fuera del área, que fue repelido por el cancerbero en dirección a un Marc Gual que no supo convertir en oro tan franca ocasión.

Más allá de estas acciones puntuales, debe ensalzarse su actividad frenética y efectiva por todo el frente de ataque, por la banda derecha y por la izquierda, incrustado por detrás de Marc Gual y de Álvaro Vázquez, trazando diagonales diabólicas o aguantando el balón de espaldas. A sus 24 años, el canterano parece estar abrazando la madurez futbolística que tanto se le exigía.

Preparado a conciencia

Jorge Pombo es consciente de que la actual es una temporada decisiva tanto para el club como para él mismo. Y no ha escatimado esfuerzos para contribuir a la causa desde el primer momento.

El pasado 20 de junio, tan solo 11 días después de que el Numancia dinamitara las esperanzas en el ‘play off’ de ascenso y tres semanas antes de que el Real Zaragoza iniciara su pretemporada, comenzó a trabajar con el objetivo de fortalecerse y comparecer en las mejores condiciones posibles a la disciplina zaragocista.

Cada mañana acudió a las instalaciones del gimnasio White Gym bajo las órdenes del entrenador personal Juan Quílez. "Hicimos lo que llamamos una ‘prepretemporada’ encaminada a mejorar su potencia y el tren inferior. Trabajamos el core (zona abdominal y lumbar). Durante hora y media diaria hacíamos sentadillas, pesos muertos, saltos múltiples, extensores de caderas, esprints, ejercicios monopodales... La determinación y el esmero de Jorge fue espectacular. Sabe que, sin esfuerzo ni sacrificio, no hay premio", explica Quílez.

El sudor y el sacrificio están dando los frutos apetecidos. La voracidad de Pombo se ha plasmado con hechos. Suyo fue el golazo frente al Levante en el Trofeo Carlos Lapetra. Suyo fue también el tanto que abrió el triunfo frente al Rayo Majadahonda. Y suyo fue casi todo lo bueno que aconteció frente al Las Palmas.

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