Real Zaragoza

¿Cuándo se manifestó con gravedad la pubalgia de Eguaras y Guti?

Ambos centrocampistas del Real Zaragoza, de baja prolongada, sintieron el dolor definitorio el 20 de mayo ante el Albacete.

Dos imágenes del momento en el que Eguaras sintió la gravedad de su dolencia de pubis, en el Real Zaragoza-Albacete del 20 de mayo en La Romareda. El entrenador Natxo González (izda.) se echa mano a la ingle preguntándole en la distancia al jugador si es
Daniel Marzo

Eguaras y Raúl Guti son la parte más preocupante del verano zaragocista dentro del aluvión de lesiones diversas que han afectado a piezas claves de la plantilla desde el inicio de la pretemporada. Sus casos son gemelos: sufren pubalgia, un dolor inguinal, ventral, con irradiaciones a toda la zona afectada, que surge ante cualquier esfuerzo e, incluso, se siente por momentos de manera crónica incluso en situación sedente, de quietud. 

Las dolencias de Zapater, Papunashvili, Lasure, Toquero... tienen una raíz muscular, articular, de diagnóstico y plan de rehabilitación más matemático, dentro de lo que la medicina permite semejantes apriorismos, que nunca son ciencia exacta. Pero lo de Eguaras y Guti es más etéreo, de imposible medida ni previsión.

Se sabe que Zapater y Papunashvili se desgarraron los músculos de sus respectivos muslos en el entrenamiento matinal del día 14 de este mes de julio. Que a Lasure le pasó lo mismo el lunes 16, ya en Boltaña, en la primera sesión preparatoria en el Pirineo. Que lo de Toquero es una reverberación de lo que lo tuvo parado varios meses a mitad de la campaña pasada y que se manifestó de nuevo justó al concluir el último partido ante el Numancia, el 9 de junio. Todo tiene, en sus casos, una causa-efecto, un punto neurálgico de partida.

Pero los casos de Eguaras y Guti, esa maldita pubalgia, posee un componente de indefinición que dificulta todo cuanto rodea al paciente. Ambos llevan, en realidad, más de dos meses lesionados. Y, rebobinando la cinta de sus vivencias en el equipo, se puede datar el origen grave del problema en un mismo partido para los dos: aquel Real Zaragoza-Albacete disputado en La Romareda el 20 de mayo y que concluyó con la goleada por 4-1 a favor de los aragoneses. Era la antepenúltima jornada de la liga regular, la 40ª.

Guti, que venía arrastrando molestias de diferente tenor desde semanas antes, jugó esa tarde su último partido, sus últimos minutos del curso. Completó los 90, pero su pubis hizo 'crack' y ya no volvería a poder ejercitarse ni un solo rato en ningún entrenamiento posterior. Paró en seco por ver si el reposo era balsámico, pero ya no pudo volver a arrancar. Fue convocado ante el Valladolid, el día siguiente, pero en una lista de 19... de la que se caería irremisiblemente. Ahí acabó su temporada para pasar directamente al dique seco y empezar a calibrar cuándo y cómo recuperarse para llegar a la actual pretemporada de la mejor manera posible. Se perdió, por lo tanto, los dos últimos duelos del torneo regular y la promoción ante el Numancia, cuatro choques que vio desde la grada.

Eguaras, por su parte, también renqueante hacía un tiempo en la zona púbica, notó cómo ese día ante el Albacete, con el paso de los minutos, su dolor alcanzó el umbral de lo difícilmente tolerable para un deportista. Esa tarde en La Romareda, el navarro encendió las alarmas. Se quejó varias veces al banquillo de que le dolía. Al poco de iniciarse la segunda parte, avisó al entrenador, Natxo González, de que no podía correr bien, de que le hacía daño al golpear el balón. Las fotos que acompañan esta información recogen la esencia de ese día: Natxo, en la distancia, se pone la mano en la ingle para preguntar a Eguaras si es ahí donde le molesta. Pocos minutos después, aprovechando un cambio del Albacete, Eguaras se acerca al banquillo y pide ser sustituido porque no puede más. En el minuto 63, en un cambio que a bote pronto no se entendió, Javi Ros lo relevó.

Así como Guti no pudo más tras el encuentro ante los albaceteños, Eguaras todavía intentó seguir pensando en la promoción y el ascenso. Una semana después, en la 41ª y penúltima jornada ante el Valladolid, el medio centro volvió a ser titular. Su rendimiento se apreciaba mermado desde varios partidos atrás, no era el jugador notable o sobresaliente de sus meses mejores. Y ante los pucelanos, solo jugó 61 minutos... porque fue expulsado con roja directa por llegar tarde a un corte de balón en medio campo y llevarse a un adversario por delante. Era, en el fondo, una secuela de lo que le ocurría.

Llegó el partido de Barcelona, ante el filial culé, donde además de jugar con los suplentes, Natxo tampoco pudo contar con Eguaras por la correspondiente sanción. Fueron días de puesta a punto minuciosa pensando en la fase de ascenso a Primera. El centrocampista navarro acometió la eliminatoria ante el Numancia bajo mínimos, pero todo el mundo, incluido él, decidió que iba a jugar. Lo hizo en Soria y, tres días después, en Zaragoza. Los 90 minutos en cada caso. Y hasta ahí llegó. Como ya está escrito en este mismo lugar, de haber pasado el Real Zaragoza a la final del 'play off' la noticia de las horas siguientes hubiese sido que Eguaras no la iba a disputar. Su pubis ya no se lo permitía.

Este es el origen del doble problema que ahora, en el salto de julio a agosto, tiene al Real Zaragoza en vilo con su centro del campo. Las pubalgias pueden remitir en un par de meses... alargarse a seis u ocho... o acabar en el quirófano. ¿En qué grupo de pacientes están Eguaras y Guti? Todavía no hay respuesta, pero parece que en el primero de ellos ya no.

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