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Real Zaragoza

El segundo año de un proyecto a dos años: exigencia máxima

Tras la difícil temporada pasada del Real Zaragoza que, en la reacción final, acabó rozando el éxito, la dirección deportiva afronta un curso crucial para su plan estratégico.

Imanol Idiakez, nuevo entrenador del Real Zaragoza, este domingo a la llegada del equipo a la concentración de Boltaña (Huesca).
Imanol Idiakez, nuevo entrenador del Real Zaragoza, este domingo a la llegada del equipo a la concentración de Boltaña (Huesca).
Tino Gil/Real Zaragoza

Está dando sus primeros pasos el segundo año de un proyecto a dos años en el Real Zaragoza. Un capítulo segundo en el plan estratégico de los responsables del área deportiva, Lalo Arantegui y José Mari Barbaque arrancaron su delicado trabajo el curso pasado con una remodelación casi integral del vestuario y del cuerpo técnico. El objetivo buscado era armar un bloque que, a medio plazo, diera estabilidad y solvencia al equipo a través del conocimiento mutuo de un vestuario que venía viciado de años atrás por su volubilidad y falta de constancia en los protagonistas que por él pasaban fugaz e inútilmente.

El hecho en sí de ser el segundo en un calendario de dos años ya indica la relevancia del mismo. Este es un año crucial, de máxima exigencia. La primera temporada, la pasada, dibujó una traza complicada, llena de dificultades en los primeros cinco meses, que se capearon y justificaron por el coherente hecho de que aquello era una obra totalmente nueva que necesitaba tiempo de cocción. Hubo dudas hasta más allá de diciembre, tembló el suelo incluso a principios de febrero, pero la dirección deportiva, tutelada siempre por la dirección general que ostenta Luis Carlos Cuartero como nexo de unión con la propiedad, se aferró a la tesis "este es un proyecto a dos años", que esgrimieron sus mentores en los días más dubitativos del grupo y del entorno, para acabar el año con una reacción soberbia, excelente en resultados, que llevó al equipo a lo alto de la tabla, a acabar 3º la liga regular y a jugar la promoción de ascenso tras una segunda vuelta brillante.

El devenir de los acontecimientos, por lo tanto, concluyó en junio otorgando bonus positivos a la filosofía de Lalo y Barba, de Cuartero, del club. El Real Zaragoza falló in extremis, en la promoción ante el Numancia, pero dejó el caldo de cultivo fértil en su base social para creer que este año venidero, el segundo del proyecto a dos años, va a desarrollarse bajo el impulso que faltó en la dificultosa primera parte (la primera temporada) del referido plan logístico para alcanzar el ascenso a Primera División, requisito básico para que la SAD tenga vida dentro de poco tiempo una vez puesto en marcha el convenio de pago del concurso de acreedores heredado del nocivo agapitismo en 2014.

Este año ya no ha habido revolución general en la caseta. El diseño de Lalo y Barba sigue su curso, con la permanencia de buen número de los futbolistas que se estrenaron en el Zaragoza hace 12 meses. Los cambios ya no serán, como en el último lustro, a discreción, en auténticas marabuntas de nuevos fichajes y de salidas del equipo, generalmente onerosas. Ese paso también está dado.

Lo que viene a partir de ahí es lo fundamental. La reestructuración selectiva de la plantilla, con menos fichajes pero muy concretos. Con un elemento extraordinario no contemplado en el boceto inicial, como ha sido el relevo en el banquillo tras el fiasco de Natxo González y su marcha al Deportivo de La Coruña en tiempo y forma intempestivos, que ha obligado a mutar una pieza clave en la estructura futbolística, el entrenador (Idiakez es el nuevo en la plaza).

Y todo ello sabiendo todo el mundo que éste es el segundo año de un proyecto a dos años. Algo que no requiere demasiadas explicaciones anejas. El punto de partida del primer episodio está ahí mismo, con sus pros y sus contras ya evaluados. Ahora, en Boltaña y durante los próximos 32 días de verano hasta que la liga 2018-19 comience y agosto cierre el mercado estival de fichajes, el área deportiva tiene que afinar al máximo para que todo discurra por donde debe según el guión previsto.

Si la reconstrucción casi total de la plantilla era el año pasado una labor de orfebrería para Lalo y Barba, la recomposición selectiva de la actual 12 meses más tarde tiene igual o mayor valor por tratarse de un segundo año cargado de exigencia per se.

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