Real Zaragoza
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La Romareda juega y gana

Hasta el entrenador del Valladolid citó a la afición como factor determinante

Verdasca celebra la señalización de un penalti.
Verdasca celebra la señalización de un penalti.
Guillermo Mestre

Hubo un tiempo en que nos creíamos invulnerables. Tantos y tantos años en Primera... El Zaragoza era ese equipo bonito que aparecía cada década para enseñar cómo se jugaba de verdad a esto del fútbol, con equipos magníficos como los ídem, los Zaraguayos, el Cachirulo Mecánico de Beenhakker o la Quinta de París. En los años buenos lo bordábamos, y en los malos nos salvábamos con la gorra. La Romareda exigía porque había visto danzar sobre su verde tapiz a peloteros de flipar. No hace falta enumerar, están en la mente de todos, pues forman parte de nuestro patrimonio sentimental. Probablemente influenciada por el fútbol brillantísimo con que fue educada por Los Magníficos, La Romareda solo defendía ese juego, independientemente del resultado. Aunque llegara a la última jornada con opciones al título de Liga, el fútbol práctico de Chechu Rojo no molaba. Por eso llegó a pitarle al Toro Acuña antes de lanzar un penalti contra el Villarreal precisamente en tiempos de Chechu Rojo. Este insólito hecho, pitar a tu propio equipo, ir contra tus propios intereses, definió un tiempo, el tiempo en que creíamos que jamás descenderíamos. Pero descendimos. Hasta dos veces bajamos para subir a Primera  a la primera. Luego volvimos a bajar y ya llevamos cinco años en Segunda.

Ahora todo es diferente. Este lustro y las miserias anteriores nos han cambiado. La Romareda ya no exige (y ayuda a crecer) a futbolistas que encontraron en este campo su trampolín. En Segunda, con un equipo edificado con el decimocuarto límite salarial, La Romareda se ha convertido en una madre buena que solo da cariño, cobijo a un Zaragoza sometido a las estrecheces de Segunda. Pero además, en este ejercicio de puro amor, La Romareda ha pasado a jugar. Y a ganar. Así ganó al Valladolid. Así ha ganado el Zaragoza 10 de los últimos 11 encuentros como local. Todo eso hemos cambiado. Todo eso hemos ayudado a cambiar a nuestro Real Zaragoza.

El partido lo juega el equipo del león rampante mucho antes de que el árbitro señale su inicio. Los aficionados lo están esperando para llevarlo en volandas antes incluso de introducirse en el estadio. Ovacionado desde que sale a calentar, también cuando su alineación es cantada por la grada. Este domingo eran 22.740 espectadores, pero los decibelios parecían muchos más. Después, un abrazo permanente a su equipo, la exclamación precisa contra el abuso arbitral (si lo hubiere, como con la sobrada en la roja a Eguaras), el respaldo total hacia lo propio. Así se gana, para luego permanecer una vez concluido el partido cantando y volviendo a cantar el himno. Así también se gana, así se gana de verdad.

Y no lo vimos solo nosotros. También se percató de ello Sergio González, entrenador del Valladolid y sufridor del jugador número 12 del Zaragoza este domingo. «Hemos jugado ante un rival fuerte en su casa, con todo el ambiente que había. Hoy el ambiente ha ayudado mucho al Zaragoza. Es de alabar esta afición, que los ha llevado en volandas. Cómo ha apretado a los árbitros, cómo ha apretado en situaciones límite. En las jugadas difíciles, ellos han hecho que el árbitro tomara la decisión. Hay que felicitarles (a los aficionados), también felicitar al Zaragoza. Si están ahí, es por algo», reiteró, para luego volver a insistir. «Tengo que felicitar a la afición del Zaragoza porque hoy ha sido muy importante para el resultado final. Sabíamos que aquí la afición está volcada este año. Todo es fútbol y en ese aspecto el Zaragoza, fuera de lo que es el fútbol, nos ha ganado, porque en el partido hemos estado igualados», concluyó el exfutbolista del Espanyol y Deportivo.

Lo dicho, La Romareda jugó. Y ganó...

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