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Real Zaragoza

Ver el partido en la grada, en la tele, desde el banquillo... distintas perspectivas

Natxo González, el entrenador del Real Zaragoza, no vio desde la banda en Cádiz que su equipo se fuera del partido en ningún momento. El prisma de visión es diferente según la ubicación.

Actualizada 15/05/2018 a las 13:57
Natxo González, con el serio rostro con el que compareció en la sala de prensa de Cádiz en la noche del lunes.José Aniés

Punto de partida: ante cualquier análisis cabal que quiera y pueda hacerse del partido Cádiz-Real Zaragoza de la noche del lunes, parece erróneo no contemplar como inicio el hecho, objetivamente admitido por mayoría abrumadora, de que el equipo aragonés hizo un mal partido de fútbol que afectó a todas las facetas de su fútbol. O sea, que ni defendió bien, ni atacó bien, ni combinó bien, ni tuvo capacidad de reacción ante el acoso del rival durante muchas fases del duelo (abrumador, brutal por momentos), ni modificó para bien sus defectos del primer tiempo cuando dio inicio el segundo, ni esta vez las sustituciones fueron movimientos útiles de reactivación... la lista de máculas puede seguir ampliándose sin temor a la exageración o a esa pecaminosa postura de poder caer en el exceso de celo en la exigencia a este Real Zaragoza de mayo de 2018 que, es eso, el Zaragoza de 2018 y no otro.

Es decir, pies en el suelo. Tocando tierra. Sabiendo dónde estamos, de dónde venimos, quiénes somos y hacia dónde queremos ir. Nada más. A Noé no le va a enseñar nadie nada nuevo sobre el agua. Es viejo en el lugar y las ha vivido de todos los colores, en sequías y diluvios, con años de secano, otros de riego a fila, algunos otros por aspersión e, incluso, por goteo. El arca la matriculó él hace mucho tiempo. Y ahí sigue Noé y su arca, viendo llover y escampar, según toca, porque eso, como el fútbol, también es cíclico. Y sumando a la lista inacabable de pasajeros todo tipo de especies, de biotipos, de variedades animales de aquí, allá y acuyá. 

Y llega el vistazo al microscopio del partido del Real Zaragoza en Cádiz. Un mal día de los de Natxo González. Peor incluso que en Vallecas hace 25 días, o que la segunda parte de Reus hace nada. No funciona bien el equipo fuera de La Romareda en el último mes. Parece, en principio, asunto poco discutible. No solo por los resultados (dos derrotas y un empate, un punto de nueve sumados), sino, sobre todo, por los déficits de juego que han asomado y que contrastan para mal sobre la racha anterior, la de los triunfos en cadena como visitantes en Tarragona, Soria, Pamplona o León. Ese repunte a domicilio se ha cortado de cuajo.

Y, cuando llega la hora de la verdad, cuando solo faltan tres partidos para que la liga acabe, cuando en la disputa de los últimos 9 puntos del torneo se va a definir la clasificación, o no, para jugar la promoción a Primera División, los matices en la analítica suben de nivel en su importancia. La crítica interna y la capacidad de soportarla si llega de fuera ya no es moneda tan común como en noviembre, o en febrero, o en marzo. Ahora, con los exámenes finales encima y sin cintura para rectificar borrones, a los protagonistas les cuesta asumir yerros y tienden a atenuarlos. Se guiña el ojo pidiendo complicidad, el último apoyo, el empujón definitivo desde todos los alrededores para poder obrar el fin supremo que es crucial para el común. Y, respecto de evaluaciones puntuales de partidos deficientemente afrontados, mejor darse mus. 

En Cádiz, al poco de concluir el partido en el estadio Carranza, Natxo abrió la ronda de declaraciones. Y una de las preguntas, obligada ante lo acontecido en el mítico campo cadista, fue la siguiente: "¿Dónde radicaron los errores principales para que el Real Zaragoza, desde tan pronto, no se metiera en el partido y ya no volviera a engancharse?" 

Se aludía al tempranero gol inicial de los gaditanos, marcado por Barral en el minuto 6, que desató una oleada de acoso sobre la portería zaragocista que duró, ininterrumpidamente, hasta el 30. Y a la segunda parte en la que, lejos de reaccionar como pedía la derrota instaurada en el marcador desde tan temprano punto en el reloj, el Zaragoza no logró engancharse a la vida ofensivamente y, más aún, encajó un segundo gol y se quedó con un hombre menos por la expulsión de Delmás a falta de 25 minutos, tirando los trastos con bastante antelación.

Natxo González no recibió bien el trasteo oral. "No. Del partido no nos hemos ido en ningún momento. No sé qué significa eso de ‘irnos del partido’", respondió con seriedad el vasco.

Y subrayó los 5 minutos iniciales del choque, en los que el Zaragoza ofreció un brevísimo espejismo de buen hacer justo hasta que el Cádiz puso el 1-0 sin romper a sudar y todo se fue por la barranquera. Lo único potable en la inmensidad del océano, irrelevante por escaso e inútil ahí, en el mismo comienzo del partido. “Hemos entrado bien. Incluso el primer tiro ha sido de Gaizka (Toquero), en una buena acción. Luego, en el gol nos han pillado. Sabíamos que iba a haber momentos en los que ellos iban a apretar, lógicamente. Todo eso te genera opciones a balón parado, donde ellos son un equipo fuerte. Nos han pillado en un desajuste, creo a falta de verlo y confirmarlo, en un pasillo interior entre el costado derecho de nuestra defensa… y ellos han sido eficaces”, puntualizó Natxo ante la incomodidad de tener que hablar de los defectos de su equipo y su planteamiento.

“Lo hemos intentado. Lo hemos intentado tratando de llevar el balón de un costado a otro, pero sabiendo que íbamos a encontrar pocos espacios. Tienes que estar muy exquisito, muy preciso para ese pase final y tener así la ocasión final”, remató su periférica respuesta.

En definitiva, no tocó lo sustancial de la pregunta. No hubo explicación relativa a dónde radicaron los principales defectos del equipo zaragocista para no estar a la altura que lo de Cádiz requería en un partido de gran relevancia en la clasificación. 

Y, por supuesto, se demostró, como ocurre desde tiempos de Noé y el arca, un mismo partido de fútbol es posible verlo de maneras y perspectivas bien distintas según uno esté en la grada, delante de la televisión o en el banquillo, en la banda del estadio. Miles de versiones distintas y un solo partido verdadero. Además, el que se ve in situ, 'on line', en vivo. Sin el tamiz ultraprofesionalizado que supone últimamente en el mundillo del fútbol profesional la edición en vídeo de cada pasaje concreto, lo que permite sacarle pelos a una calavera para mover la lupa hacia el ángulo visual que más quiere destacarse a posteriori. 

A Noé, un día, Víctor Muñoz fue a hablarle de agua. Intentó explicarle cómo su planteamiento en la final de Copa que perdió 4-1 ante el Espanyol en el Bernabéu en 2006 estuvo perfectamente planteada desde el prisma táctico y, si algo falló, fueron determinados jugadores a título individual. Por eso, a Noé nada le pilla de sorpresa. Porque sabe que, por más que se pudieran llegar a empeñar algunos científicos, los pájaros no maman y los peces no usan gafas de bucear. 

Analizar un mal partido en Cádiz, una mala praxis en los últimos tres partidos fuera de La Romareda, no debe presentar contraindicaciones para tener presente, por encima de todo, que el Real Zaragoza sigue siendo 5º clasificado pese a ello, permanece en la zona de promoción a falta de 3 jornadas y, como también indicó Natxo en Cádiz, depende de sí mismo para alcanzar el objetivo positivo. Todo ello es compatible. Tendría que ser incluso lo natural. Al menos, periodísticamente, parece lo razonable. 

 

 

 

 





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