Real Zaragoza

Buff, la navaja suiza

Así se fraguó el fichaje del centrocampista helvético por el Real Zaragoza la pasada primavera. Ahora, despunta gracias a sus últimos pases y su fútbol fino y clarividente

Buff, en un entrenamiento del Real Zaragoza
Buff, en un entrenamiento del Real Zaragoza
Aránzazu Navarro

De Suiza y los suizos, lo intentó decir casi todo Harry Lime, personaje con rostro de Orson Welles, en el épico diálogo en la escena de la noria de ‘El Tercer Hombre’: «En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y ¿qué tenemos? El reloj de cuco». Sin embargo, los suizos también tienen, entre otros muchos futbolistas de talento, a Oliver Buff. Al centrocampista del Real Zaragoza que en el último mes de la temporada ha resurgido con un manual de fútbol exquisito, dulce y elegante: últimos pases, taconazos entre líneas, goles de falta y una clarividencia y finura en la cabeza del rombo que ha suscitado cuestiones como de dónde ha salido este jugador y qué hace en un lugar inhóspito como la Segunda División.

Oliver Buff está en el Zaragoza, fundamentalmente, porque él lo decidió así. Uno de sus retos profesionales era jugar en España y no le importó la categoría ni el dinero a la hora de dar el paso más importante de su carrera. Acababa contrato en junio pasado en el FC Zurich, donde llevaba doce años de su vida, desde los 13, quemando etapas y cristalizando en el club como una bandera de la afición. Algo así como Zapater en el Zaragoza. A sus 25 años, se le abría un abanico de opciones a uno de los jugadores referenciales de la liga suiza del último lustro: fue el futbolista más joven en alcanzar los 10.000 minutos de juego en la Super League. Había sido campeón del mundo sub 17 con la más brillante generación helvética que se recuerda, el primer título de esta dimensión para el fútbol nacional. En cierto modo, Buff tenía su espacio y su tiempo en Suiza. Pero siempre, por su carácter abierto y sus inquietudes personales, deseó probar fuera.

Así se cruzó el Zaragoza en su camino. Lo hizo Lalo Arantegui, director deportivo. Como con otros fichajes, activó esta vía desde el momento en que en febrero de 2017 recaló en La Romareda. Buen conocedor del fútbol suizo, Lalo controlaba que Buff acababa contrato y recordó los informes que ya había efectuado del centrocampista en su anterior etapa en el área deportiva del Zaragoza, como ojeador. Entonces, el nombre de Buff ya circuló por los despachos de La Romareda. Pero Buff, en aquellas fechas, con apenas 20 años, poseía tal cartel que ni siquiera un Zaragoza en Primera podía aspirar a él. Tuvieron que bajar a Segunda el club aragonés y también Buff. Su Zurich descendió, con él en una de las mejores temporadas de su vida, con 8 goles y otras tantas asistencias, muchas en la ejecución del balón parado, arte en el que se ganó el corazón de los suizos en 2009, cuando un saque de esquina suyo le puso a Seferovic en la cabeza el gol del título del Mundial sub 17, contra Nigeria.

Tras el descenso del Zurich, un histórico, habitual en competiciones europeas, Buff decidió quedarse y contribuir al rescate de su equipo. Marcó siete goles en la mediapunta, ascendió y dio por cumplida su misión. Le propusieron renovar, recibió propuestas de Alemania, como la del FC Darmstadt… y una llamada desde Zaragoza. En mayo, con la liga aún en juego, se le invitó a pasar un par de días en la capital aragonesa.

Viajó con su agente, conoció la Ciudad Deportiva, posibles zonas residenciales, La Romareda… Por ahí comenzó a convencerle el club aragonés. Faltó una última cosa: una videoconferencia con Natxo González, aún en Reus. El técnico ya proyectaba su sistema de juego en rombo y observó en el suizo la figura ideal para la mediapunta. Así se lo dijo. Un fichaje específico para un modo de jugar, como sucedería igual con Eguaras. Había ocupado mil posiciones en Zurich: lateral derecho, central, pero casi siempre el rol de organizador y mediapunta, su plaza favorita. Y así Buff se atrevió. Renunció a propuestas de mejor economía, agarró su vida y se vino a Zaragoza. Su año no estaba siendo sencillo, pero su momento está llegando ahora, a golpe de defensas rivales rotas y rasgadas. Como corresponde en toda buena navaja suiza.

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