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Real Zaragoza

Giro copernicano de 180 grados en un año natural de la vida del Real Zaragoza

En este punto, a 12 jornadas del final, la pasada liga se vivía el reciente despido de Agné y la llegada a la desesperada de Láinez para eludir el descenso. Ahora, el equipo huyó de ahí y sueña con el ascenso.

Trayecto final de la pasada temporada, con las 12 últimas jornadas en pos de la salvación de la categoría y, al lado, el camino idéntico que va a acometer ahora el Real Zaragoza.HA

Un año. El paso por, exactamente, el mismo punto. De mitad de marzo de 2017 a mitad de marzo de 2018. En ese hito en el que se acaba de jugar la jornada 30ª de Segunda División y se van a acometer las 12 últimas de la liga de plata. Este es el movimiento vital que recoge un giro copernicano, radical, de 180 grados, en la trayectoria del Real Zaragoza.

Porque, el año pasado, a estas mismas y precisas alturas de competición, el zaragocismo vivía con estupor y miedos verdaderos el despido de Raúl Agné (segundo entrenador de la campaña tras relevar a Luis Milla) y la llegada, a la desesperada, de César Láinez como tercer inquilino del banquillo con la misión de intentar eludir el descenso a Segunda B, que se barruntaba en todo el fútbol español de no mediar un remedio urgente en la caseta del Real Zaragoza. El equipo acababa de perder 1-2 en La Romareda ante el Sevilla Atlético, en un duelo con final esperpéntico, y daba síntomas de ahogo letal. 

Y ahora, al volver a circular por el mismo lugar un año después, el Real Zaragoza tiene su punto de mira en el lugar inverso, soñando con poder pelear el ascenso a Primera División en el mismo trecho del torneo donde hace 365 días agonizó por momentos hasta que, en la penúltima jornada, halló la salvación in extremis en Gerona en unas circunstancias precarias y singulares a más no poder. 

Se trata de un momento para parar un rato fuera del arcén, mirar atrás un par de minutos y repasar rápidamente la película de la vida en este tiempo corto de un año. Y colegir tras ese ejercicio que el mundo del fútbol está sometido a mil circunstancias, a mil ponderables, a mil imponderables, a mil cuestiones que lo hacen diferente a todo lo demás que quiera analizarse con más o menos soportes cabales. 

Hagamos memoria. En el curso pasado, cuando en la jornada 24ª el Real Zaragoza ganó 2-3 en El Alcoraz al Huesca, hablar de Segunda B era blasfemo pese a que el equipo llevaba tiempo dando síntomas de incapacidades preocupantes durante los partidos. Con 28 puntos, la promoción de ascenso distaba a 6 y, pese a que el primer puesto mortal (el 19º) quedaba a solo 4, las ganas y los deseos incitaban a mirar solo hacia delante sin dar importancia a lo de detrás. Entre derrotas dolorosas y empates insuficientes, aún habría otra victoria despistante (3-0 al Numancia, en la jornada 28ª) que alargó nocivamente la búsqueda de soluciones mayores porque no se quería ver lo que realmente estaba sucediendo. Parecía ante muchos ojos una mentira, un ectoplasma. Pero el Sevilla Atlético y la cercanía al abismo de la cola de la clasificación, pocos días después, confirmó a los más reacios que el asunto estaba muy mal y se hacía perentorio un tratamiento de choque. 

Tal día como hoy, hace un año, Láinez había comenzado a tutelar el complicado proceso de sanación de aquel enfermo. En las 12 últimas jornadas, el Real Zaragoza solo pudo ganar 3 partidos (en Elche 0-3, al Mallorca 1-0 y en Miranda 0-1). No supo obtener victoria alguna en las últimas 7 fechas. La salvación final llegó a base de 4 empates (ante Cádiz y Rayo en casa, en Oviedo y en Girona) y jugando cada jornada con el beneficio del rebote favorable en uno o varios duelos de los rivales directos. Un calvario con resolución feliz que costó salud y vida a muchos implicados. 

Ahora, cuando se vuelve a transitar por esta estación de marzo, a solo 12 partidos para el final, la sensación de alivio se multiplica por muchas cifras en el zaragocismo al ver que el equipo ha alcanzado este kilómetro con el viento de cola, lanzado en la consecución de puntos y triunfos, con la parte alta de la tabla a mano como nunca lo ha estado durante los primeros 7 meses de liga. El efecto visual, las sensaciones anímicas y ambientales, son totalmente opuestas a las del año pasado. Entonces el Real Zaragoza hacía cola en la puerta del infierno. Hoy, está el primero en la lista de espera para el cielo.

Es tal la inercia que ha cogido la reacción del equipo en el último mes y medio que, a estas horas, la tendencia general es pensar que los 12 partidos que restan van a tener un resultado bien diferente a los 12 del año pasado. Tanto en rentabilidad, como en emociones positivas, como en disfrute futbolístico.

Eso sí, en esa parada retrospectiva del pasado reciente del Real Zaragoza fulgurante de hoy en día, no puede obviarse que, hace solo mes y medio, al regreso de Alcorcón, tras la jornada 25º (una más tarde del espejismo del año pasado en Huesca), el equipo zaragocista estaba alistado todavía para entrar en las calderas de Pedro Botero, sin dejar la cola desde el año pasado en ningún instante, como si todo fuese una continuidad. Es más, su distancia con la puerta del fuego mortal era la más corta de todo este último año, solo 2 puntos, tras consumar la peor primera vuelta de toda la historia blanquilla en Segunda División. 

Así que, sin perder la perspectiva de este singular trayecto de un año que está viviendo el Real Zaragoza de marzo a marzo últimos, es momento de cimentar el anhelado renacer del equipo de entre sus peores sensaciones e inyectar kilos de ilusión y aplicación futbolística para que, el final de estos 12 partidos que restan, sea también de tintes copernicanos respecto de los 12 del año pasado. El cambio para bien ha llegado tarde... pero ha llegado. Y, tal vez, haya podido llegar a tiempo de convertir esta curiosa historia de una anualidad grumosa en un momento para la historia feliz del viejo club. Historia que, eso sí y lamentablemente, no comenzó en febrero de 2018. Ojalá hubiese arrancado ahí la liga. Mal que pese, el torneo viene de más atrás y es indeleble.





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