Real Zaragoza

Empujón, golpe en el apoyo, penalti a Buff con lesión de rodilla que Cordero no vio

En la última jugada del primer tiempo del Numancia-Real Zaragoza, el árbitro se comió una falta máxima en el área soriana de forma incomprensible. Las secuelas del jugador lo dejan en evidencia.

Buff, que celebra el primer tanto junto a Pombo a la izda., es derribado en el final de la primera parte dentro del área, jugada de penalti no pitado que supuso su lesión de rodilla (dcha.).
HA/Captura ATV

Oliver Buff salió cojeando del césped de Los Pajaritos el pasado sábado, a la conclusión del primer tiempo entre el Numancia y el Real Zaragoza. Lo hizo apoyado en los hombros del médico, Honorio Martínez, y del fisioterapeuta, Míchel Román, sin poder apoyar prácticamente su pierna dañada, la derecha, por el dolor que sentía en la rodilla. Había sido atendido previamente, durante un par de minutos, en la línea de fondo del ataque zaragocista, en la portería de la derecha según la Tribuna Preferente del estadio soriano, en donde quedó tirado en el suelo en la última jugada de ese primer periodo.

Buff había protagonizado el último ataque previo al descanso, penetrando en diagonal en el área castellana hasta, prácticamente, el palo izquierdo del marco de Munir. Cuando iba a concluir su jugada personal en el área chica, quien sabe si con un disparo directo a portería o, tal vez, buscando un pase atrás -de la muerte- a Borja Iglesias, Pombo o Zapater, que llegaban en aluvión en su apoyo, el jugador numantino que lo perseguía, el central Carlos Gutiérres, lo derribó con suma claridad.

Desde atrás, en franca y manifiesta desventaja, el citado Gutiérrez le metió todo el cuerpo en un empujón flagrante ante la clarísima opción de gol que había gestado Buff. Y, en su empentón, también le desequilibró la pierna de apoyo en el momento previo a armar el golpeo definitivo de la pelota. El mediapunta suizo del Zaragoza se hizo daño en el lance y ahí acabó su participación en el duelo en campo numantino. Tras el intermedio, por supuesto, debió ser sustituido por Febas.

Pues bien, ni Cordero Vega, el árbitro cántabro del partido, ni su asistente que corría el ataque zaragocista y vio la jugada en buena perspectiva, consideraron oportuno señalar esa falta máxima. El empujón y contacto por detrás, en ese momento concreto de la tarde del sábado 3 de marzo de 2018, no debió corresponder a ninguna de las reglas que ordena el reglamento como merecedoras del penalti. Fue un agujero negro en el criterio arbitral, que se comió la acción punible con total naturalidad.

La lesión de Buff deja en evidencia tal decisión. Por fortuna para todos, menos para el jugador helvético, el error arbitral no resultó trascendente. El marcador, que entonces era 1-1, acabó favoreciendo por 1-2 para el Real Zaragoza por lo que en ningún momento ese penalti que se fue al limbo de Cordero Vega acabó siendo objeto de reivindicación decisiva por parte zaragocista. Lo de la rodilla de Buff es otra cosa. Eso va a necesitar un tiempo de recuperación médica.

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