Real Zaragoza
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A Valladolid por el aguinaldo

El Real Zaragoza concluye el oscuro año 2017 en Zorrilla con el propósito de brindar en Navidad con un triunfo. Los de Natxo necesitan los tres puntos para no caer atrapados en la cola de la tabla.

El Real Zaragoza se ejercitó el lunes en la ciudad deportiva madridista.
El Real Zaragoza se ejercitó el lunes en la ciudad deportiva madridista.
R. Z.

En la medianoche próxima, el zaragocismo estará en disposición de romper y rasgar en mil pedazos el calendario futbolístico de este 2017 que ya se marcha, gracias a Dios desde el prisma del Real Zaragoza. Es el adiós a un año negro, que de enero a junio estuvo en un tris de causar un disgusto histórico y que, de agosto hasta diciembre, ha presentado un nuevo proyecto lleno de ilusión por cambiar las tornas que, sin embargo, no ha logrado romper a hervir en positivo hasta la fecha. Parece hace tiempo que es condición ineludible quemar en la hoguera al gafe 2017 para esperar algo mejor, quizá lo mejor. Falta hacen renovadas emociones positivas en Zaragoza en esto del fútbol.

Los de Natxo González juegan este martes a las 21.00 en Valladolid el último duelo del año natural, el de la jornada 20ª y penúltima de la primera vuelta. Es el segundo desplazamiento consecutivo, tras el acometido el sábado en Albacete. Feudo del que solo se pudo extraer un punto a través de un feo 0-0 frente a un rival que es de menor enjundia que el que esta noche habrá enfrente en el campo de Zorrilla, el de La Pulmonía, donde aguarda el frío castellano que ya azotó el ambiente hace tres fechas en tierras albaceteñas.

Se trata, para los aragoneses, de ganar como sea. Es decir, lo de siempre desde hace dos meses y medio, cuando la reacción que requería el mal inicio de temporada para no perder comba con la cabeza no acabó llegando nunca. Y ahora, ya casi en las puertas de enero de 2018 y con el segundo tramo de la liga a la vuelta de la esquina, existe también el peligro añadido de que, si no empiezan a venir los puntos de tres en tres, la zona pantanosa del descenso se quede a tiro de piedra.

La presión de los de atrás es ya masiva y permanente. Almería, Leonesa, Alcorcón, Albacete, Nástic de Tarragona, están aún detrás, pero prácticamente a la par. El Zaragoza camina en un grupo que linda con la 18ª plaza. Y el siguiente, que ya tiene pena letal, es el Barcelona B (próximo visitante de La Romareda, ya el día de Reyes), que es el 19º a solo tres puntos de distancia. Éste es el panorama que debe divisar el equipo zaragocista para saber realmente la prioridad respecto de lo que hay en juego, por ahora, en cada cita de liga. Lo de Valladolid hoy, como lo fue el otro día en Albacete, es ganar para huir del fuego del infierno. Y después, si hubiera salero para enganchar la ansiada buena racha de victorias y puntos en notable tacada, observar si, como dice Mikel González, aún da tiempo de reaccionar y poder llegar con sueños felices al verano.

Ahí, en este punto cardinal, se encuentra ahora mismo el Real Zaragoza de un Natxo González que se muestra inquieto, sabedor de que la calma o el alboroto están a un solo golpe de victoria o derrota. El margen de maniobra para mejorar es amplio. Pero la cintura para seguir soportando guantazos en forma de derrotas y empates escasos se ha quedado ya anquilosada, reumática.

Urge ganar en Valladolid. Todo el mundo lo sabe y lo maneja en el ambiente íntimo de un viaje continuo de seis días que une Albacete y Valladolid, con escala en Madrid, antes de volver a Zaragoza con cara de éxito (eso sería, en cierto modo, hacerlo con cuatro puntos en este doblete fuera de casa) o regresar con rostros serios y pálidos y el botín se reduce al puntito de Albacete o solo se le logra añadir otro más hoy en Pucela. Así de exigente está el parqué de la Bolsa zaragocista a estas alturas. Manda la clasificación. No otros parámetros que hace días se ven caducos.

Natxo, en Albacete, montó una revolución de órdago a la grande. Cambio a siete de once titulares. Uno de esos timonazos propios de los momentos de dudas y malos rendimientos globales y particulares que necesitan un golpe sobre la mesa. Se analizó seriamente en los despachos del área deportiva cómo poder mutar la cara del equipo y se apostó por un 4-4-2 en rombo en la medular que tuvo destellos interesantes en la primera parte, pero que no dio de sí lo suficiente ni para vencer, ni para dar continuidad a la pretendida recuperación.

En Valladolid habrá nuevos cambios. En la portería, una vez cumplida la sanción, Cristian Álvarez recuperará su puesto. El resto de modificaciones están pendientes de la escasez de tiempo transcurrido entre un partido y otro y de cuestiones, sobre todo, de índole física. Toquero, titular en el Belmonte el sábado, quizá no esté para repetir tan pronto, y eso daría de nuevo paso a Vinícius o, tal vez, a una nueva oportunidad para el destarifado Buff. Por otro lado, Pombo y Guti, extremos en Albacete sin profundidad alguna, apuntan a dejar su plaza a Papunashvili y al advertido Febas (fue suplente el otro día). La defensa y los medios Eguaras y Ros, este más adelantado que nunca, podrían repetir.

Al otro lado, el paradójico Valladolid que tiene al mejor goleador, Mata, y al portero más goleado, Masip. Un rival raro, goleador y goleado, que tampoco arranca. Pero viene de ganar 3-0 al Lorca y quiere irse de fiestas con un seis de seis. Interesante duelo entre dos grandes necesitados.

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