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Real Zaragoza - Temporada 2016-2017

Real Zaragoza

El Real Zaragoza suma un punto en Albacete en un partido sin goles y con escaso fútbol

En un ambiente gélido, Natxo mutó el equipo hasta en siete piezas. El resultado de la revolución tuvo claroscuros en su desarrollo.

Actualizada 17/12/2017 a las 00:11
Albacete - Real Zaragoza

Empate a cero. A nada. Sin gol, no hay mayor premio. Al menos, el Real Zaragoza parece apuntalar mejor su mecanismo defensivo y, guardando la portería invicta, es posible sumar puntos como este de Albacete, en un partido trabado, sin mucha sustancia, ante un rival con escasa inspiración con la pelota en su poder. Los aragoneses estuvieron más en contacto con el balón que los locales, pero no supieron sacar rédito mayor que la igualada final.

Natxo decidió que era el día de la revolución en la alineación. Acuciado de victorias y presionado por la mala marcha del equipo, aprovechó las sanciones de los expulsados Cristian Álvarez y Verdasca, que le obligaban a introducir dos cambios forzados, para acompañarlos de cinco novedades más en el once inicial del Carlos Belmonte, por lo que fueron siete de los once titulares los que asomaron de golpe en el bloque aragonés en el importante duelo en campo manchego. Las novedades fueron Ratón, Benito (como lateral zurdo, a pie cambiado), Mikel González, Raúl Guti, Javi Ros, Pombo y Toquero. De este modo, solo continuaronn, respecto del último día ante el Cádiz, Delmás, Grippo, Eguaras y Borja Iglesias. Los damnificados, además de los dos castigados por la roja de la anterior jornada, fueron Ángel Martínez, Zapater, Papunashvili, Febas y Vinícius. Se quedaron sin convocar, en la grada, Buff, Oyarzun y Lasure.

Con la frescura física del inicio, en seis minutos ambos equipos cuajaron sus mejores opciones de gol. El Albacete, en la primera jugada, tras un centro de Arroyo que Dani Rodríguez remató solo en el área, saliendo el balón a córner rozando el larguero tras tocar en Grippo. Y el Zaragoza, con un chut de Javi Ros en el área, tras dejada de Borja Iglesias, que rozó el palo por fuera. Fue un inicio impetuoso que no se correspondió con lo que vino depués. Un Albacete inconexo, que solo llegaba cerca de Ratón a base de centros lejanos de Susaeta, y un equipo zaragocista más dominador del balón pero sin hallar nunca el pase correcto para culminar arriba.

Hasta el minuto 23 no llegó otro acelerón de las pulsaciones. Fue una falta directa, cometida al borde del área local sobre Ros, que Grippo, lanzador por primera vez de un golpe franco, colocó de rosca en el larguero de Nadal. Rozó el gol ahí el equipo de Natxo a balón parado, la única forma que se adivinaba como posibilidad de algo potable por cómo transcurría el juego, feo y sin la precisión que requiere un duelo de este calibre. Al menos, en ese panorama general, los zaragocistas no padecían como otros días y, además, eran capaces de tener la pelota largos ratos en su poder, aunque faltase verticalidad en punta. Pombo por la izquierda y Raúl Guti por la derecha, en el papel de extremos/interiores, no daban hondura a las soluciones ofensivas. Todo tenía que buscarse por el centro, donde había una superpoblación de jugadores que hacía complicado hallar el hueco exitoso.

En el minuto 30, con el Albacete fuera de onda por completo, Javi Ros volvió a ensayar un disparo lejano, desde más de 25 metros, que se marchó fuera por poco y volvió a asustar a los manchegos. No era mucho, pero ese tipo de acciones le daban al Real Zaragoza el papel de gobernante en el timón del juego. Poco a poco, empezó a gustarse el equipo tomate (de nuevo hubo que vestir de rojo) y los minutos iban destilando aromas de que el 0-1 podía llegar en cuanto se hilvanase una combinación con sentido. Los locales eran un mar de nervios al ver que no les salía nada de nada. Su gente se dio cuenta y empezó a animarlos con fuerza tras fluir los primeros silbidos de desaprobación.

Así, a falta de 11 minutos para el descanso, una contra de Espíndola concluyó con un centro del argentino que, tras tocar en Grippo, se envenenó por encima de Ratón y estuvo a punto de acabar en la red junto al palo derecho. Un susto morrocotudo que despertó a los albaceteños y advirtió a los de Natxo de que no cabían confianzas pese al márchamo del partido. Y de ahí al intermedio, en efecto, fueron los manchegos los que revivieron y pudieron adquirir la ventaja en el tanteador. Primero, Zozulia amagó con un disparo desde la frontal del área, tras llevarse el balón Espíndola en una pugna con Delmás, en el minuto 42. Y un minuto después, ambos delanteros blancos intercambiaron los papeles y fue el ucraniano el que dejó solo, mano a mano, a Espíndola para que batiera a Ratón en su salida, pero el chut del sudamericano se estrelló, por fortuna para el Zaragoza, en el palo izquierdo y se marchó fuera. Los de Natxo habían perdido la iniciativa claramente sin razón aparente.

De la metamorfosis del entrenador zaragocista, quizá lo que más rendimiento dio fue la posición de Javi Ros como vértice del medio campo en la fase ofensiva, por detrás de los apagados puntas Borja Iglesias y Toquero. El navarro pululó con eficacia por esa zona de enganche y logró armar un par de remates con intención, además de abrir líneas de pase entre los tres centrales del Alba, otros días no percibidas en ese sector. Pero no fue suficiente. Lo demás resultó demasiado plano, previsible, sin el cuajo suficiente como para voltear la sensación de ineficacia que sigue afectando al Zaragoza hace largo tiempo. El 0-0 del ecuador del choque hacía honor a la baja calidad del fútbol exhibido por unos y otros. Y todo quedaba, como tantas y tantas veces, abierto para un segundo tiempo donde los dos contendientes debían ajustar mucho sus piezas.

Enrique Martín cambió a uno de sus centrales en la segunda parte: quitó al ex del filial zaragocista Gaffoor y metió a Adri Gómez. Matiz secundario. Lo demás, arrancó de la misma forma. Pero con una dosis mayor de errores en los pases de los dos equipos. Pases fáciles que se iban al limbo, al contrario. Balonazos al aire, globos aerostáticos innecesarios en la medular del terreno de juego. Un partido difícil de seguir y digerir desde la grada, seguramente también por televisión. En el primer cuarto de hora de la reanudación, nada por aquí, nada por allá. Solo faltas, los primeros enganchones. Y Natxo metió a Vinícius por el desaparecido Toquero. Hacía falta mover el género.

Pombo seguía pecando de individualista en jugadas que pedían combinar. Borja Iglesias no tenía contacto con nadie. Ros se había mustiado respecto del primer tiempo. Eguaras marraba aperturas sencillas. Guti estaba anulado como extremo diestro. Los laterales, Delmás y Benito, no subían con electricidad la banda. El Zaragoza bajó notablemente su rendimiento en el segundo tiempo con el balón en los pies. Eso sí, atrás seguía sin padecer por la falta de pegada de un Albacete blandito de medio campo en adelante. Martín buscó un resorte ofensivo con Bela en vez del fallón Espíndola. Y Natxo relevó al amonestado Pombo para dar 25 minutos a Febas tras su llamativo paso por la banqueta. Las cartas últimas se iban jugando en pos de un ganador que surgiera del más absoluto vacío. Quien lo lograse, si lo hacía, iba a llevarse el botín del triunfo, los ansiados tres puntos en liza.

Se llegó al último cuarto de hora del partido y el Real Zaragoza no había dado señales de vida en el área de Nadal. En el otro polo del campo, solo un disparo lejano de Susaeta en el 65 que atrapó bien Ratón y un cabezazo peinado de Delgado en una segunda acción tras un córner, que puso en algún apuro al portero zaragocista en el 72, llevaron cierta zozobra a la zaga aragonesa. Poca cosa. El 0-0 iba arraigando en el desarrollo del juego. Era un mal menor para ambos. Suponía algo que llevarse a la boca en un día de pocas destrezas. Martín retiró del escenario a Susaeta, el mejor pasador del Albacete, y generó un alivio extra a los de Natxo en los balones perdidos en el centro del campo. Y ya con los tres cambios hechos, al técnico local se le lesionó Adri Gómez a falta de 10 minutos. Circunstancias que, obviamente, corrían a favor del Real Zaragoza. El jugador acabó el partido cojo tras ser atendido. 

Papunashvili, a falta de tres minutos, tuvo en sus pies el triunfo a pase de Febas, que dinamizó los dos o tres ataques en los que participó desde su aparición. Pero el georgiano, errático, remató fatal, solo en el área, a placer, y echó el balón alto, mal, fuera. Ahí estuvo el premio gordo de la noche, que acabó solo en pedrea. Una pena que Febas no saque más rentabilidad a su gas carbónico. Le falta siempre culminar. Aún se lamentaba esa ocasión errada cuando el Albacete, en un córner cerrado de Morillas, bordeó el gol en un cabezazo fallido de Arroyo en el primer palo. Así que aún pudo llegar el chasco fatal en el último instante. Por eso, al final, todos contentos bajo cero, tanto en la temperatura ambiental, como en la futbolística. Ver el marcador evita explicaciones accesorias.

El mutado equipo de Natxo prosigue con su negación ante la victoria. Incluso en partidos frente a rivales tan menores como fue este sábado el Albacete. Toca seguir remando en un río con corrientes peligrosas. Punto a punto, uno a uno, no se sale del jaleo de la parte baja de la tabla. Y, de paso, los de arriba cada vez se alejan más del punto de mira. Pura matemática, por encima de sensaciones.

 

Ficha Técnica

Albacete Balompié: Nadal; Arroyo, Chus Herrero, Delgado, Gaffoor (Adri Gómez, 46), Morillas; Erice, Susaeta (De la Hoz, 76), Dani Rodríguez; Zozulia y Espíndola (Bela, 64).

Real Zaragoza: Ratón; Delmás, Mikel González, Grippo, Benito; Javi Ros (Papunashvili, 82), Eguaras; Raúl Guti, Toquero (Vinícius, 61), Pombo (Febas, 69); y Borja Iglesias.

Árbitro: Eiriz Mata (Comité Gallego). Amonestó a Dani Rodríguez (52), Pombo (67) y Grippo (74).

Goles: No hubo.

Incidencias: Noche muy fría en Albacete, con apenas 3 grados al inicio del partido y una sensación térmica de 0. El césped estuvo irregular, duro a causa de las heladas de los días previos. En las gradas hubo 5.400 espectadores, sobre un aforo total de 17.000 butacas.





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