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Real Zaragoza

¿Y si la dirección general diese su parecer, de verdad, pasaría algo?

Como es habitual últimamente, cuando las cosas se tuercen en el Real Zaragoza el entrenador se queda solo en papel de portavoz. Se echa en falta al ejecutivo de turno: en este caso, Luis Carlos Cuartero.

Luis Carlos Cuartero, junto al director deportivo Lalo Arantegui, el pasado verano en la concentración de Boltaña (Huesca). Detrás, el secretario técnico, José Mari Barba y el delegado, Alberto Belsué. Al lado, de pie, el presidente, Christian Lapetra, junto al médico, Honorio Martínez.
¿Y si la dirección general diese su parecer, de verdad, pasaría algo?
Daniel Marzo

Un jugador cada día de entrenamiento, y no siempre. Y el entrenador, Natxo González, en las previas y los pos partidos. Nadie más del 'staff ejecutivo' (no confundir con directivo) del club ejerce el papel de portavoz del Real Zaragoza en ninguna circunstancia en los tiempos más recientes, esos del último lustro (el hecho abarca más allá de la gestión actual) en el que se ha implantado la modernidad en el día a día de la entidad, esa que abre una enorme trinchera entre el dentro y el fuera de la inmensa mayoría de los clubes y SAD profesionales salvo en el estrecho puente que conforma el conducto oficial de los departamentos de comunicación conformados ad hoc.

Si todo va bien en lo deportivo -hecho que en Zaragoza, últimamente, es tan raro como ver el Cometa Halley- las neorrelaciones humanas en este ámbito se soportan con cierta lubricación. Pero, si las cosas se tuercen, las trincheras se agrandan y suelen aparecer incluso refuerzos con alambres de espino. En muchos lugares, es síntoma de poso y de saber estar la cercanía de los ejecutivos con la masa social, con la vida pública. Aparecer en el momento justo, cuando las circunstancias lo requieren. Aportar datos, señales, guiños, ofrecer calma, soluciones, encauzar desorientaciones procedentes de la falta de información. Ejercer.

Por eso, en el Real Zaragoza contemporáneo, nuevamente asoma en la mente de muchos zaragocistas la presencia callada y escondida del director general de la entidad. Una figura recuperada en su día en la figura de Luis Carlos Cuartero, exfutbolista y exmiembro del área deportiva en tiempos anteriores tras su retirada de la actividad en el balompié profesional, y que no ha cumplido, prácticamente nunca, con el cometido de portavocía que se le supone o que es propio en la mayor parte de las demás SAD futbolísticas.

Cuartero, también dentro de su función, fue en verano el supervisor general de este nuevo proyecto zaragocista, mano a mano y, con rango superior finalista, con Lalo Arantegui y José Mari Barba, los dos responsables del departamento deportivo de la SAD desde hace 9 meses tras el despido de Narciso Juliá y Albert Valentín. Si en tiempos pasados, hablaba el director general (Jerónimo Suárez) y callaba con una mudez cuasi patológica el área deportiva (Pedro Herrera), ahora es al revés. También hablaron otros máximos responsables de la gestión deportiva, casos de Gerhard Poschner o el nocivo Jesús García Pitarch (este, por la cuenta que le traía su breve estancia en Zaragoza). Pero a Cuartero ha sido imposible escucharlo desde su acceso a un cargo tan relevante como es el de director general de un club como el Real Zaragoza.

De nuevo, el devenir del equipo lleva los acontecimientos a un punto en el que, si la praxis interna fuese normal o similar a otras entidades futbolísticas, sería el momento de que Luis Carlos Cuartero diese su parecer respecto de todo lo que está ocurriendo con el equipo en este mal inicio de curso. En definitiva, es el pilar mayor de la gestión ejecutiva, justo en el estrato superior a Lalo y Barba y muy por encima de Natxo González, el único al que se puede oir ante los problemas que fluyen hace días alrededor del vestuario en lo relativo a la competición.

Quizá esta vez este mecanismo cambie. O tal vez todo siga igual que siempre. Las horas, los días, dirán. La realidad es la que es. Y ésa es la que hay que contar. En unos casos, por acción. En otros, por omisión.

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