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Real Zaragoza

El caso de Borja Iglesias, la denuncia de que algo no se hace bien en casa

El '9' solo ha anotado en La Romareda de penalti, nunca en jugada. Sus goles a balón corrido han sido fuera, en dos días de inspiración doble.

Borja Iglesias, en el partido de este viernes contra la Cultural Leonesa, taponado por Isaac y Zuiverloon en un intento fallido de penetración en el área rival.
Borja Iglesias, en el partido de este viernes contra la Cultural Leonesa, taponado por Isaac y Zuiverloon en un intento fallido de penetración en el área rival.
Toni Galán

De Borja Iglesias se han dicho y escrito infinidad de cosas buenas desde su llegada al Real Zaragoza. Un delantero joven, emergente, con hambre, avalado por su voracidad goleadora en Segunda B el año pasado en el filial del Celta. Un rematador instintivo, con buenos pies, alto, que maneja la cabeza, que 'cuerpea' como los grandes, que conduce en los contragolpes con habilidad pese a su morfología grande. Un '9' que recibe infinidad de faltas por la dificultad que ocasiona marcarlo por parte de los centrales rivales.

Bien. De acuerdo. Todo eso es así. Como también lo es que, con 7 dianas hasta ahora, ocupa el segundo puesto en el listado de anotadores de la categoría, solo superado por el pucelano Mata. Su ritmo es de lo más prometedor. Pero todas estas luces, que en muchos momentos, fruto de la necesidad de encontrar resortes positivos a los que aferrarse que tiene el zaragocismo moderno, han sido elevadas a la exageración extemporánea (no es el único caso), esconden cortocircuitos que denuncian cuestiones mayores.

Analizar el caso de Borja Iglesias y su relación con el gol es un ejercicio pedagógico para el que quiera hacerlo (los habrá reacios, pues no es materia obligatoria, sino optativa, como tantas otras hay).

La cuestión mollar es que, cuando la liga entra ya en noviembre, camino de los tres meses de torneo (más de un cuarto), resulta que Borja Iglesias no ha marcado un solo gol en La Romareda en jugada colectiva. Se trata de un delantero que no ve puerta cuando el equipo juega como local. En 6 choques de liga y 2 de Copa (ante el Valencia no estuvo convocado), sus credenciales son cero.

Los cuatro tantos que ha cantado ante el público zaragozano han llegado siempre desde el punto de penalti. Cierto es que esos goles valen igual. Correcto. Pero, a efectos de este análisis evaluativo, no tienen el mismo valor, como se colegirá enseguida. Se busca al Borja Iglesias rematador, intimidador, letal, activo en el área durante buena parte de los 90 minutos de juego... y no se le encuentra.

¿Es culpa suya o del sistema táctico del equipo? Excelente disyuntiva para bifurcar dos líneas de estudio. Cada analista tendrá sus criterios, sus bases de razonamiento. Pero, lo que resulta obvio es que Iglesias no marca goles en el rol de local. Y tampoco disfruta de un volumen importante de oportunidades. Su trabajo se da lejos del área en demasía. Con frecuencia, con poca compañía de amigos cerca de él. Y, con defensas cerradas (el Alcorcón y la Leonesa, este viernes, cancelaron el juego en estático con cinco piezas fijas atrás), Borja sufre lo indecible para hallar espacios y balones potables que rematar. Como que no los encuentra.

Sin embargo, el mismo jugador, fuera de casa, ha anotado otros cuatro goles. Aquí, ninguno de penalti. Todos de jugada corrida. Lo que se le echa en falta en La Romareda. Un póquer de goles alumbrados en dos noches de inspiración en ataques rápidos, que concluyeron en sendos dobletes: Córdoba y Sevilla, ante el filial sevillista. Tantos obrados, bien en sobresalientes acciones individuales, o bien en buenos remates en el área, cercanos, en conclusión de contraataques con otros colegas como cómplices. Goles con espacios para correr y buscar golpeos francos. Goles con culminación a la primera, con la portería delante, a pocos metros de la raya de meta. Goles en ventaja sobre los marcadores, ganada por el propio Borja o por la distribución de los demás en la zona atacante del equipo.

Camino del primer tercio de partidos del curso, el diagnóstico dice que Borja Iglesias es más rentable y mejor delantero fuera de casa que en La Romareda. Que, por la manera de jugar de Natxo González, las virtudes del ariete de 24 años florecen hasta hoy en el Real Zaragoza cuando aparece en el papel de visitante y los partidos son de ese perfil forastero, menos cargados de responsabilidad con el balón y el dominio global. Y, por el contrario, los problemas se hacen montañas enormes cuando Borja es el '9' zaragocista en campo propio, rodeado de defensores y poco aliviado por los demás compañeros de la ofensiva blanquilla.

Hablan los números. Con claridad. Pero también lo hacen los hechos, con la rotundidad que supone apreciar las evoluciones de Borja Iglesias, día a día, en los partidos de La Romareda. Ahí, de momento, desde mitad de agosto, solo marca de pena máxima (dos al Granada, uno en liga y otro en Copa; otro al Numancia y otro al Osasuna). El Iglesias goleador en balón corrido, aquel que enamoró el año pasado a la totalidad de directores deportivos, secretarios técnicos, mánager generales, agentes, representantes, intermediarios y demás género de habitantes singulares de las bambalinas del fútbol moderno español, solo ha podido aparecer en los primeros dos meses y medio como zaragocista en dos partidos a domicilio: en El Arcángel y en la Ciudad Deportiva del Sevilla, con dos fogonazos en ambos casos.

Detrás de las ráfagas de led que envuelven a Borja Iglesias en sus primeros pasos en el Real Zaragoza, no está de más echar un rato en estos detalles. La Luna, como se sabe (debe saberse), tiene una cara oculta. No solo la que refleja los rayos del Sol. Y en el paradigma del goleador gallego quizá se puedan encontrar soluciones nuevas a los problemas atacantes que sufre el equipo que dirige Natxo González. El muchacho de Santiago de Compostela es posible que, ya con noviembre encima, esté avisando de algo a reparar. A modo de chivato, de testigo en el salpicadero del cuadro de mandos del Real Zaragoza.

Porque, claro, si un equipo solo ha sido capaz de ganar un partido de los seis de liga que ha disputado en campo propio, se da por descontado que se estarán buscando arreglos y, a pesar de la tendencia al elogio, alguien estará advirtiendo taras en el día a día.

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