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Real Zaragoza
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Delmás-Borja, sociedad ilimitada

Los avances del lateral por la banda derecha, transformados en gol por la pericia y la contundencia del ariete, rescataron un punto para el Real Zaragoza.

Julián Delmás avanza con la pelota ante la oposición de Felipe Carballo.
Julián Delmás avanza con la pelota ante la oposición de Felipe Carballo.
Jesús Spínola

El árbitro silbó el final de la función en el minuto 95, cuando Delmás llegaba por el callejón derecho al área rival, esa misma área que Papu pisó escasos minutos antes sin ver ni querer ver a Febas, que habría matado el partido con el tiro que el georgiano se disparó en el pie. Si la hubiera pillado Borja Iglesias... Sí, todo es distinto con Borja Iglesias, ese delantero con regusto de antaño que ayer firmó dos goles de ariete puro, siete ya en lo que llevamos de curso. Los dos de anoche se los puso Delmás, el mismo que en el minuto 95 abanderaba la ofensiva final del Zaragoza junto al Guadalquivir. Borja y Delmás, Delmás y Borja, ellos propiciaron ayer el empate en Sevilla, esa igualada con sabor contradictorio en la que la única certeza absoluta la constituyó la fértil sociedad que ambos patentaron sobre el prado del Viejo Nervión. Viejo Nervión y nueva sociedad ilimitada para el ilusión del zaragocismo, la que integran Julián Delmás y Borja Iglesias.

No mereció ganar el Zaragoza, pero pudo hacerlo. Son las cosas de poseer la jeta que exhibe por la banda derecha Delmás y de pisar el área con la autoridad de Borja Iglesias. Cualquier auditoría de la reunión de anoche solo podría ofrecer saldo favorable para el conjunto aragonés desde la aportación de Delmás y Borja, haberes sobresalientes en una noche con bastantes registros negativos. Porque un equipo que aspire al ascenso debe ganar en el campo del colista. Más aún si el colista todavía desconoce la victoria. Pero no, no solo no ganó el Zaragoza, sino que encajó dos goles de un equipo que no marcaba ni en los entrenamientos: cuatro llevaba la guardería sevillista en las 10 jornadas de Segunda. A gol cada dos partidos y medio (225 minutos). Ayer metieron dos en 29 minutos. Ahí, mucho más que en el error final de Papu, reside el problema.

Dos goles, y qué dos goles... El primero retrató a Ángel, Verdasca y Cristian Álvarez. Después se unió al daguerrotipo de los errores Mikel González. El chaval Delmás no solo se desató en ataque, sino que también fue el que menos la pifió en defensa. Como en el medio solo quiso la pelota Febas, el roto únicamente lo podían apañar la sociedad ilimitada Delmás-Borja. El primero, el del empate a uno, en una progresión de Delmás finalizada con pericia por Borja, en un remate con una zurda sacada subrepticiamente entre los dos centrales. El segundo, otro gol de listo tras la asistencia de otro listo, del pequeño lateral Delmás. Justo antes de la igualada, Borja le pegó al palo en la acción que mejor plasmó sus extraordinarias condiciones de ‘killer’. Cuerpeando, protegiendo la pelota ante el asedio de los centrales, logró progresar hasta romper el balón contra la madera. La acción es una evocación de los años dorados de Savo Milosevic, de David Villa, de Borja Bastón, de Diego Milito, el último gran delantero centro del Zaragoza. Borja Iglesias reúne cada día más méritos para ingresar en ese reparto de película de arietes históricos del Real Zaragoza. Añadan a la retahíla anterior a Esnáider, Amarilla, Pichi Alonso, Lobo Diarte... Y antes, Marcelino. Y antes, Seminario... Cuántos y tan extraordinarios artilleros. Ahora, el cañon lo porta Borja Iglesias.

Si Borja lo porta, Delmás encendió la mecha. Delmás lo enciende todo. En un Zaragoza desenchufado en los inicios de los dos tiempos, el canterano conectó al equipo aragonés al partido. No lo tenía sencillo Delmás con Benito delante, pero a fe que ha aprovechado la oportunidad. No se arruga, siempre se ofrece. Otros solo se motivan con el campo lleno, con la fuerza de la afición emanada desde la grada, como ante Osasuna en La Romareda. Julián Delmás, no. El chaval se pone a cien cada vez que se enfunda la camiseta del león rampante. Su pasión contagiosa salvó ayer al Zaragoza gracias a un delantero que sabe transformar esa energía en gol, Borja Iglesias. En la sociedad ilimitada ayer constituida reside la razón del empate. Y de las muchas opciones de futuro del Zaragoza.

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