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Real Zaragoza

Fallece Javier Chirri

Ex futbolista del Real Zaragoza, entrenador y coordinador de la Ciudad Deportiva en su mejor época moderna, muere a los 72 años y deja atrás un legado de seriedad y criterio en la cantera.

Actualizada 07/10/2017 a las 13:09
A la izda., Javier Chirri, en la puerta de entrada de la Ciudad Deportiva en 2000. A la dcha., en una entrevista concedida a HERALDO DE ARAGÓN en 2012.HA/Aránzazu Navarro

Ha muerto Javier Ruiz de Lazcano Labordeta. Se ha ido Chirri, demasiado pronto, con 72 años, por culpa de esa grave enfermedad llamada cáncer a la que combatió con fuerza durante los últimos años pero que, al final, pudo con él. Se marcha uno de los grandes referentes del fútbol de cantera en Aragón. Un activo que dio a la Ciudad Deportiva los mejores resultados de la época moderna, en esas temporadas que montaron el paso del siglo XX al XXI que transcurrieron con estabilidad en los campos de la carretera de Valencia al margen de lo que sucediera en el primer equipo, ya fuera bueno, excelente o negativo.

Chirri fue rigor, criterio, seriedad. Se ganó el respeto de todos porque emanaba honradez, pautas cabales, ideales que unían la valía futbolística con el bagaje personal de cada pieza del engranaje del fútbol base del Real Zaragoza. Por eso se mantuvo en su puesto, de alto rango, inquebrantable durante años y años. Nadie lo hizo por delante de él y, por supuesto, nadie más lo ha hecho desde que el huracán de Agapito Iglesias arrasara todo lo referente con el club, desde lo concerniente a la primera plantilla hasta el último taco de la última bota del equipo alevín de la Ciudad Deportiva. Fue llegar el gallego Ernesto Bello al mando de la cantera blanquilla de la mano del anterior máximo accionista del Real Zaragoza y saltar todo por los aires. 

A Javier, como a muchos de sus hombres de confianza en aquel equipo de trabajo, el agapitismo los maltrató a la hora de provocar su salida. Fueron semanas traumáticas. Chirri sufrió como nadie porque le estaban demoliendo muchos años de trabajo. Él vio llegar con antelación lo que se le venía encima al Real Zaragoza, de arriba a abajo, desde la Primera División hasta el chaval más joven de la cantera. Lloró cuando salió por última vez de su despacho de la Ciudad Deportiva, una mañana de enero de 2009. Como lo hizo tantas veces cuando el Real Zaragoza, después, se iba despeñando en todas sus estructuras. 

El paso del tiempo fue haciendo cada vez más grande su labor pretérita. Las catástrofes de Bello, Esnáider, Pitarch, hasta llegar al momento presente, donde se intenta todavía encontrar la sintonía óptima por la que se rigió Chirri durante más de una década, elevaron por decantación el enorme valor del trabajo de Javier en la Ciudad Deportiva. Él no se vanaglorió nunca por ello. Al contrario, lamentaba que nadie fuera capaz de retomar algunas de las pautas que tan buenos resultados dieron en su día, como estaba comprobado. 

En su época joven, fue un prometedor centrocampista, un interior, también lo que después de denominó un mediapunta, que logró el sueño de jugar en Primera División. Formado en el Colegio de Santo Tomás, de la mano, entre otros, del entrañable José María Ara, pasó por el juvenil del Real Zaragoza, el Teruel, el Barbastro, regresó al Aragón antes de lograr dar el salto definitivo a la élite. Lo hizo con la camiseta del equipo de su vida, el Real Zaragoza. Estuvo en la plantilla dos temporadas, la 69-70 y la 70-71, en los últimos coletazos de Los Magníficos, con los que pudo disfrutar sobre el césped brevemente siendo un crío. En 1971, tras un doloroso descenso a Segunda, el Zaragoza lo traspasó al Granada, donde continuó en la máxima categoría y coincidió en el mejor equipo granadinista de la historia, del que formó parte, bien con el '8' o bien con el '10' en la espalda. Chirri es en Granada un dios para los de la época de los setenta. 

Fue al club de Los Cármenes de la mano del presidente andaluz, el exportero del Real Zaragoza Candi Gómez. Allí se reunieron varios jugadores con matriz en el cuadro zaragocista: el pichichi Porta, Fontenla, el portero Izcoa, Oliveros... Jugó cinco enormes temporadas en un Granada siempre puntero en la tabla, discutiendo victorias a los grandes. Su colección de anécdotas y vivencias, un privilegio para sus amigos y cercanos, fue siempre inagotable, consecuencia de amar lo que hizo desde niño: jugar y enseñar a jugar al fútbol. Nunca estuvo en el fútbol de paso. Lo llevaba en vena, como toda la familia (su hermano Miguel Ángel también fue un notable jugador del fútbol aragonés, sin llegar a alcanzar el techo de Javier).

Aún remataría su carrera en la SD Huesca, en Segunda B, antes de pasar al siguiente eslabón de la cadena: los banquillos. De este modo, Chirri se convirtió en el único jugador aragonés que presumía de haber jugado en los tres equipos de las capitales de Aragón. Nadie más lo ha hecho. Como entrenador, dirigió al Calatayud, al Fraga y al Binéfar antes de aceptar el puesto que lo hizo diferente, que lo deja para la historia como un técnico indispensable en la trayectoria de la cantera del Real Zaragoza: la coordinación de la Ciudad Deportiva, un colofón de más de una década que el agapitismo se encargó de concluir de manera traumática y fea, muy a su estilo.

Javier se despidió con una sentida carta que el club, al menos, tuvo a bien publicar en su página web en aquellos dolorosos días de principios de enero de 2009. Rescatar el final de aquel escrito de Chirri es hacer un retrato fiel de su personalidad y talante: "A todos los que me han ayudado en mi labor, a los más cercanos. Agradezco a la Institución Real Zaragoza el haber confiado en mí para desempeñar las funciones de entrenador y de coordinador, esta última en dos etapas. Me enorgullece que un niño, que de la mano de su padre iba al campo de Torrero, haya podido defender a su Real Zaragoza con ilusión y sobre todo con fidelidad y honestidad". 

Hoy, 7 de octubre de 2017, ocho años y medio después, sirva este párrafo como homenaje a una de las piezas clave del Real Zaragoza moderno, sin la que es imposible entender muchas de las cuestiones que han acontecido en la Ciudad Deportiva en los años noventa y dos mil y, por derivación, en el primer equipo en muchos de los casos. Descansa en paz, Javier.





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