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Logroño y Miranda obligan a la plantilla del Real Zaragoza a evolucionar con rapidez

Los dos primeros amistosos ante rivales de Segunda B, con empate y derrota, evidencian que el nuevo bloque está aún demasiado inmaduro.

Natxo González, enfadado en el banquillo de Anduva este sábado, reprocha a sus jugadores un error durante el partido ante el Mirandés.
Natxo González, enfadado en el banquillo de Anduva este sábado, reprocha a sus jugadores un error durante el partido ante el Mirandés.
Daniel Marzo

Los dos primeros amistosos, en Logroño y Miranda de Ebro, antes sendos rivales de Segunda B, han introducido al renovado Real Zaragoza en un estado de recapacitación y reseteo general una vez concluida la tercera semana de pretemporada. Las Gaunas y Anduva eran los dos test iniciales, dos pruebas de control para ver cuál era el grado de cohesión de la heterogénea plantilla que se está formando tras la revolución casi total del equipo después del catastrófico año y proyecto pasado, que quiere olvidarse cuanto antes con sensaciones positivas y un enfoque totalmente diferente de cara al futuro, tanto en personas como en filosofía.

El empate del miércoles, 1-1, frente al UD Logroñés, ya supo a poco para abrir boca. La derrota, 1-0, de este sábado contra el Mirandés, derivó irremediablemente el cariz de las sensaciones hacia la inestabilidad actual del nuevo plantel blanquillo. Asumido estaba desde el inicio de la pretemporada, el pasado día 10, que Natxo González tiene ante sí una dura tarea de construcción de un equipo partiendo casi desde cero. Y todo en el tiempo récord de 30 días. Por este lado, nada debe sorprender en demasía, pues todo tipo de insuficiencias puntuales que puedan verse a estas alturas entran dentro de lo razonable. Pero, obviamente, tampoco se puede saltar con pértiga la realidad y conviene asumirla para encontrar los remedios antes del inicio de liga en Tenerife, el próximo 18 de agosto, en solo 20 días.

Natxo no escondió a la conclusión del amistoso de Miranda varios de los aspectos negativos palmarios que se vieron en el césped de Anduva. El vitoriano no atiende a subterfugios, y eso es buena cosa. "En el segundo tiempo perdimos el control y la identidad que queremos tener", admitió. "Es verdad que, al final, ante la adversidad, no hemos respondido bien", remarcó como detalle más serio de entre todos los defectos que enseñó el Real Zaragoza en la localidad burgalesa.

El nuevo entrenador zaragocista reconoció la ceguera ante el gol que el equipo ha tenido en estos dos amistosos, fallando una decena de goles claros (a cinco por choque) por parte de sus delanteros, mediapuntas y jugadores incorporados desde atrás en momentos concretos. Y contestó con cierta chanza a otros apresurados análisis que surgieron tras los bolos de entrenamiento ante el Boltaña (0-13) y el RZD Aragón (5-0), donde los goles sí cayeron con fluidez en días menos serios que los dos norteños de esta semana. "Hace dos semanas, todos metíamos goles: Borja Iglesias, Oliver Buff, no sé qué, íbamos romper la estadística goleadora... y ahora llevamos dos partidos que no marcamos", adujo en la sala de prensa de Anduva para referirse a la inconveniencia de emitir valoraciones prematuras, tanto en positivo como en negativo.

"Lo importante es el rendimiento global, como equipo. En lo individual, cada uno va sumando día a día, unos más, otros menos. Cada día es un examen para todos", dijo como mensaje general para una plantilla que, tras caer 1-0 en Miranda, "tenían la cabeza baja en el vestuario", según describió Natxo González, cuyo mensaje para todo el mundo es corto y rotundo: "Tranquilos, esto es pretemporada y es normal lo que está pasando".

El propio responsable del equipo, en un fin de semana de susto entre el zaragocismo, al menos muestra temple y pulso firme. "Me creeran o no, pero yo le digo a la afición que esté tranquila".

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