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Real Zaragoza
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Enésimo varapalo al Real Zaragoza en el tiempo añadido, que alarga su agonía

El Rayo Vallecano, como tantos otros, empató (1-1) en el minuto 92 y desactivó el gol inicial de Pombo, que iba a suponer casi la salvación.

Edu Bedia pugna por un balón en el partido del Zaragoza ante el Rayo Vallecano.
Edu Bedia pugna por un balón en el partido del Zaragoza ante el Rayo Vallecano.
Toni Galán

La agonía del Real Zaragoza, para bien o para mal, para obrar al final la salvación de la categoría o para sufrir el mayor desastre de su historia, seguirá activada de cara a las dos últimas jornadas. Cuando estaba a punto de ganar al Rayo Vallecano por 1-0, la insolvencia del equipo blanquillo volvió a quedar de manifiesto al encajar el 1-1 final cuando el partido ya terminaba, en el tiempo de aumento. No hay manera de que el cuadro aragonés sepa ganar el partido que le falta para librarse de la ruina total. No saben. No pueden. Y La Romareda ya no aguantó más. La bronca al final del duelo ante los vallecanos fue mayúscula, inevitable, espontánea, fruto de la impotencia, viendo desde hacía muchos minutos que el nuevo fiasco se acercaba, hasta que se consumó.

Y eso que, hasta ese momento fatídico, todo había ido medianamente bien. Fortuna. Suerte de cara. Acierto en el momento oportuno y mala puntería del rival hicieron que el Real Zaragoza firmará la primera parte con la clásica ventaja de 1-0 cuando juega como local. Baste un dato (doble) para explicar este razonamiento: el Rayo Vallecano, que tocó mejor la pelota todo el tiempo, remató dos veces a los palos, una todavía con el 0-0 en el marcador. No jugó bien el equipo de Láinez. Lento, sin más ideas que las que aportaba Lanzarote cuando venía a recibir a la línea media. Demasiados balones perdidos, escasa combinación. Lo de casi siempre. Lo habitual.

Empezó la calurosa tarde (una barbaridad jugar en este tiempo a las 4) con esos minutos de tanteo clásicos, donde el rival siempre guarda respeto al Real Zaragoza. Y ahí, los de Láinez generaron dos sustos para el portero Gazzaniga. El primero, en una frivolidad del luego goleador Pombo, que intentó en el minuto 11 una vaselina desde campo propio, más de 55 metros, que casi se come el guardameta argentino del Rayo, muy adelantado. Se fue alta por solo un metro. El segundo en un pase de Ros a Ángel en el área cuyo remate, en el 12, fue taponado por Amaya. Debio tirar antes el asistente Ros, pues tenía una posición franca en la corona. Pero sigue costando ver un chut de media distancia en este equipo.

Enseguida, el Rayo tomó el timón. Con Fran Beltrán y Baena superando a todos los medios zaragocistas. Zapater, pesado, al ralentí; Bedia, desaparecido; y Ros, sin chispa y reculando cuando debió mirar hacia delante siempre. Embarba superó varias veces a un dubitativo Cabrera y, en el otro flanco, ante la falta de velocidad de Ebert, el que se las hizo pasar canutas a Isaac fue el lateral largo Alex Moreno, un puñal en ataque. Se olía peligro en la portería de Ratón mucho antes de que Embarba cabecease, solo a placer, al larguero, en el minuto 17. El vallecano falló un gol hecho. Poco antes, ya había amenazado con un centro-chut cerrado que no halló rematador y, tras pasearse delante de la portería, se marchó fuera.

Temblaba la defensa zaragocista y se oían los primero murmullos en la grada cuando Manucho, en el 19, remató solo en el punto de penalti otro balón volcado al área blanquilla. Por suerte, colocó mal su enorme cuerpo y el balón se le fue alto cuando se barruntaba lo peor. A los de Láinez, tocados físicamente ya en ese momento, los vino a ver la divina providencia con el gol de Pombo. Un bálsamo inesperado que modificó lo que el fútbol hacía prever sobre el césped.

Fue una jugada entre Isaac y Lanzarote que el catalán, entrando hasta el poste, concluyó con el pase de la muerte, atrás, perfecto, para que Pombo fusilara justo a la escuadra izquierda rayista. Un golazo salvador de un momento difícil. El Zaragoza se tranquilizó y el Rayo sintió el golpe. Isaac repitió penetración cinco minutos después, pero no supo culminar la acción como el hábil Lanzarote. Su centro, raso, no llegó a rematarlo Ángel bajo palos. Una pena no haber aprovechado esos momentos de superioridad para haber anotado el 2-0.

Le costó poco a los madrileños retomar el mando. El Real Zaragoza adoptó una postura conservadora, jugando como siempre con el reloj en su mano cuando el tanteador le sonríe. De tantos amagos como hubo en el último cuarto de hora en el área de Ratón, llegó el segundo poste protagonizado por el mismo jugador, Embarba. El rayista cabeceó una falta lateral de Ebert y la pelota se fue al palo con Ratón ya batido. Era el minuto 43. De nuevo los hados jugaron de blanquiazul. Y se llegó al pretendido y deseado descanso. La misión inicial, estaba cumplida por los zaragocistas.

El intermedio, momento fatal desde hace dos meses, se desarrolló con dos cambios esta vez. Uno por bando. Láinez quitó a Isaac, superado en su banda, y metió a Feltscher en busca de consistencia defensiva. Y el Rayo Vallecano, por el mismo lado, pretendió dotar de más veneno al ataque, relevando al diésel Ebert por el eléctrico Lass. Y comenzó la aventura para el Real Zaragoza. Su particular calvario desde marzo, tiempo en el que no rubricó un solo gol en 9 partidos.

El Rayo salió en tromba. Película repetida y vista mil veces en La Romareda. Embarba, que tuvo el punto de mira desviado, gracias a Dios, casi empató en el 48, pero su disparo cruzado rozó la escuadra por fuera. En el 50, el mismo punta madrileño, erró lo increíble, a un metro del palo de la portería de Ratón, cabeceando en plancha un centro de Lass (que había roto la cintura a Cabrera en la banda), fuera, cruzado, con todo el mundo cantando ya el tanto.

Ángel era el único desahogo zaragocista. Entre el dominio visitante, el ariete canario probó suerte un par de veces en pos del segundo tanto. Un disparo desde lejos se le fue fuera por poco y, después, cabeceó sin ángulo un pelotazo largo colgado al área, alto, con el portero encima. Láinez quitó del campo muy rápidamente a Lanzarote (quizá demasiado pronto), para meter a un silbado Xumetra. Singular reacción la del público, siempre sabio y soberano. Todo por la frescura, por la energía renovada. Aunque, en este caso, se perdiera la poca imaginación que tiene el actual Zaragoza.

Perdió algo de fuelle el ataque de los de Míchel Sánchez con el paso de los minutos, lo que llevó al entrenador del Rayo a meter en danza a Javi Guerra en punta. Mientras, el Real Zaragoza, a balón parado, estuvo cerca de lograr el 2-0. En la segunda jugada tras un córner, centro Feltscher en el minuto 64, peinó Cabrera y Edu Bedia ejecutó una preciosa chilena en el área que se estrelló en el larguero. Lástima porque era un momento culminante del choque.

Un error de Ratón, en la recepción del enésimo córner lanzado por los de Vallecas, propició un remate de Baena, solo, que se le marchó por encima del marco en el 67. Volvían los nervios, dentro y fuera del campo. La psicosis. El hábito. El Real Zaragoza ganaba, sí. Faltaban ya menos de 20 minutos. No calentaban ni Samaras ni Cani. Y el Rayo, con más corazón que cabeza, presionaba arriba. ¿Pasaría otra vez lo de tantos y tantos días, ese gol del rival en la recta final del partido? Era la pregunta que pasaba, como una ola, por todos los graderíos.

A falta de un cuarto de hora, aprovechando un golpetazo recibido por Ratón que requirió asistencia, todos los jugadores se acercaron a los banquillos a beber agua. Cosas de la LFP y sus horarios. Y, en esas, el partido se introdujo en el túnel de cada día. El Real Zaragoza, instintivamente, se metió atrás. Todos. Los 11 en campo propio. Y a verlas venir. El Rayo, claro, no le quedó otra que atacar.

Y, como el agua siempre va a lo hondo, La respuesta a la pregunta anterior fue afirmativa. Pasó, un día más, lo de siempre. El Rayo empató en el 92. El equipo de Láinez no supo guardar su ventaja. Fue un flan en defensa. Un desastre tácticamente. Un caos como equipo. Fue marcar Embarba (por fin atinó el delantero vallecano) y saltar por los aires la paciencia del zaragocismo. Una bronca sin precedentes este año. Quedaban dos minutos, pero a la gente ya le dio igual. Cansada, hastiada, la afición sintió como una daga en el corazón el gol del Rayo. Está viendo al peor Real Zaragoza desde hace 70 años y, a falta de dos jornadas, el descenso a Segunda B aún es posible. La victoria, que estaba casi en el bote, no garantizaba todavía la salvación. Así que el empate, mucho menos.

Vienen curvas y la mecánica del Real Zaragoza es muy deficiente. Cinco jornadas seguidas sin ganar. Solo sumando 3 de los últimos 15 puntos. Agónico calvario. A este Zaragoza, o lo salvan los resultados de los demás, porque al final haya cuatro peores, o por sí mismo hace ya días que está mostrando su incapacidad para solventar sus problemas. Así que a escuchar la radio, a ver la tele de pago o a mirar internet. La vida está, de rebote, en otros campos.

De no salir los marcadores de terceros bien, los muchachos de Láinez tendrán que ir a puntuar a Gerona (el Girona es casi equipo de Primera División y lo celebrará el próximo domingo en el choque ante los aragoneses, mal panorama) o a ganar en La Romareda al Tenerife en el último capítulo de este desastroso año. Palabras mayores. Da miedo. Esto es lo que hay. Hace meses. Se trata de un esprint final propio a un curso calamitoso.

Ficha Técnica:

Real Zaragoza: Ratón; Isaac (Feltscher, 46), Marcelo Silva, José Enrique, Cabrera; Zapater; Edu Bedia (Edu García, 79), Javi Ros; Lanzarote (Xumetra, 57), Pombo; y Ángel.

Rayo Vallecano: Gazzaniga; Galán (Cristaldo, 83), Dorado, Amaya, Alex Moreno; Baena, Fran Beltrán; Embarba, Jordi Gómez, Ebert (Lass, 46); y Manucho (Javi Guerra, 61).

Árbitro: González Fuertes (Comité Asturiano). No mostró tarjetas.

Goles: 1-0, min. 21: Pombo. 1-1, min. 92: Embarba.

Incidencias: El tempranero horario, las 4 de la tarde, hizo que el duelo se jugase bajo un tórrido sol, prácticamente de verano, solo aliviado por un suave viento y algo de bruma más tarde. A la hora del inicio, la temperatura era de 32 grados.En las gradas, una entrada similar a la de los últimos días, sobre 17.000 espectadores, de los que apenas 200 serán seguidores rayistas.

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