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Real Zaragoza

Natxo González, el entrenador que rescató a Lanzarote

El actual técnico del Reus rehabilitó al extremo zaragocista en el Sant Andreu cuando, con 24 y 25 años, estaba a punto de descarrilar en su carrera futbolística.

Lanzarote y Natxo González se abrazan efusivamente antes del inicio del Real Zaragoza-Reus de la primera vuelta en La Romareda.
Natxo González, el entrenador que rescató a Lanzarote
Aránzazu Navarro

El abrazo que Manu Lanzarote le dio a Natxo González sobre el césped de La Romareda antes del inicio del partido Real Zaragoza-Reus Deportiu en la primera vuelta no era un mero cumplido. Fue un gesto de agradecimiento eterno a un maestro, a un amigo con ascendencia sobre su carrera futbolística. Porque, en unos momentos delicados para el futbolista blanquillo, cuando su trayectoria como jugador aún no se había definido y tenía peligro de descarrilamiento, el actual entrenador del Reus, entre 2008 y 2010, fue quien rescató para el fútbol de élite a Lanzarote en un par de notables temporadas al frente del histórico Sant Andreu de Barcelona.

Allí, en el equipo cuatribarrado de la barriada barcelonesa, Natxo González hizo de Lanzarote la estrella de un equipo que jugó dos promociones de ascenso a Segunda División que, sobre todo en la segunda ocasión, estuvieron a punto de devolverlo al ámbito profesional, como ya estuvo durante mucho tiempo, en los años cincuenta, finales de los sesenta y en los setenta del siglo pasado. Lo impidió el Barcelona B en una discutida final de los 'play-off' con los dos equipos de la ciudad condal como protagonistas.

Lanzarote, tras haber salido de la cantera del Barça y pasar por la del Atlético de Madrid, vivió un descenso con el Lleida (de Segunda a Segunda B) y, lo más impactante, otro con el Oviedo, de Segunda B a Tercera, lugar donde sufrió circunstancias duras en el terreno personal (como toda la plantilla carbayona). Con 24 y 25 años, las dos campañas de Manu a las órdenes de Natxo González fueron cruciales para que recuperase su ilusión por el fútbol y pudiera mostrar su clase y relevancia sobre el césped.

Manu Lanzarote, que venía de una profunda depresión por la mala fortuna en la elección de sus destinos, fue rehabilitado por el técnico vitoriano en el Sant Andreu. Allí compartió vestuario, entre otros, con el zaragozano Luso Delgado (ahora en el Córdoba); con los exzaragocitas Edu Oriol (Tenerife) y Abraham Minero (Levante); con Aday (Girona); con el portero Pau Torres (Valladolid); con Máyor, el ariete precisamente del actual Reus, con el que conformó una dupla de ataque letal: 26 goles marcó Máyor, muchos en asistencias de Lanza, que también aportó sus 6 dianas.

De aquel renacer bajo la tutela de Natxo González, Lanzarote daría el salto hacia arriba para, tras un paso breve por el Atlético Baleares y el Eibar, acabar en el Sabadell, donde pisaría la Segunda División y se ganaría un puesto en la Primera, de la mano del Espanyol. A partir de ahí, lo más reciente, ya está refrescado recientemente: cesión al Alavés, paso efímero por el Asteras Trípoli griego y llegada al Real Zaragoza. 

Este domingo, en el Camp Nou Municipal de Reus, Lanzarote y Natxo González, con total seguridad, volverán a abrazarse de manera sincera. La historia del extremo zaragocista es la que es, en buena medida, porque un buen día se cruzó en el camino con el entrenador vasco.

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