Real Zaragoza
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Prohibido perder para dar continuidad a la reacción sostenida

El Real Zaragoza debe puntuar en el campo del colista, el Mirandés, para seguir acercándose a la permanencia matemática y no romper su notable racha con Láinez.

César Láinez, entrenador del Real Zaragoza, sube al autobús para iniciar el viaje a Miranda de Ebro en la tarde del sábado.
César Láinez, entrenador del Real Zaragoza, sube al autobús para iniciar el viaje a Miranda de Ebro en la tarde del sábado.
Toni Galán

Acudir al campo del colista es siempre un reto, una obligación, un plus de exigencia para el equipo de turno, sea en la categoría que sea. Esta vez es el Real Zaragoza el que vive esa experiencia, ya metidos en la recta final de la liga, en la jornada 35ª de la Segunda División, con este viaje cercano y masivo en presencia de aficionados al campo del Mirandés.

El envoltorio del choque impulsa al zaragocismo a soñar con un nuevo triunfo fuera de casa, por aquello de que en frente va a estar el peor equipo de la categoría a estas alturas de torneo, con muy mala pinta hace semanas y que huele a descenso a Segunda B en mes y medio. Pero resulta que el propio Real Zaragoza no anda muy sobrado de argumentos como para sustentar ese favoritismo tan fácilmente. Los aragoneses también están intentando huir de la zona de máximo riesgo hace un par de meses largos y llegan al campo de Anduva con las perennes dudas sobre su capacidad física, sobre su solvencia a la hora de redondear los marcadores favorables y con ese halo de equipo incompleto y lleno de carencias que lo ha salpicado desde agosto.

Aun así, el Real Zaragoza, rehabilitado en sensaciones y resultados por César Láinez desde su llegada al banquillo hace cuatro jornadas, llega a casa del Mirandés en un momento propicio para lograr la continuidad de una buena dinámica de puntos, que antes del partido en tierras burgalesas es de 8 puntos sumados de los últimos 12 disputados, con dos victorias y dos empates en el corto trecho que el exportero zaragozano ha llevado el timón del vestuario. Hilvanar cinco jornadas sumando puntos sería un magnífico resorte anímico para todos, jugadores, técnicos y aficionados en general. Ése es el objetivo mínimo en Anduva: puntuar.

Obviamente, si el a través de la victoria y los 3 puntos, el paso adelante será con las botas de siete leguas. Casi decisivo para escriturar la calma en la clasificación. Sería un éxito tremendo para la plantilla y, sobre todo, para Láinez, volver a casa de madrugada con un parcial de 11 de 15 en las cinco jornadas con él al frente. Una reacción sobresaliente para como pintaban las cosas con Agné en los últimos tiempos de desventuras. Pero, si es simplemente con el empate, visto como un botín menor -por la necesidad que tiene el Real Zaragoza y por tratarse el Mirandés del último clasificado-, al menos supondría el alargue de la cadena de partidos con rentas.

Todo, menos perder. Eso si que debe estar prohibido en Miranda de Ebro para los zaragocistas. Un frenazo en seco a solo 7 fechas para la conclusión de la liga, frente al colista y con un calendario que se complica en adelante, reavivará ese fuego amenazante que Láinez y sus muchachos controlaron progresivamente en el último mes hasta dejarlo, por momentos, en simples brasas.

Habrá más de mil seguidores blanquillos en las pequeñas gradas de Anduva. Eso hará el partido distinto para los jugadores. Va a ser un duelo de cercanías, con movilización masiva de la hinchada. El más numeroso de este año (una vez se aguó la fiesta en Soria, lo de Huesca cayó en día laborable y Pamplona está eventualmente en Primera este año). Este acicate anímico debe repercutir en una actuación diferente a tantas anteriores. Como si fuera una pequeña Romareda. Esa es la intención de todo el mundo, dentro y fuera del césped.

En frente, el desesperado Mirandés está entrenado desde hace 20 días por el zaragozano y zaragocista Pablo Alfaro. Garantía de carácter y garra. Dijo el viernes el entrenador rojinegro que "si ganan los partidos de Anduva" de aquí a junio van a salvarse "con total seguridad". Así que ya tienen plan. Los de Miranda ya saben cuál es su tarea, según los cálculos de su cuarto preparador del curso, tras Terrazas, Claudio Barragán y Álvarez de los Mozos. Y el Real Zaragoza debe ser su primera víctima a tenor de la previsión de Pablo Alfaro (que ya se estrenó en casa hace 15 días derrotando 2-0 al Alcorcón, un rival directo). Es decir, los de Láinez deben estar preparados para un chaparrón de presión, agresividad y tener previsto un partido largo y tortuoso... por lo que pueda pasar.

Este es el programa del día para el zaragocismo. Un día de San Jorge muy especial, a 250 kilómetros, remontando el Ebro hacia el noroeste. Peleando por algo que no estaba previsto en agosto, la permanencia en Segunda División en vez del ascenso a Primera. Con un equipo que salió rana enseguida y que acomete las últimas 8 jornadas en unas coordenadas bien alejadas de las diseñadas por el club hace 9 meses, en el pasado verano. Llevado de la mano de Láinez, sin que jamás haya decaído el ánimo de sus fieles incondicionales seguidores y, digno de destacar también, con la actitud de profesionalidad de la plantilla en la mayor parte de los momentos delicados que se han vivido.

Miranda, con menos presión que en las cuatro jornadas anteriores, vuelve a ejercer de bisagra para el Real Zaragoza. Si gana en Anduva, el cuadro aragonés respirará hondo y fácil porque tendrá a mano la orilla. Pero, si no es así, especialmente en caso de derrota, los problemas se reactivarán en una jornada donde los rivales de la cola están sacando fuerzas de flaqueza.

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