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Dos partidos seguidos en La Romareda, arma de doble filo para el Real Zaragoza

Nástic de Tarragona y Numancia de Soria visitarán en 7 días al cuadro zaragocista, 6 puntos de obligada suma si se quieren evitar serios problemas.

Cani conduce la pelota en una acción del último partido del Real Zaragoza, este domingo pasado en Alcorcón.
Dos partidos seguidos en La Romareda, arma de doble filo para el Real Zaragoza
Enrique Cidoncha

O puerta grande, o enfermería. El Real Zaragoza, que sigue sumido en un profundo bache de resultados en los dos últimos meses (solo ha sumado 5 puntos de los últimos 21 disputados), se ve obligado ahora a afrontar, por la conformación del calendario, los dos próximos partidos como local: recibirá en una horquilla de 7 días, de manera consecutiva, al Nástic de Tarragona y al Numancia de Soria.

El estadio de La Romareda va a convertirse, por lo tanto, en el lugar clave para definir con enorme fidelidad cuál va a ser el camino a desbrozar por el Real Zaragoza de aquí a final de temporada: si el de la pelea por un puesto en la promoción de ascenso (referencia que está en estos momentos a 8 puntos, cada vez más lejos) o, por el contrario, el de la fea pelea por evitar caer en la cola y en el lío del descenso a Segunda B (hoy en día es lo más próximo en la tabla, a 5 puntos de profundidad por debajo del 14º puesto de los zaragocistas).

Todo lo que no sea ganar al Nástic y al Numancia es sinónimo de fracaso. No caben subterfugios. Los de Tarragona, colistas toda la liga, acaban de ceder este fin de semana el 22º puesto al Almería, pero llegarán a La Romareda como penúltimos, con 26 puntos (6 menos que los aragoneses, una distancia menor de la que tiene el Zaragoza respecto de la ansiada promoción). Una semana más tarde, vendrá al estadio municipal zaragozano el Numancia, que tras una irregular liga vive en mitad de la tabla, 9º con 36 puntos, 4 más que los blanquillos. Son, a priori, dos de los partidos en los que el Real Zaragoza no puede dejar de sumar victorias de aquí al final del torneo en junio.

Seguir inmersos en una larga crisis de solvencia de puntos obliga al Real Zaragoza a no poder fallar más a corto y medio plazo. Requiere de una súbita reacción, de un inmediato respingo en la tabla que, obviamente, pasa por este doble triunfo como local ante dos adversarios que no son de los mejores de la división durante este curso. El cupo de pifias debería estar agotado en La Romareda. Se trata, en cualquier caso, de una presión extra para los jugadores y técnicos blanquillos. No se conciben más errores como locales y, menos aún, contra el Nástic y el Numancia. No hacen falta más explicaciones ante unos momentos previos tan cristalinos como los actuales.

La Romareda, en circunstancias de normalidad, debe ser un aliado para los apurados protagonistas. Un gran y decisivo aliado. Con ello cuentan, en las vísperas de ambos choques, los futbolistas y técnicos blanquillos. Pero el grado de complicidad está en sus manos, en sus pies, en sus cabezas. El equipo zaragocista ha de ofrecer algo que, muchos días, no ha sido capaz de dar a la afición. En los tres últimos partidos como locales fallaron: 0-2 ante el Girona, 1-1 contra el Lugo y 0-1 frente al Levante. Son los innegables antecedentes. Las reseñas de lo que no cabe repetir en lo sucesivo y, mucho menos, en estos dos próximos partidos ante catalanes y castellanos donde tanto se juega el Real Zaragoza.

El devenir de la competición trae ahora de la mano este díptico con el Nástic y el Numancia como visitantes de La Romareda los días 26 de febrero y 5 de marzo. Una oferta del destino para que el Real Zaragoza enlace, por fin, la suma de 6 puntos de manera consecutiva y sienta el bienestar de síntomas reales de su rehabilitación en la competición. Lograrlo, será el último enganche -probablemente- al optimismo general respecto del futuro en este torneo 2016-17. Si el equipo volviera a fallar (bastará para ello no ganar los 6 puntos), las derivadas no tendrían en ningún caso una lectura fácil o entendible a su alrededor.

Por eso, estos dos partidos, en principio accesibles y con la ventaja inicial de jugar como locales, son para el Real Zaragoza un arma de doble filo. O lo hace bien, perfecto, logrando el objetivo y sale airoso del trance; o, en caso de no lograrlo, los efectos perniciosos pueden ser multiplicados por todo lo acumulado previamente en sentido contrario a las previsiones iniciales del proyecto. No se contempla una salida indiferente de este par de choques en La Romareda ante Nástic y Numancia. O puerta grande y renacimiento, o enfermería y nerviosismo inevitable.

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