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Ganar, ganar o ganar, las tres únicas alternativas para el Real Zaragoza

El equipo de Agné inicia este domingo en Alcorcón una mini liga de 17 partidos en los que ha de recuperar al menos 9 puestos en la tabla. Y no tiene apenas margen de error.

Agné, de espaldas, habla con su ayudante, Rodri, mientras el equipo se ejercitaba este sábado en la Ciudad Deportiva.
Agné, de espaldas, habla con su ayudante, Rodri, mientras el equipo se ejercitaba este sábado en la Ciudad Deportiva.
Aránzazu Navarro

A 17 partidos para que la liga concluya, con 15 puntos de desventaja sobre el ascenso directo, a 7 de la última plaza de promoción que dé opción de pugnar por subir a Primera en junio y con solo 4 puntos de colchón con la zona de descenso a Segunda B, no puede caberle duda a nadie cabal de que el partido que afronta el Real Zaragoza en Alcorcón en la noche invernal de este domingo, 19 de febrero de 2017, es de valor superlativo. Tanto para el presente más rabioso, como para el futuro que aguarda a la vuelta de la esquina y que, por la irregularidad del equipo aragonés desde que el torneo empezó en agosto, todavía no está claro cuál va a ser, qué perfil va a tener.

Plantilla y cuerpo técnico llevan semanas intentando tener y mostrar fortaleza. Tanto mental, como grupal y futbolística. En fútbol, como en otras facetas vitales, hay veces que el examen oral se pasa con nota alta pero se falla en el práctico. Algo así viene sucediéndole al equipo y a muchos de sus protagonistas principales en el último mes y medio. Los propósitos, las descripciones de la situación y los deseos son siempre mucho mejores que los resultados posteriores e, incluso, como ahora, que los anteriores y recientes. Y, por este motivo, el margen de maniobra para el actual Real Zaragoza ha quedado reducido a la mínima expresión con el paso de las semanas y la acumulación de patinazos.

Porque, salvo el triunfo en Huesca, por 2-3, hace 15 días, el equipo de Agné no ha logrado redondear una jornada positiva desde que comenzó 2017, tras el parón de Navidad y Año Nuevo. Las vacaciones del final de diciembre las afrontó el Real Zaragoza en una cresta positiva, tras ganar 2-1 al Oviedo y 1-2 en Vallecas al Rayo. El calendario quiso que, en la reanudación de la competición, visitase La Romareda el Girona, 2º clasificado con 6 puntos más que los blanquillos. De haber ganado a los catalanes en ese duelo, el equipo que dirige Agné se hubiese alzado al tercer o cuarto puesto, a tiro de un solo partido de los puestos de ascenso directo. Parecía el momento decisivo para restaurar el titubeante inicio de curso que se llevó por delante en su día al primer entrenador, Luis Milla, y denunció las carencias de una plantilla mal hilvanada por el también desaparecido Narciso Juliá, el exdirector deportivo. Pero el equipo se le atrancó de mala manera a Agné y nada de lo soñado, esperado o deseable sucedió.

En Alcorcón, en este domingo carnavalero, el Real Zaragoza afronta otro momento bisagra, pero en otro nivel de rango, bien distinto al de aquel 8 de enero. Ahora se trata de ganar para evitar efectos secundarios desconocidos hasta hoy entre el zaragocismo. Tras perder aquel día frontera contra el Girona, el equipo cayó en Tenerife, también en Murcia ante el UCAM. Entró en colapso durante 15 feos días y se despeñó en la clasificación. Cedió fuelle en la pugna por la zona alta de la tabla. No supo ganar tampoco al Lugo en La Romareda (1-1) y, tras lo de Huesca, volvió a patinar el pasado fin de semana en casa ante el Levante (0-1). La racha es para hacer una analítica completa y verificar su origen real: solo ha sumado 4 de los últimos 18 puntos, el 22 por ciento. Poco, nada que añadir.

Así que, en Alcorcón, solo será evaluable como positivo un triunfo del Real Zaragoza. Ahora, los empates no sirven, no son motor de arranque de ninguna reacción suficiente. Se necesita ganar. Solo ganar. Únicamente es válido ganar. Agné y sus pupilos, si quieren armar de consistencia su discurso oral, han de hacer una parte práctica igual de rotunda y sugerente que lo son sus palabras diarias. La letra bella necesita de música a su altura. Si no, la melodía y la armonía chirrían en el resultado final. A estas alturas, letra hay de sobras. Falta el son, la caja de ritmos.

No es cualquier cosa el partido de Alcorcón. El zaragocismo espera con ansias positivas la perentoria y definitiva reacción de los suyos. Necesita que, igual que están rumiando por fuerza mes y medio de desvanecimiento en los resultados globales (con aquella única gran alegría de El Alcoraz), ahora surja una racha inversa, donde en cuatro o cinco semanas el Real Zaragoza sea capaz de volver a conectar con las seis primeras posiciones de la clasificación.

El equipo ha hecho cosas bien en los últimos días. Pero no las suficientes como para evitar los fiascos nocivos que lo han anclado en el 14ª escalón de la tabla. Agné y los futbolistas saben que pueden jugar bien, combinar y llegar al área rival con sentido y repetición, como el último día ante el Levante. También saben que pueden marcar goles con cierta soltura en fases de inspiración, como aquella segunda parte de Huesca sobre un campo lleno de agua. La cuestión es cómo hacer confluir todo en un mismo tiempo.

Alcorcón es una estación donde la importancia de los puntos exige armonizar las virtudes al máximo. Y, por supuesto, viniendo de donde se viene (de perder ante el Levante por un error garrafal del portero), en el pequeño campo de Santo Domingo es obligado no regalar al rival goles impropios de un equipo con galones en la competición de la que se trate. El cuadro de Agné, que lleva 11 partidos seguidos encajando tantos en su portería, debe arreglar este defecto como sea porque, de lo contrario, sus opciones de reacción se reducen de forma extrema. Exhibir 35 goles recibidos en 25 jornadas tiene complicada digestión y más complicada justificación en un aspirante a la cabeza de la liga (al menos, a entrar entre el 3º y el 6º puesto).

Este es el decorado de la visita del Real Zaragoza a Alcorcón. Con sus preludios, sus entremeses, su reparto, su tramoya. La puesta en escena es lo que queda en manos de los protagonistas, del apuntador, del ingeniero de sonido, del jefe de iluminación… Todos saben lo que hay porque, en fútbol, existe un termómetro fiel que es la clasificación y sus números. Así que, para que la ovación sea larga cuando el telón de Santo Domingo se baje, la compañía solo tiene una solución: vencer. Y, como alternativa, únicamente aparece de nuevo vencer.

Cada partido, recuérdese hasta junio, es del formato de una eliminatoria. Ni es válido, por supuesto, seguir perdiendo (con 10 derrotas, el Zaragoza está al nivel del colista Nástic en ese parámetro), ni los empates lo van a sacar del fango donde se atascó después de Reyes. Cada fin de semana, hay que salir adelante de la eliminatoria en cuestión a través de un triunfo. Lo contrario, cada vez sería más dañino. Este domingo, hay que tumbar al Alcorcón. Y no hay demasiadas cosas más que valorar al respecto.

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