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Real Zaragoza

Irureta pasó del gotero y la camilla en la Quirón a la portería en hora y media

Nadie halla una explicación lógica a la postura de Agné sobre la alineación del portero vasco, aquejado de una virulenta gastroenteritis en la previa ante el Girona.

Irureta grita a sus compañeros en un lance del juego en el partido ante el Girona.
Irureta pasó del gotero y la camilla en la Quirón a la portería en hora y media
Aránzazu Navarro

Lo ocurrido con Xabi Irureta el pasado domingo no tiene precedentes. El portero del Real Zaragoza pasó en hora y media de estar tumbado en una camilla del Hospital Quirón con un gotero en vena a ser titular en el importante partido frente al Girona. Aquejado en las 24 horas que antecedieron al choque de una virulenta gastroenteritis, Irureta se había presentado a las 10.00 en La Romareda en un estado físico deteriorado por la molesta afección estomacal e intestinal, que le provocó vómitos y diarreas durante la madrugada previa y, por ende, una debilidad y malestar general de visibles efectos en su tono de piel y en su ánimo. Además, lejos de remitir, los síntomas siguieron activos con el paso de los minutos.

Irureta acabó siendo trasladado a la Quirón para ser sometido a un tratamiento de choque vistas las circunstancias. Los responsables del área deportiva hicieron llamar al guardameta del filial, Aitor Chueca, que finalmente no viajó con el RZD Aragón a Belchite para jugar el duelo de Tercera División. Y Ratón se perfilaba como titular a la fuerza. Al mediodía, a menos de 6 horas para el inicio del partido ante el Girona y en el estado que sufría y presentaba Irureta, lo lógico era descartar su concurso por motivos más que obvios. 

Pero Agné puso todo su empeño en que Irureta tenía que jugar a las 18.00 ante el Girona. Cual razón de estado. El portero vasco fue tratado con antieméticos (medicamentos como el Primperán, cuyo efecto hace remitir las náuseas y los vómitos) y, hasta pasadas las 16.00, estuvo unido por una vía a un gotero con suero, que fue su alimento durante tan extraña y desagradable jornada. Un coche del club acudió al hospital a recoger a Irureta a las 16.30 para llevarlo del box donde había sido atendido por los médicos hasta el vestuario de La Romareda. Allí, Agné le guardaba la titularidad. De la camilla a la portería. Del gotero a parar balones. De 24 horas de calvario gastrointestinal a 90 minutos de máxima responsabilidad bajo los palos del Real Zaragoza. 

En 999 de 1.000 casos como este, Irureta hubiera sido mandado a su casa (o al hospital, como así acabó pasando al mediodía) para recuperarse con calma de su mal y, por supuesto, no hubiera sido convocado ni, mucho menos, hubiera sido alineado como titular en un partido de alto rango de su equipo. El único diferente, la excepción, la aportó a este tipo de historias el Real Zaragoza este domingo ante el Girona. Agné lo quería en el campo. ¿Cuál es la razón de fondo? ¿Confía en Ratón? ¿Midió el técnico la repercusión que tiene de cara al futuro una postura tan potente como la suya a la hora de esperar la recuperación, siquiera bajo mínimos, de Irureta en tales circunstancias? ¿Qué pensó el propio afectado sobre este caso mientras transcurría el día? ¿Y los médicos?

Todo lo reseñado en la primera parte de esta información es una reseña del discurrir cronológico de esta rareza que se dio el domingo en el Real Zaragoza. Lo último, conforma lo intangible del caso, lo que solo los protagonistas de lo acaecido saben por qué se dio así y no de otro modo, del que se hubiera aplicado en el 99,9 por ciento de los casos en una circunstancia gemela.

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