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Real Zaragoza

Los defectos vienen de fábrica, por eso son difíciles de corregir

Agné sufre en diciembre las mismas dificultades que tenía Milla en agosto. Las carencias del equipo ya se podían ver y denunciar en la 2ª jornada.

Análisis del Lugo-Real Zaragoza publicado en HERALDO.es el 29 de agosto, tras el 3-3 de la 2ª jornada de liga.
Los defectos vienen de fábrica, por eso son difíciles de corregir
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A Luis Milla, el análisis de lo acaecido en el devenir del Real Zaragoza en los primeros cuatro meses de competición no le va a devolver su puesto de entrenador al frente del equipo blanquillo. Las destituciones, normalmente, no tienen retorno. Pero, al menos, le aliviará la mente, la conciencia y la autoestima saber que, los mismos defectos y carencias que mostró el equipo con él al timón desde el primer día de la competición, siguen vigentes en diciembre, cuando su sucesor, Raúl Agné, lleva ya mes y medio al frente de la plantilla. Máculas de funcionamiento que afectan al Real Zaragoza tanto en el ámbito colectivo, como equipo de fútbol en todas sus líneas, como en el terreno individual respecto de muchos de los futbolistas que componen su actual vestuario. 

Es decir, como venía cantado desde las primeras jornadas, todavía con el verano vigente, el problema no está centrado en un porcentaje mayor en el inquilino del banquillo. Las taras del equipo vienen de fábrica, son de origen estructural en la plantilla. Por lo tanto, Milla, Agné o quien fuere, sufrieron, sufren y sufrirán los mismos calvarios cuando de que manejar táctica y técnicamente el equipo se trate.

Hay un ejemplo concreto que describe perfectamente este efecto negativo sobre la solvencia del actual Real Zaragoza 2016-17: aquella evaluación llevada a cabo en HERALDO.es tras el partido de la 2ª jornada en Lugo, el que el equipo de Milla acabó empatando 3-3 tras ir ganando 1-3 a falta de solo 20 minutos. Era el lunes 29 de agosto. Aún tiempo de campo y playa, de piscina y bronceador, de manga corta, helado granizado y noches de terraza y velador. Y el equipo, tras ganar en el estreno 3-1 al UCAM Murcia, estaba bien clasificado, había arrancado con rentabilidad en puntuación y permitía hacer el test de rendimiento con la tranquilidad que otorga ese positivo inicio de curso en cuanto a puntos y en la tabla.

Se puso en el foco de atención, de debate, a varios nombres propios. En este sitio, se empezó a denunciar una serie de síntomas que anunciaban tormenta a corto plazo si no se remendaban. El portero Irureta; los laterales (entonces, Isaac y Casado; también Fran); Morán... y, por responsabilidad global de mando, al propio Milla. En el desarrollo de aquel ejercicio analítico, también se consideró como algo preocupante "las dudas y blandura inesperada del los dos centrales, los uruguayos, Cabrera y Silva". Nada se podía sospechar entonces respecto de la importancia que iban a adquirir estos dos zagueros con el discurrir de la temporada a consecuencia del ínfimo nivel futbolístico que han aportado los dos fichajes llegados para ser sus sustitutos puntuales, Bagnack y Popa. 

El tiempo y el fútbol han hablado alto y claro. Irureta está fuera de la órbita del equipo hace días, el propio Milla tuvo que retirarle su confianza dos meses después. Los laterales, Isaac y Casado, corrieron el mismo camino con el paso de los días. Morán, asimismo, terminó desembocando en el banquillo por su inoperancia constante. Y Milla... Milla fue despedido como primera medida, según la normativa que rige en el fútbol profesional y que dice que el entrenador es el primero que paga el pato cuando las cosas se tuercen y los responsables del área directiva han de mover ficha.

Total, que aquel análisis de finales de agosto de HERALDO.es que tan poco gustó a los interfectos y a los hacedores de la plantilla (Juliá, Valentín), que se veían venir salpicaduras sobre ellos a corto plazo, está en plena vigencia con diciembre ya bien entrado. Una comprobación que, en realidad, supone una denuncia terrible sobre el estado de las cosas: el equipo no ha evolucionado en positivo apenas a pesar de haberse jugado ya cuatro meses de liga. 

En definitiva, que lo que ahora sucede ya ocurría en agosto. Y que lo que pasaba con unos jugadores titulares al principio, se repite con otros en el último tramo liguero. Y, también, que los problemas de Milla se asemejan mucho y en diversas facetas importantes del día a día a los que debe combatir Agné: número limitado de piezas útiles de cierto nivel, dificultades para montar las alineaciones en cuanto se juntan un par de ausencias por lesión, sanción u otros motivos...

Milla se quedó por el camino porque el equipo se le murió anímicamente en las manos. Su talante no le ayudó a dar vida a esta amalgama heterogénea de piezas dispares. Ahora, a Agné, tras un inicio tan prometedor como el que tuvo Milla en agosto y septiembre, le está empezando a pasar lo mismo pese a que el carácter del de Mequinenza es más sonoro, ágil y vistoso que el del de Teruel. Lo que lleva a colegir que el mal fundamental no está en ese factor del talante del entrenador, aunque en momentos puntuales sí que pueda ser un vector de mando que ayude o perjudique a acelerar reacciones en el colectivo humano. Cuando se mezclan todos estos factores de análisis en la probeta, la reacción del contenido señala directamente al perfil de la plantilla como asunto mollar de las dificultades que padece el Real Zaragoza en esta liga. Ahí hay que actuar con rapidez, contundencia y, sobre todo, con mucho, mucho, mucho acierto. La cosa no está para bromas. Dar un vistazo a la clasificación ofrece una panorámica excelente de lo que se pone en juego en el próximo mes y medio.

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