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Real Zaragoza

Cani, Zapater, José Enrique y Juan Muñoz, fuera del grupo en la sesión de tarde

Agné y el cuadro técnico quieren dosificar a los veteranos como norma habitual, con trabajo individualizado permanente.

Cani y Zapater, juntos en la parte matinal del entrenamiento de este martes. Por la tarde, no estuvieron con el grupo.
Cani, Zapater, José Enrique y Juan Muñoz, fuera del grupo en la sesión de tarde
Aránzazu Navarro

Concluyó la primera jornada de trabajo de la semana en el vestuario del Real Zaragoza, tras una exigente e intensa doble sesión preparatoria programada por Raúl Agné y sus colaboradores. En total, más de cuatro horas de entrenamiento real, tanto de índole física, como técnico-táctica, como de visionado de vídeo para memorizar errores que no deben repetirse y virtudes sobre las que insistir en el futuro. Y, después de que por la mañana todo el mundo estuviera con el grupo con normalidad (salvo los lesionados Wilk, Xumetra, Dongou e Isaac), el tramo vespertino ha puesto en evidencia las primeras particularidades de la pauta de Agné con su plantilla.

Cani, Zapater, José Enrique y Juan Muñoz no han participado en el ensayo de la tarde. Se han ido al gimnasio directamente y han pasado también por las manos de los fisios. Cani centra toda la atención de esta semana previa al choque frente al Mirandés en La Romareda el próximo domingo a las 20.00. La incertidumbre en la que vivió los días precedentes al último partido en Mallorca, después de los problemas musculares que reaparecieron tras jugar frente al Almería como consecuencia de una fuerte entrada sobre un muslo que recibió el zaragozano de un rival andaluz, concluyó con su suplencia en Son Moix. No está bien del todo. Necesita restauración en la zona dolorida y se teme una recaída en la rotura fibrilar que padeció en el campo del Levante en septiembre y que le tuvo cinco semanas (seis partidos) fuera del equipo. Por eso, a Cani se le han diseñado entrenamientos a la medida. No solo para ahora, si no que la vocación es que así sea en lo sucesivo, sine díe.

Zapater y José Enrique, otros dos veteranos de suma importancia en los esquemas de la plantilla, también circularán en adelante por caminos similares de máximo control físico. El ejeano lo viene jugando todo, absolutamente todo (solo fue sustituido muy al final en un partido, el de Soria), fruto de su enorme fortaleza. Pero ello no puede esconder que viene de más de dos años y medio sin apenas poder competir por un cúmulo de lesiones concatenadas en su final de etapa en Rusia, en el Lokomotiv de Moscú. Y el riesgo de fatiga muscular es real. Una amenaza a eludir cada hora que pase de aquí a junio.

Por su parte, el valenciano José Enrique comenzó a jugar hace un mes en Sevilla, anticipando su reaparición a causa de las bajas (y de la falta total de confianza en Popa y Bagnack), después de venir de un verano apátrida, sin equipo con el que entrenarse desde que en mayo acabó su compromiso con el Liverpool inglés, en cuyas filas pasó, además, dos años sin jugar demasiados minutos. La puesta a punto del lateral zurdo está aún sin concluir, su rodaje requiere todavía de más kilómetros y días de esfuerzos físicos a tolerar progresivamente. 

Es, por lo tanto, lo ocurrido este lunes de doble entrenamiento, un paradigma de lo que se prevé hacer con la preparación semanal de los veteranos de alto rango: un trabajo a la medida de cada uno en los momentos precisos de la competición. Lo que pida la actualidad y el presente. 

Juan Muñoz, el estelar goleador del sábado en Mallorca, es la excepción del cuarteto de ausentes en la parte vespertina del entrenamiento del Real Zaragoza en este arranque de semana. Ni es veterano ni necesita, a sus 21 años, demasiadas pautas extraordinarias de cuidados. Pero, esta vez, sí que sus músculos pedían aire por un rato.

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