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Real Zaragoza
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Ambiente distendido y de confianza en el equipo

El ensayo de este viernes discurrió en un envoltorio de camaradería, bromas y gestos de compañerismo en la plantilla del Real Zaragoza.

Luis Milla, en primer término, y los jugadores, en el entrenamiento de este viernes.
Ambiente distendido y de confianza en el equipo
José Vidal

La mala racha de resultados es un hecho indiscutible. El despeñamiento en la clasificación, del 2º al 14º puesto en tan solo cinco jornadas, nadie lo puede poner en duda. El deficiente juego del equipo, es reconocido incluso dentro del vestuario. La negativa conducta del grupo cuando encaja goles, tambien es un síntoma de alarma que se asume sin excusas en el grupo. Pero, por encima de todos estos problemas que han llevado a los dirigentes del Real Zaragoza a valorar un cambio de timón en el banquillo en busca de un revulsivo tras acumular cinco jornadas sin ganar, el ambiente en el vestuario es predominantemente sano.

El penúltimo entrenamiento del equipo antes de partir hacia Valladolid, donde el domingo a las 12.00 debe buscar la reconducción urgente de sus malos pasos, ha sido una muestra clara de que, esta vez, la pésima dinámica del último mes no responde a rozamientos y problemas internos. Al contrario, la plantilla responde a un perfil calmado, donde la camaradería se impone a cualquier diferencia puntual. Por ahí no hay ninguna vía de agua que pueda preocupar.

El ensayo de este viernes discurrió desde el principio en un ambiente excelente, con ejercicios propuestos por el cuerpo técnico que generaron bromas, sonrisas y gestos de compañerismo permanentes. Nada que, para cualquier ajeno al presente más rabioso de la entidad zaragocista, pudiera hacer sospechar que hay un entrenador en entredicho o que el equipo sufre vértigos y dudas graves cuando se pone con un marcador adverso o encaja un gol del rival.

Luis Milla, al que la plantilla tiene en gran consideración por su talante, su modo de afrontar la evidente problemática que afecta al juego del Real Zaragoza y su discurso sensato en la adversidad, participó en los rondos, en los comentarios jocosos, en el buen rollo general.

Este es el punto de partida hacia la final de Valladolid. Algo positivo dentro de la negatividad que emiten los números y las sensaciones durante los 90 minutos de los últimos partidos. Al menos, y es un alivio, el origen del deterioro en la solvencia del equipo no radica en las diferencias de criterios y caracteres que, en otros tiempos, dinamitaron los diferentes vestuarios zaragocistas. El actual, a 21 de octubre, es un grupo unido y de gente sin demasiadas dobleces.

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