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Estupefacción en el Real Zaragoza por el penalti que no fue: la imagen no engaña

Ni sobre el campo pareció ni la televisión deja lugar a dudas: Casado despejó a córner y Guille hizo un piscinazo que Pérez Pallas se comió ingenuamente.

Captura de la transmisión por televisión del partido Real Zaragoza-Córdoba en el justo momento en el que Casado despeja a córner ante Guille en la acción que el árbitro, Pérez Pallas, consideró zancadilla del zaragocista y penalti.
Estupefacción en el Real Zaragoza por el penalti que no fue: la imagen no engaña
LFP TV

La captura de las imágenes de televisión es clara y rotunda. No fue penalti la acción de Casado con Guille que el árbitro gallego Pérez Pallas consideró pena máxima en el minuto 22 del partido Real Zaragoza-Córdoba y que supuso el 0-1, a la sazón el único gol andaluz, y decisivo en el marcador final toda vez que el choque concluyó 1-1. Se trata de un ejercicio cibernético, a posteriori, que a efectos arbitrales ya no tiene remedio, pero que en el terreno moral advierte de una constante 'mala suerte' zaragocista en las decisiones cruciales de los colegiados en sus primeros partidos de esta nueva liga 2016-17. Y, por supuesto, refuerza la evidencia de que el Real Zaragoza tiene razón a menudo cuando se queja amargamente de los efectos perniciosos de los árbitros en sus encuentros de turno.

La imagen parada del momento del 'penalti' es palmaria. Casado llega claramente al balón antes que Guille y, de un punterazo, lo manda a córner. El extremo del Córdoba, de manera antideportiva, provoca la equivocación del árbitro con un piscinazo evidente, que ya en el campo pareció zafio, mal hecho, y que en la tele queda descubierto en toda su extensión. Casado se enfadó de inmediato con Guille. Le dijo que se levantara, que no fingiera, con el típico desdén en estos casos. Simultáneamente, Pérez Pallas recibió un impulso de su cerebro arbitral que le mandó dirigir el brazo hacia el punto de penalti.

Estaba bien colocado el colegiado pontevedrés. Lo vio sin dificultades. Igual que su asistente en la banda. No tienen excusa, ni uno ni otro. Es una mera cuestión de apreciación. O se ve lo que ocurre, o se ve lo que no está ocurriendo. En este segundo caso, los juicios de valor quedan ya abiertos a mil caminos interpretativos. Por ahora, lo único mesurable desde el vestuario y los despachos del Real Zaragoza es lo siguiente: en ocho jornadas, a los zaragocistas les han pitado cuatro penaltis en contra. Más que a nadie. Un ritmo infernal de seguir así hasta junio. Letal, incluso para cualquier equipo. Y, en contraposición, el cuadro blanquillo aún no ha tenido ningun penalti a favor.

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