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Real Zaragoza

Carvajal y Ángel. Real Zaragoza y el Real Madrid. Agravio en cinco días

El internacional madridista solo fue amonestado el pasado martes por gritar al árbitro "qué fácil es pitar aquí" al final del choque con el Villarreal.

A la izda., Ángel durante el Numancia-Real Zaragoza del domingo. A la dcha., Carvajal, al término del Real Madrid-Villarreal del pasado miércoles 21, en el momento de protestar en tono elevado al árbitro González González en el Bernabéu.
Carvajal y Ángel. Real Zaragoza y el Real Madrid. Agravio en cinco días
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El Comité de Apelación ha arreglado a martillazos y de cuajo, dos días después, la enorme e inexplicable sanción que los jueces de Competición habían decretado para el delantero zaragocista Ángel por una cuestión venial que el árbitro de Soria quiso elevar a mayores en el acta del partido ante el Numancia del pasado domingo. Pero, tras anular por completo el fallo inicial y restituir el sentido común, conviene hacer una comparativa ilustrativa que ayude a analizar objetivamente las anomalías del día a día en muchos aspectos básicos del fútbol español, donde no todo el mundo es igual ni las medidas que se adoptan responden a un trato equitativo y cabal.

El agravio sufrido por Ángel y el Real Zaragoza con la sanción del Comité de Competición por dos partidos tiene un flagrante cotejo inmediato en el tiempo con lo ocurrido con Carvajal y el Real Madrid cinco días antes en el Santiago Bernabéu. No hay que escudriñar más allá en el tiempo ni rastrear con demasiada pérdida o inversión de tiempo en la jurisprudencia. Cinco días, la misma semana, lo que va de miércoles a domingo.

Una cosa es juzgar al Real Zaragoza, club ahora de Segunda División, y a un futbolista suyo de la categoría de plata como Ángel Rodríguez y otra bien diferente es hacerlo al Real Madrid, grande del mundo, y a uno de sus internacionales, el lateral español Dani Carvajal. Basta revisar el vídeo del partido Real Madrid-Villarreal (1-1) de hace ocho días, en la 5ª jornada de Primera División.

Sabido es que el desproporcionado castigo impuesto a Ángel por Competición es consecuencia de la frase que el árbitro andaluz, Pérez Montero, reflejó en el acta en boca del delantero zaragocista a la conclusión del partido Numancia-Real Zaragoza en la zona de vestuarios del campo de Los Pajaritos: "No nos has tratado a los dos equipos igual".

Pues bien, Carvajal, solo cien horas antes, al término del Real Madrid-Villarreal, rodeando sobre el césped al colegiado castellano-leonés González González junto a varios de sus compañeros (Sergio Ramos, Lucas Vázquez...), le espetó al árbitro: "Qué fácil es pitar aquí", voz en grito al menos un par de veces. El algodón (las imágenes de televisión) no engaña. El enfado del defensor merengue le hizo olvidarse de la maniobra ultramoderna de ponerse la mano sobre la boca y todo el mundo leyó sus labios con exactitud.

El vallisoletano José Luis González González decidió mostrarle la tarjeta amarilla, ya a partido concluido, hecho que la nueva normativa especifica como correcto al estar aún en el terreno de juego. Y, en la redacción posterior del acta, en el confortable vestuario del Bernabéu, explicó a los jueces de Competición que esa amonestación (sí, amonestación únicamente) fue por esta causa: "Una vez finalizado el partido, sobre el terreno de juego, hacer observaciones de orden técnico". Sin más. Ahí concluyó el problema para el árbitro castellano, que pasó de puntillas.

Su colega Pedro Jesús Pérez Montero, sevillano descendido de Primera en junio por el nivel de sus prestaciones arbitrales, ubicó un hecho más venial -la frase de Ángel ya fuera del campo y sin tono airado- en otro apartado del acta y con matices más nocivos. A González González se le olvidó la textualidad de los reproches de Carvajal ("observaciones de orden técnico", dijo que fueron) e incluyó la amonestación del internacional de la Roja en el listado de las tarjetas amarillas. Mientras, Pérez Montero explicitó la frase exacta de Ángel en un epígrafe especial del acta, el C, el de 'otras incidencias', porque no mostró cartulina amarilla, materialmente, al jugador. Eso sí, en el momento del reproche, el árbitro sevillano le dijo a Ángel: "Estás amonestado".

No debe tener el mismo valor de cambio, a efectos del Comité de Competición, la 'amonestación' de Carvajal que la 'amonestación' de Ángel. Aunque sea por un hecho similar, gemelo. Por un lado, cabe colegir que eso depende de la tabla de medir de los jueces de turno, los federativos de primera instancia. Y, por otro, de la memoria del árbitro, de que se acuerde textualmente de lo que le dicen y lo redacte en el acta letra por letra o, por el contrario, lo diluya en un formulismo vago como queriendo difuminar los efectos secundarios. Pérez Montero tuvo más retentiva con Ángel de la que mostró González González con Carvajal. O quizá en Los Pajaritos había más silencio y menos ruido que en el Bernabéu y un susurro se oía más claro que los alaridos en la oreja que pudieran lanzarle al árbitro en el coliseo de la Castellana. 

Y por fin, la ubicación en el acta de las denuncias arbitrales puede ser, a partir de ahora, síntoma de castigo venial, de purgatorio o de infierno para el aludido. Si hay tarjeta de por medio, la frase de crítica o acusatoria a un árbitro no tiene castigo en número de partidos. Si, por el contrario, el del silbato decide sacarla del apartado de tarjetas y la reseña en un epígrafe específico, la misma frase acarrea una pena muy superior. Los jugadores quedarían, por ende, a expensas del libre albedrío de los colegiados de turno. Carvajal y Ángel suponen dos ejemplos palmarios de estas diferencias de criterios, tratos y modus operandi respecto de una misma cosa. Por extensión, el Real Madrid y el Real Zaragoza también son sabedores de que, ante un hecho igual o parecido, el fallo sobre ellos o sus empleados no es el mismo. La jurisprudencia se ha producido en tan solo cinco días. Los que van del 21 (Carvajal/Real Madrid) al 25 de septiembre de 2016 (Ángel/Real Zaragoza).

Los jueces de Apelación, echando atrás a sus colegas de Competición, han abierto un debate profundo que necesita urgente explicación y desembocadura pública. Para que todo el mundo sepa a qué atenerse.

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