Real Zaragoza

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Pocas caras nuevas, algunos gestos viejos

La toma de contacto del Real Zaragoza ofrece pocas novedades deportivas, con las llegadas de Barkero, David Cortés y Paglialunga. A cambio, las salidas de pesos pesados del zaragocismo ?Solana, Garitano y Aragón- brinda dudas e inseguridades.

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ARANZAZU NAVARRO

Pocas caras nuevas y demasiadas viejas. La primera semana de entrenamiento de esta pretemporadadel Real Zaragoza  en Segunda no logra despejar la incertidumbre asentada tras el descenso. Ha comenzado la era de Paco Herrera, que en estos tiempos de estupor es el asidero al que se agarra el zaragocismo.

Transmite serenidad el discurso del técnico catalán: tranquilo, sensato, entendible. Ofrece un carril claro por el que conducirse y transmite la seguridad de saber por dónde quiere llevar al Real Zaragoza de regreso a Primera División.

Cuenta el equipo con los refuerzos de Barkero, David Cortés y Paglialunga. Y a la espera de inmediatas novedades, como la del central Leandro Cabrera, la urgencia inmediata es la de adelgazar el vestuario. Tras la salida de Romaric, unidas a las de Babovic y Lanzaro, Paco Herrera ya explicó que hay cinco cartas que hay que liberar: Hélder Postiga, Apoño, Luis García, Loovens y Pinter. El paso de los días, sin embargo, no adelgaza el vestuario blanquillo, en vísperas del inicio de la concentración en Alcalá de la Selva.

La falta de una estructura definida lastra el trabajo del técnico, que no puede dedicarse de forma específica al esqueleto fundamental con el que ha de comenzar la campaña. Y ese arranque –el último en explicarlo ha sido Javier Paredes- resulta fundamental para el desarrollo de la competición en Segunda.

Una semana lleva también García Pitarch en la Dirección General. Sus gestos mantienen al zaragocismo a la expectativa. En el ámbito institucional falta una figura clave, la de presidente –tras el anuncio de Fernando Molinos de dejar la cabeza institucional de forma inminente-. Con la experiencia vivido bajo la gestión de Agapito, no sería admisible la ubicación de un ‘presidente florero’; y menos aún, como referencia zaragocista y subordinado a Pitarch…

El más grave problema del valenciano es la ausencia de raíces zaragocistas en la iniciativa que abandera. Algo que ha agravado de forma sorprendente al apartar de la entidad a tres figuras reconocibles del Real Zaragoza en un proyecto al que cuesta encontrarle el escudo.

El primer gesto del director general en el ámbito institucional, la destitución de Aragón, Solana y Garitano en el área formativa genera una inquietud natural; la pérdida y falta de aprovechamiento de unos valores de los que adolece la dupla Agapito-Pitarch.

Es la obligación del valenciano establecer su propia jerarquía y apenas ha comenzado a dar los primeros pasos. Sin embargo, es preciso advertir de los posibles errores –más aún los gruesos- en el mismo inicio de dar los pasos.

Ya aprendió Agapito Iglesias que el Real Zaragoza nunca podrá ser –con todo el respeto que merece la propiedad- el rancho donde hacer y deshacer a capricho. Camino recorrido que no merece la pena que vuelva a recorrer García Pitarch.

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