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Adiós a 44 años de Segunda División B

La categoría, tercera en el rango del fútbol español, se creó en la temporada 1977-78 y deja de existir al final de la 2020-21.

Tarazona - Laredo
Tarazona - Laredo
SD Tarazona

El fútbol español y, por lo tanto, el fútbol aragonés, pierden y dicen adiós –oficialmente a partir de este miércoles día 30 de este junio de 2021– a una categoría que ha formado parte de la vida de varias generaciones: la Segunda División B. Desaparece tras 44 años de vigencia. Casi cuatro décadas y media de vida, de idiosincrasia propia, de singularidades de carácter positivo y negativo que, en Aragón, dejan huella indeleble en 15 clubes, los que militaron alguna vez en ella.

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La SD Huesca fue equipo fundador de la misma, en el verano de 1977. Pero el que más años ha acumulado en ese tercer escalón del balompié hispano es el filial del Real Zaragoza, el Aragón, con 24 presencias. Enseguida se sumaron a la aventura semiprofesional (así se autodenominó durante años, con el eufemismo de ‘amateur-compensado’ para sus futbolistas) el Endesa Andorra turolense, el Binéfar, de vez en cuando el Teruel... Los otros clubes de la región que algún día se enorgullecieron de ser de Segunda B tuvieron pasos más esporádicos: Fraga, Casetas, Utebo, Sariñena o los desaparecidos Figueruelas y La Muela. Hasta llegar a la modernidad, en el día del adiós a su vigencia, en el que tres equipos de Aragón han estado compitiendo ahí: Ebro, Ejea y Tarazona.

Desde 1977 hasta 2021 no se entiende el fútbol moderno en España sin la Segunda B. Tan temida para los equipos profesionales que, viniendo de arriba, siempre la vieron como un pozo de difícil salida, como anhelada por los modestos de Tercera División (el escalón inferior), que veían encaramarse a ella como un reto, un honor, un salto a la fama seductor.

Un hábitat difícil para sobrevivir

En 1977, la Real Federación Española de Fútbol que presidía Pablo Porta decidió crear la Segunda División B como categoría intermedia entre Segunda y Tercera División, con dos grupos de 20 equipos (40 en total). Pretendieron evitar el enorme salto que existía entonces en ese espacio del fútbol nacional. Fue una mezcla de equipos históricos con otros emergentes, de ciudades grandes con pueblos pequeños, de estadios de verdad con campos de tierra (el Endesa Andorra aragonés compitió así muchos años, alcanzando ‘pedigrí’ por esa condición del entonces llamado Luis Arias).

Al principio subían a Segunda los dos primeros de cada grupo. Una criba tremenda que, con los años, fue envenenando a los grandes clubes ahí atascados, provocando progresivamente la muerte y desaparición de varios de ellos por ahogamiento. Se buscó hacer un grupo único, pero eso solo duró un curso (86-87), en plena reforma competitiva de todas las categorías en general en pos de rentabilidades económicas. No funcionó y se acudió al otro extremo: cuatro grupos de 20, un total de 80 equipos de Segunda B, subiendo a Segunda únicamente el campeón de cada uno. Las dificultades fueron aumentando en términos financieros y deportivos. Desde la 90-91 se ha jugado sin ascensos directos, todo a través de promociones bajo formatos dispares (liguillas, eliminatorias, prevalencias clasificatorias...), buscando abrir el abanico de opciones de salida hacia arriba de más equipos, cuatro por grupo (16). Nada fue evaluado como útil. Pasaron 20 años, 30, 40... y la Segunda B quedó en evidencia como un lugar hostil, a demoler. Un total de 89 clubes de Segunda B han desaparecido durante la existencia de la competición, el 23% de los participantes. Una barbaridad de dato.

Habitantes variopintos

En los 44 largos años de vigencia, por Segunda B han pasado numerosos equipos con escarapela de Primera División, bien anterior, o bien a posteriori. Deportivo de La Coruña, Celta, Oviedo, Racing de Santander, Mallorca, Tenerife, Las Palmas, Real Murcia, Cádiz, Salamanca, Rayo Vallecano, Hércules, Castellón, Elche, CD Logroñés y Burgos CF se despeñaron a ella. Villarreal, Granada, Alavés, Elche, Eibar, Huesca, G. Tarragona, Lleida, Getafe, Leganés, Compostela, Numancia, Albacete, Córdoba, UD Almería, Málaga CF, Levante, CF Extremadura, P. Mérida, Real Burgos alcanzaron la cima germinando en esta áspera Segunda B.

Muchos de estos clubes, singularmente, han visto cómo el paso de los años ha dejado su huella en la categoría ahora destarifada tanto con sus primeros equipos como son sus filiales. Cuestión de épocas, de fluctuación de sus éxitos y sus fracasos en casi medio siglo.

Y, claro, ahí queda para siempre, como denuncia, la desaparición de infinidad de clubes fruto de la enfermedad económica que supuso su paso por esta división. Clásicos impotentes (Salamanca, Burgos, Logroñés, Almería, Palencia, Sestao, Badajoz, Orense...), pueblos pequeños que no soportaron la deuda adquirida (La Muela, Figueruelas, Roldán, Moratalla, Los Boliches, Cerro Reyes...), equipos que perdieron a los patrocinadores y apoyos dinerarios que eran indispensables para vivir en este nivel (Calvo Soltelo, Endesa, Ensidesa, Diter, Pegaso, las minas...) y tambien diversos proyectos millonarios de partida, con ansias lucrativas, que pincharon en hueso y no duraron nada.

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