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eurocopa 2020

Pendientes de la verdad de España

La goleada ha aliviado a La Roja, pero su verdadero potencial solo se comprobará a partir de ahora cuando se cruce con grandes rivales.

Euro 2020 - Group E - Slovakia v Spain
Una imagen de la afición en el partido de este miércoles: España-Eslovaquia.
JOSE MANUEL VIDAL

España encontró ante Eslovaquia esa victoria liberadora y analgésica que, según Luis Enrique, había que celebrar descorchando una botella de cava. Lo cierto es que a la selección todo le salió a pedir de boca, empezando por la penosa actuación de Eslovaquia, incomprensible en un equipo que tenía serias opciones de clasificarse para octavos tras su victoria ante Polonia. Es difícil recordar en un gran torneo un rival tan flojo y obsequioso. No contento con no disparar una sola vez entre los tres palos que defendía Unai Simón y de no forzar ni siquiera un miserable córner, aunque fuese de casualidad, la tropa de Stefan Tarkovic se hizo también el harakiri regalando dos goles, el primero de auténtica chirigota.

De ahí que el cava o el champán se antojen exagerados para el brindis. Con una caña bien tirada sería suficiente porque la realidad, como reconoció Luis Enrique tras el 0-5, es que "ahora llega la competición real". Concretamente el próximo lunes ante Croacia, la subcampeona del mundo vigente, una selección todavía muy competitiva aunque lejos del punto de esplendor que alcanzó en 2018. Será entonces cuando se termine el debate sobre España, cuando se despejen por fin los interrogantes que siguen flotando sobre un equipo en apariencia no solo capaz de lo mejor y de lo peor, sino de que ambas cosas parezcan igual de razonables. En este sentido, se impone una matización. Lo que hay que descorchar no son buenos vinos espumosos. Es La Roja la que tiene que descorcharse a sí misma para comprobar lo que es realmente a día de hoy, si un equipo de alto rango con grandes aspiraciones o todavía un proyecto tierno, sin madurar.

Esta duda ontológica, como decíamos, se despejará dentro de tres días. Las previsiones, desde luego, son ahora más optimistas de lo que lo eran el miércoles por la mañana. España necesitaba esa victoria rotunda. Y no solo para clasificarse y evitar un fracaso mayúsculo cuya polvareda hubiera dejado pequeña a la tormenta de arena de Lawrence de Arabia. También la necesitaba para poner fin a una racha muy gris que se remonta a los decepcionantes partidos disputados en marzo ante Grecia, Georgia y Kosovo.

El fútbol plano, tedioso y sin filo que se vio en esos encuentros sembró el recelo no solo entre los aficionados, especialmente de los más alérgicos a la retórica, sino también entre los propios internacionales de La Roja. Ninguno lo reconoció, por supuesto. Al contrario. Si algo les distingue de unos años a esta parte es la convicción fervorosa que muestran en su estilo. Pero en el fondo todos sabían que tenían un serio problema de poderío en las dos áreas y que tendrían que solucionarlo en la Eurocopa. Ante Suecia y Polonia, lejos de resolverlo, lo agudizaron. Lo de Eslovaquia vino a ser, pues, un inmenso alivio.

De manera que el examen definitivo tendrá lugar en el estadio Parken de Copenhague.De cara a esa cita, España cuenta con una ventaja: Sergio Busquets está de vuelta. Se trata de una excelente noticia. El impacto del centrocampista de Badia ha sido muy grande en La Roja desde el Mundial de Sudáfrica. Aunque los focos apuntasen siempre más a otras figuras, su fútbol era capital en el engranaje. Esto sigue siendo igual once años después, pero ahora con un añadido. Convertido en capitán, Busquets ha ganado en jerarquía de una manera evidente. El efecto contagio que producen los futbolistas inmensos como él se visualizó con claridad ante Eslovaquia. De repente, todo parecía mejor y más fácil. Rearmada alrededor de 'Busi', La Roja disfrutó en lugar de sufrir. Aún así, no puede decirse que las dudas están despejadas porque para saberlo se necesita una prueba mucho más concluyente. Hay que insistir en ello porque en este país, como todos sabemos, se pasa en un suspiro del encumbramiento al descuartizamiento, de sacar a hombros a los jugadores a tirarlos al pilón.

Los cambios le funcionaron a Luis Enrique en el tercer partido. Descontando a Eric García, que apenas tuvo que intervenir ya que los eslovacos no se acercaron al área española ni para saludar, los otros tres fueron protagonistas. Lo de Busquets ya está dicho, pero no hay que olvidar la actuación de Azpilicueta, un seguro de vida en defensa, o la gran actuación de Sarabia, autor de un gol y protagonista en otros dos. El madrileño tiene dos grandes virtudes: está siempre al quite y es muy directo, ya sea poniendo centros o rematando, algo muy positivo en una selección con tendencia a liarse en el último cuarto de campo. Hay que dar por descontado que los tres seguirán en el once titular, donde la gran fuente de discordia y debate va a continuar siendo Morata, que ni siquiera fue capaz de aprovecharse de la bicoca de Eslovaquia para hacer caja. Al revés. Falló un penalti y un par de ocasiones.

Luis Enrique parece empeñado en seguir con él hasta el infinito y más allá, como decía Buzz Lightyear. Como el gol es siempre algo tan voluble puede que le salga bien, pero en principio se antoja una apuesta de alto riesgo. Y es que es obligado tener en cuenta dos circunstancias. La primera, que la titularidad del delantero de la Juventus condena a Gerard Moreno a la banda; es decir, le aleja del gol. Y la segunda, tras lo visto anteayer, es que condena al banquillo a Marcos Llorente, un futbolista cuyo despliegue en ataque es una mina para cualquier equipo y más ante enemigos como Croacia. Vrsaljko, Lovren, Vida, Gvardiol, Brozovic y compañía no darían ni a sus hijos en un partidillo en el jardín las facilidades que dieron los defensas eslovacos a España.

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