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Messi ataca otra vez a Bartomeu y ya se le vuelve en contra

Le recriminó su forma despedir a Luis Suárez, pero muchos barcelonistas preferirían que actuara ya como capitán a dos días del inicio de Liga y no como un resentido.

Messi, en la foto entrenando esta semana, ha protagonizado la noticia del verano en Primera.
Messi, en la foto entrenando esta semana, ha protagonizado la noticia del verano en Primera.
EP

Messi es Leo en España porque así comenzaron a llamarle cuando llegó de niño al Barça hace 20 años. Pero en Argentina es Lío, abreviatura de su nombre, Lionel, y no sinónimo del embrollo que se está montando en el club azulgrana un día sí y otro también. El último, este viernes por la mañana, a dos días de inicio de una Liga que estuvo a punto de quedarse sin su mejor embajador mundial y que debe prepararse para la posibilidad de su marcha en la temporada 2021-22, ya liberado de su contrato azulgrana. A no ser que entonces se reencuentre con su amigo Luis Suárez en el Atlético, que todo puede ser.

Un mes después del frío burofax con el que intentó irse gratis ahora al Manchester City y tras dos semanas de silencio posteriores a la entrevista de Goal en la que anunció que seguía hasta 2021 entre críticas al club y a la planificación deportiva, Messi volvió a dar un palo público y social a Josep Maria Bartomeu, quien no se quedó temblando porque lleva ya mucho tiempo en el barro por méritos propios. Precisamente esa fragilidad ya tan evidente de un presidente sin partidarios, castigado por un voto de censura y con fecha de caducidad (elecciones de marzo de 2021 a las que no se presentará) es la que se ha vuelto en contra de Lío, más que Leo, en esta ocasión.

El '10', en su mensaje de despedida a Luis Suárez, quiso defender a su amigo ante la que considera injusta actuación el club. Y ya coló menos su mensaje en Instagram porque una cosa es emocionarse con la marcha de un '9' que ha dado tanto al club azulgrana durante seis temporadas y otra compadecerse de un jugador que se alió con Messi para mandar más que los entrenadores y que los directores deportivos, una sociedad que promovió el mal ambiente en el vestuario al formar camarillas y que impidió la llegada de competidores, aniquilando psicológicamente a alguno que sí pasó el corte y entró en el vestuario.

Deportivamente, mientras hubo físico, deleitaron juntos, pero impusieron una forma de trabajar a su medida que se acabó volviendo en su contra. Y sin físico ni competidores internos, llegaron los malos tiempos. Pocos dudan de la conveniencia de separar al binomio en un intento de reintegrar a Messi al colectivo. Pero de momento, ya sin sus dos escuderos Arturo Vidal y Luis Suárez, lo único que está claro es que hará la guerra por su cuenta, por lo menos fuera del campo. A ver lo que ocurre en el césped porque a Ronald Koeman se le supone personalidad para tomar decisiones impopulares.

«No merecías que te echaran como lo hicieron, pero a estas alturas ya no me sorprende nada», es el resumen del mensaje de Messi entre alabanzas a Suárez. Tampoco ayudó al argentino que dos ex jugadores como Neymar y Cesc Fàbregas aplaudieran el mensaje. Son grandes amigos de Messi, pero en el Barça mostraron egoísmo, especialmente el brasileño por su fuga traicionera al PSG, y no son precisamente referencias de los socios y seguidores azulgranas.

Suerte tiene Bartomeu de que todavía no se permita la entrada de público al Camp Nou este domingo ante el Villarreal por el coronavirus porque la pañolada en su contra sería descomunal. Pero bien haría Messi en creer que hubiera salido bien parado de referéndum popular porque en el ambiente se detecta un hartazgo hacia su forma de ver un conflicto individual con un presidente trasladándolo a una pelea con el club que necesita tranquilidad y pensar ya en apoyar el nuevo proyecto de Koeman. Y se entiende menos porque es el capitán y debería saber diferenciarlo en el año que le queda como azulgrana. Messi, eso sí, puede arreglarlo con goles y títulos. Así sí se le perdonaría todo. Bartomeu, e cambio, ya está sentenciado.

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