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Fútbol

Un baile de parejas

Imanol Idiakez no termina de encontrarle al equipo una sociedad consolidada en los puestos de central.

Verdasca, en el entrenamiento de ayer en La Romareda.
Verdasca, en el entrenamiento de ayer en La Romareda.
A. Navarro

Álex Muñoz pasó a caerse a la suplencia después de un apreciable comienzo de temporada como compañero de Simone Grippo, sin fallos aparatosos ni rendimientos sospechosos. Pero más allá de eso: contra el Albacete, el entrenador le borró de la convocatoria. Vio el partido desde el salón de su casa. En su lugar en el perfil izquierdo de la zaga, primero, apareció Verdasca, mediocentro en las jornadas iniciales del campeonato. Después, Grippo se fue el banco y ese hueco se le adjudicó a Bruno Perone… Como se ve, en apenas ocho encuentros, siete de liga y uno de Copa del Rey, el Zaragoza ha bailado sus posiciones de central. Puede decirse que es uno de los asuntos pendientes de Idiakez y, también, un elemento más de análisis del aún incierto funcionamiento defensivo del equipo, especialmente expuesto en acciones de balón parado o centros laterales. El entrenador no termina de encontrar esa pareja ideal.

Ya desde la pasada pretemporada podría intuirse una inestabilidad así en la posición. Más que inestabilidad, igualdad: la composición de la plantilla dio lugar a una nómina de centrales completa, con cuatro futbolistas de rangos similares. Sucedió el pasado curso del mismo modo, sobre todo, tras el fichaje invernal de Perone. Grippo, Verdasca, Mikel González y el brasileño entraron y salieron del equipo en función de momentos de forma, lesiones, sanciones o curvas de rendimiento. No tuvieron una presencia sólida con Natxo. No pudo hablarse en todo el curso de «una pareja titular». Todos tuvieron sus periodos y sus oportunidades. Este año, ya con Imanol Idiakez, está sucediendo cosa parecida. De momento, ya ha probado cuatro sociedades diferentes. Grippo y Muñoz compartieron retaguardia en las tres jornadas iniciales. En Oviedo, con la vuelta de Zapater, Verdasca volvió a su puesto natural. Aquel día, en Almería y frente al Lugo el portugués formó atrás con Grippo. Entre medio, en Copa, contra el Deportivo, Idiakez movió la baraja, dio descansos y alineó a Perone con Álex Muñoz. Y, por último, la pasada semana, Grippo, hasta entonces fijo en la línea, perdió el sitio: Perone y Verdasca conformaron un tándem hasta entonces inédito.

Atendiendo a la fiabilidad defensiva demostrada, las sensaciones competitivas y los resultados, la pareja Grippo-Muñoz ha sido la de mejores prestaciones: el Zaragoza está invicto (dos empates y una victoria, y menos de un gol encajado por encuentro). Con el exfutbolista del Sevilla Atlético, el equipo aragonés no ha perdido, pues en Copa del Rey también jugó, con triunfo. Cuando Mikel González decidió en junio ejecutar la cláusula que le permitía rescindir su contrato y marcharse a Chipre, aunque se contaba con él, el Zaragoza observó ahí una ocasión perfecta para atender una de las sugerencias de Idiakez a su llegada: la incorporación de un central zurdo para mejorar la salida de balón desde el sector izquierdo con un futbolista a pie natural. No era un mercado sencillo -no lo es en categorías mayores, menos aún en Segunda-, por la escasez y por el precio, pero el Zaragoza convenció a Muñoz tras un buen año individual en Sevilla.

Las necesidades en la salida de la pelota (Muñoz y Verdasca sobresalen en esto), las exigencias en el juego aéreo que plantee el rival (Perone y Grippo destacan en esto), la velocidad de los delanteros del oponente... factores clave a la hora de elegir. Las diferentes características de cada cual hacen más complicado aún que el Zaragoza tenga una «pareja titular». Como siempre, en el equilibrio estará la virtud.

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