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Mundial 2018

La España que podríamos ser

No es fácil asimilar la decepción de Rusia. La selección nacional necesita acertar en el entrenador y en la renovación. Para empezar de nuevo, hay buenos jugadores.

09/07/2018 a las 05:00
La Roja regresa a España tras su fracaso en el Mundial

Fernando Hierro se va. Sin ánimo alguno de ser cruel, tampoco es que deje ningún agujero irreparable. En este momento, con o sin Hierro, España vive en el desconcierto y la rabia; la frustración, tras el partido de Rusia y Croacia, quizá haya aumentado. España fue netamente superior a los rusos, que le pelearon el balón a Modric y los suyos, y se lo robaron, y en cambio se lo cedieron a una España desmotivada, frágil y sin ideas.

¿Cuál es el futuro que nos aguarda? La opción de Julen Lopetegui, magnificada por la decisión de Rubiales, ha dejado al equipo en bancarrota anímica y sentimental. Se interrumpió un trabajo esperanzador. Habría sido interesante ver qué sucedía.

El míster. España necesita un entrenador sólido, imaginativo, estudioso, que se adapte a lo que somos y que traiga ideas renovadoras. Mejor que esté en el plinto de lanzamiento que en la montaña de los fracasos. O incluso de los malos modos. Hay que decidirse, pero entre las opciones que se están barajando no son muy estimulantes, salvo la de Roberto Martínez, que es un entrenador con ideas, buenas maneras, psicología y en continua progresión.

El Mundial invita a recomenzar y a plantearse que son necesarios cambios: van a salir (o quizá debieran hacerlo en esa necesaria reestructuración), Reina, Iniesta, probablemente Silva, que fue de los mejores con Lopetegui, incluso un gran goleador, a inapetente y gris con Hierro; Piqué, y tal vez Sergio Ramos (quizá le queda más travesía: tiene 32 años), Monreal y Azpilicueta. E incluso Diego Costa, quien, a la larga, ha sido el mejor futbolista español en Rusia: el equipo no se entendía con él ni él se entendía con el bloque, y lo resolvió a su favor. Marcó tres goles, corrió como nadie, fue incisivo, pero estuvo más solo que la una. Podía haber compartido ataque con Aspas y Rodrigo, y alguien pensó que era incompatible con ambos.

La portería. El nuevo seleccionador se encontrará con que, pese al debate, hay dos buenos arqueros: el desconocido De Gea y Kepa. Son jóvenes. El guardameta del Manchester United ha tenido un mal campeonato, desconectado y lejano, y siembra algunas dudas para el porvenir. Solo tiene 27 años. Es pronto para enviarlo al paredón. Lo que sí es incierto, por ahora, es el tercer portero. Sería bueno hallar un Pickford.

La defensa. Está surtida, aunque faltan sólidos centrales. Fabián, ya del Nápoles, y Bartra, del Betis, pueden ser valiosos, como Íñigo Martínez, Vallejo o el siempre serio Nacho. Por la derecha estarán Carvajal y Odriozola, rivales en su propio equipo, y el polifuncional Sergi Roberto, que también podría ser un medio centro o un ocho que rompe líneas y trabaja a destajo con calidad y sorpresa. Por la izquierda, a Alba le queda carrete y habría que darle confianza y minutos a Marcos Alonso, que tiene poderío, disparo y profundidad.

La media. A Sergio Busquets le queda algo de cuerda. Es uno de los mejores especialistas del mundo: un medio centro de lujo. En Rusia estuvo desorientado como todos. De recambio, podríamos contar con Rodri. De compañeros de faena y de línea podrían estar Saúl Ñíguez, lástima que no tuviera minutos, Koke, demasiado gris, Marcos Asensio, que debe dar un paso al frente con genio y carácter, Suso (del Milan), Thiago y Dani Ceballos, que apuntó maneras en la Sub-21 y parece haberse detenido. Manu Trigueros es un futbolista de toque, de la escuela de Silva, por ejemplo, de solo 26 años. E Isco, más malabarista que efectivo, un manierista que ansía hacerse más responsable, veloz y efectivo.

La delantera. Arriba, no estaría mal buscar extremos clásicos como Lucas Vázquez, Soler y Oyarzabal, y quizá ya sea el momento de que Morata recupere su olfato, su ambición y ese lugar que solo perdió por su escasa presencia en el Chelsea. Con ellos, podrían estar Rodrigo Moreno, espléndido en Rusia, y el siempre motivado Aspas, de 31 años.

Teoría del porvenir. Está claro que no son los futbolistas de Luis Aragonés, de 2008, ni los Del Bosque en 2010 y 2012, pero aquí hay mimbres. Algo más que nombres propios o promesas. Ahora falta alguien dispuesto a ayudarlos a madurar, a inventar un estilo variado y nuestro y a creer en ellos ciegamente. Así que, señor Rubiales, haga el favor: piense. Piense. No se precipite. Huya de la desesperación y del lugar común. Atrévase, ahora sí, con fundamento.





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