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Fútbol

El filial del Barça gana de mala manera

Triunfo catalán envuelto en la polémica. Formidable el Ebro, que neutralizó en el campo la teórica superioridad del líder.

Una de las jugadas del partido.
El filial del Barça gana de mala manera
Rubén Losada/Fotografiarte

Pudiendo ganar de tantas formas como fantásticos futbolistas atesora su millonario plantel, el filial del Barça venció  en El Carmen de mala manera. Ya cuando el partido agonizaba, con Alfonso de la Cruz tumbado sobre el césped sintético tras recibir un codazo alevoso, en superioridad numérica y olvidándose de la deportividad que subraya echar la pelota fuera para atender al lesionado, así ganó ayer el Barça. Para que luego digan que un filial es formativo... Solo así pudo superar a un Ebro formidable en todos los órdenes. Hoy todo ya formará parte del pretérito. El Barça B habrá engordado artificialmente la extraordinaria clasificación que ven ahí abajo a la izquierda. El Ebro queda octavo, tras una primera vuelta para enmarcar. Un total de 27 puntos ganados a pulso. Y una moradura en el tórax de Alfonso de la Cruz para sonrojo de la pureza del deporte.

Procede subrayar el partidazo que firmó el Ebro, juicioso en lo táctico y pletórico en lo energético. Frente al mejor conjunto de la liga, con muchas menos armas que su adversario, el colectivo que gestiona Emilio Larraz supo orientar el asunto hacia su vereda, tuvo el empate en sus manos e incluso acarició la victoria. Inferiores técnicamente, los zaragozanos neutralizaron la evidente superioridad cuatribarrada (ayer el Barça vistió los colores de la Corona de Aragón) apretando arriba con toda su alma. Asfixiado en la zona ancha, el líder apenas pisó el área que cuidaba Montoya: Romera y poco más. Pese a ello, la inmensa calidad de Alfaro exprimió el único milímetro que le concedió la zaga local para firmar un golazo desde fuera del área.

Con todo en contra, Larraz cambió el rumbo del careo al cuarto de hora de la reanudación. El técnico local se jugó el todo por el todo y echó al ruedo a Kevin Lacruz y Txema Pan. Qué mejor que jugarse todo cuando apenas se tiene nada... La apuesta ofensiva la reforzó Alain. El encuentro dio un viraje radical. El campo parecía inclinado hacia la portería del bar, donde atacaba el Ebro. No era la niebla, no, que ya había levantado. Igualó Gabarre en el corazón del área después de que Alain colgara la pelota con mimo. Las manecillas del reloj estrangulaban al Barça. Sobre el césped pelado solo se veían peloteros arlequinados. En serio, para frotarse los ojos. El Ebro alcanzaba entero el tramo final ante un rival superado. Superado y desquiciado: Gumbau hacía mano y se quejaba de que le pitaran mano, Fali lo protestaba todo, los centrales catalanes se quitaban la pelota en cuanto podían. El Barça miraba al árbitro. Era su único asidero. Solo las continuas interrupciones del colegiado frenaban el ritmo ganador del Ebro.

Txema Pan tuvo el triunfo en sus botas. Larraz le había ganado la partida a Gerard López en la pizarra. El partido no se lo dejó ganar Montes García-Navas. Arbitraje sibilino, girándose para otro lado en el postrero y decisivo codazo. El Barça agradeció el regalo y marcó cuando el ‘seny’ sugiere echar la pelota fuera. Aún empató el Ebro. Montes García-Navas, por supuesto, anuló el gol de Maureta sin necesidad de consultar con el asistente Lamchachty Laamarti, y de inmediato pitó el final. No le dejó tiempo ni a levantar el banderín... Teniendo todo, así no se gana, Gerard... De ‘chapeau’, Larraz.

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