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Fútbol

Corea/Japón '02, Ronaldo: "Fue mi victoria personal"

Ronaldo alza el trofeo.
Corea/Japón '02, Ronaldo: "Fue mi victoria personal"
DPA

La providencia le había dado y quitado mucho a Ronaldo. Primero le otorgó unas condiciones físicas impactantes, una habilidad con el balón envidiable, y un ojo único para resolver ante los porteros rivales, pero después le envió una serie de desgracias que lo condenaron a vivir el lado más amargo no sólo del fútbol, sino también de la vida. Por eso el triunfo en el Mundial de Corea/Japón fue ante todo personal.

"Ni en mis mejores sueños ocurrió así. Fue un sueño maravilloso el que me tocó vivir. Mi felicidad era muy grande. Todo lo que ocurrió lo fui entendiendo muy de a poco", aseguró el delantero, que hoy tiene 33 años y da sus últimos pasos como profesional en el Corinthians brasileño.

Ronaldo vivió un mes de ensueño en Corea del Sur y Japón. No sólo conquistó junto a sus compañeros el título, sino que además se alzó con el trofeo de máximo goleador con ocho dianas, dos de ellas en la final ante Alemania. Nadie había sumado tantos goles en un Mundial desde que el alemán Gerd Müller consiguiese diez en México 70.

Quedó segundo por detrás del arquero alemán Oliver Kahn en la votación para el mejor jugador del torneo, cerrada antes de la final, pero la FIFA hizo justicia al final del año y le entregó su tercer premio al mejor jugador del mundo, el primero después de sus lesiones y problemas físicos.

"Mi gran victoria fue volver a jugar al fútbol, a hacer goles. La victoria coronó un grupo maravilloso que logramos formar, pero también coronó mi lucha por la recuperación. Creo que aún si hubiésemos perdido ante Alemania, yo tuve mi victoria personal", agregó.

La vida de Ronaldo había cambiado en otra final, la del Mundial de Francia 98. Antes de la noche fatídica en el Stade de France todo había sido gloria: campeón mundial en EEUU 94 (aunque no jugó ningún minuto), mejor jugador del mundo en 1996 y 1997 y Balón de Oro en 1997, entre otros premios.

Pero la noche antes del gran partido ante Francia Ronaldo sufrió un ataque epiléptico nunca bien aclarado que lo anuló en la final. Su equipo perdió por 3-0. A partir de ese día la luz del astro se fue apagando, hasta que en noviembre de 1999 sufre jugando con el Inter de Milán la rotura parcial del tendón rotuliano de la rodilla derecha. Seis meses más tarde, en lo que debía ser su triunfal reaparición, se hizo la oscuridad total: rotura completa del mismo tendón.

Siguieron 17 largos meses de recuperación prácticamente en solitario. Cuando llegó el Mundial 2002, Ronaldo había jugado sólo 16 partidos con su club en toda la temporada, y la anterior la había pasado en blanco. Había estado en lo más alto, y había caído hasta lo más bajo. Por eso su alegría tras la final de Yokohama era indescriptible.

Francia 98 era ya sólo un recuerdo borroso. "Yo no quería recordar aquello, busqué no pensar en el 98. Habían pasado cuatro años y era otra historia". Pero las lesiones eran algo inolvidable: cada vez que se miraba la rodilla veía la enorme costura. "La pesadilla acabó. Volví a correr, a marcar goles. No iba a detallar dos años de sufrimiento, sino mi alegría de estar en la cancha. Ganando o perdiendo (la final), mi gran victoria era haber vuelto a jugar".

Su torneo fue impecable, y por eso él fue el líder de un plantel brasileño plagado de estrellas: Rivaldo, Ronaldinho, Roberto Carlos, Kaká, Denilson, Cafú... Con su estrafalario corte de pelo (toda la cabeza rapada excepto un mechón en la frente), que su hijo le pidió que se quitase en cuanto regresó a casa, Ronaldo escribió todo un manual del buen delantero.

En la primera fase marcó ante Turquía (victoria 2-1), China (triunfo 4-0) y dos goles ante Costa Rica (victoria 5-2). En octavos de final sumó de nuevo ante Bélgica (triunfo 2-0), y sólo Inglaterra (victoria 2-1) en cuartos pudo impedir que igualara el récord de su compatriota Jairzinho, que en México 70 se convirtió en el único jugador que marcó en todos los partidos de un Mundial.

"No pensaba batir ningún récord. Sólo quería marcar goles para que ganáramos partidos. Lo primero que tenía en la cabeza era el récord de ganar por quinta vez la Copa Mundial". Como los más grandes de la historia, Ronaldo sacó toda su magia en los momentos decisivos. En semifinales anotó el gol del triunfo ante Turquía, un tanto antológico tras regatear a varios contrarios en un palmo de terreno y sacar un furioso remate imprevisto.

"Fue un gol a la Romario'. El es un maestro en hacer esos tiros. No tuve clases personales con él, pero es un buen amigo. Para mí fue una anotación muy importante y hasta diría que fue un tanto lindo". La redención definitiva estaba al alcance de su mano: sólo quedaba la final. Y allí respondió a lo grande, con dos tantos ante el gigante Oliver Kahn, el hombre que casi en solitario había llevado a Alemania a la final.

Brasil era campeón y todas las cuentas estaban saldadas. "No diría que pagamos una deuda. Pero creo que nos sacamos un peso de nuestras conciencias. Con compañeros que habían estado en 1998 comentábamos que no pudimos vivir eso en aquella final. Pero el destino estaba escrito que debíamos esperar hasta 2002".

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