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Deportes

REAL ZARAGOZA

Fuera de la zona de ascenso

El pobre empate ante el Castellón saca al Real Zaragoza de la zona de ascenso a Primera

El patrón de juego propio y definido del Real Zaragoza no acaba de aparecer; es decir, sigue siendo un intento, un propósito, una meta que alcanzar algún día. Quizá uno se sepa de memoria la teoría a estas alturas. Quizá se conozcan las intenciones y propuestas de Marcelino García Toral. Quizá sirvan de referencia los modos de operar que catapultaron a la gloria y al éxito al técnico asturiano en campañas precedentes. Pero por alguna arcana razón, al conjunto aragonés le falta contenido, poso, sustancia, la esencia necesaria para proclamarse en el campo, sobre el terreno, como el candidato indiscutible al ascenso a Primera. Ahora mismo no pisa ese espacio de sobresalientes de la Segunda, el lugar de los tres elegidos que virtualmente son poseedores del derecho a la primera categoría, un estado que, en principio, ni hace ni deshace fútbol, si bien tiene su valor. No es lo mismo mirar al rival de turno desde el aspirantazgo que desde el título. La próxima semana, se atacará al Nástic desde la posición de quien es aspirante y no goza de los favores que da la ventaja de la reconocida superioridad real. La caída a lugares inconvenientes, o impropios de un club con un presupuesto extraordinario, significa por el momento una señal, un aviso de que el funcionamiento colectivo no es el adecuado para el propósito último. Nada más. O nada menos, porque el tiempo avanzado hasta aquí ya ofrece perspectivas de las que cabe extraer algunas conclusiones.

Frente el Castellón, como ya sucediera otras tardes, ante el Xerez o el Girona, por citar casos recientes, la puesta en práctica que llevaron a cabo los futbolistas de Marcelino se vio superada por el rival en varios tramos. Su fútbol es justo en calidad y escaso en cantidad. Acaso aparece alguna vez, de tanto en tanto, en fases determinadas. En otros momentos, se esconde, e incluso desaparece por completo. Se le busca y no se le encuentra.

Los cambios de régimen y funcionamiento dentro del desarrollo de un encuentro amenazan con convertirse en una peligrosa e inaceptable constante. De hecho, hubo un intervalo de la primera mitad en el que se sospechó que el Castellón podía hacerse dueño de los aconteceres venideros, una vez ya puesto por delante en el marcador. Falló un remate con capacidad decisoria sobre toda la trama del partido Leo Ulloa, cuando, en apariencia, lo más sencillo era embocar la pelota. De ese lance mortal se libró el Real Zaragoza por la influencia que siempre ejerce el factor suerte en el fútbol. El azar, en esta ocasión, se vistió de blanco y azul y dejó vivo al conjunto aragonés, en la esperanza de que en algún arreón apareciese fulgurante Ewerthon, a quien, en ausencia de Ricardo Oliveira, se le había encomendado la responsabilidad anotadora.

A esa llamada difusa, pero cierta, acudió el brasileño cuando la primera mitad se encaminaba hacia su conclusión. La notable internada de Braulio por la banda derecha la cerró Ewerthon, aprovechado el pase de la muerte realizado por su compañero. Bien pudo apostar Braulio por definir él mismo la suerte de su carrera hacia adentro. Opción tuvo. Pero el hecho de no ver puerta desde tiempo inmemorial lo retuvo. Prefirió la cesión, balón cedido al que golpeó Ewerthon con el instinto del goleador, sin duda ni cavilación, sin ver nada más que el camino expedito hacia la malla de la puerta, por más piernas de rivales o manos de portero que se cruzaran por el camino. La igualada confortó en algo a la grada y al equipo. Se alcanzó el periodo de descanso, unos minutos en los que tomar oxígeno y en los que recomponer posiciones.

Marcelino, no obstante, quiso dar una última oportunidad a la manera de ocupar el campo diseñada desde un principio, con Jorge López en la banda derecha y Antonio Hidalgo y Zapater en el centro del campo. Duró el empeño diez minutos más. A falta de treinta minutos para la conclusión, Marcelino movió piezas con ánimo de profundas variaciones. Retiró a Antonio Hidalgo, introdujo a Arizmendi en la banda derecha y situó a López como timón. De su gobierno sobre el encuentro poco cabe referir. Puede ser que sirva para alimentar mayores debates, tesis y antítesis acerca de la cuestión, sin que ésta, a la postre, se solvente.

Al Castellón le sirvieron el orden y cierta intensidad en la presión para navegar y sostener el empate, un resultado de apreciables nutrientes bajo su perspectiva. Dispuso en las botas de Salas de algunas opciones para enviar balones hirientes y profundos, en busca de Nsue o Tabares. Pero Salas fue un hombre ciego en el diseño. Guardó para sí el balón más de lo que debía y perdió en la acción la oportunidad de lanzar un derrote definitivo. Aun así, Nsue dispuso de la última opción de gol. De espaldas a la portería de López Vallejo, no acertó. El empate achata al Zaragoza.

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