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REAL ZARAGOZA 3-VILLARREAL 3

Final infeliz

Pulido anota un gol
Adiós a la liga con un empate en casa
TONI GALÁN/A PHOTO AGENCY

El amago de vuelta al ruedo que inspiró Nayim tras la conclusión del partido cerró la temporada y una tarde en la que el Real Zaragoza pareció comerse el mundo por unos momentos y acabó resoplando de esfuerzo y alivio. Y empatado. Conquistada la salvación, celebrándola y brindándosela a la afición en ese paseíllo final de Nayim y los futbolistas, el Zaragoza se miró un rato al espejo y se descubrió jugando al fútbol. Lo tenía. Guardado, volátil y antojadizo, pero el Zaragoza de Gay sacó media hora de juego sobresaliente, poniéndose a la altura de la victoria frente al Valencia, el punto culminante de la temporada en cuanto a redondez y calidad de su fútbol. En ese periodo, el Zaragoza desbordó al rival, jugando con un registro muy alejado del que le ha dado la vida de la permanencia en Primera División. En cierto modo, el Zaragoza del último día se dio la vuelta: generó más ocasiones en una tarde que en tres meses a la vez que su sistema de contención presentó más fisuras de lo habitual.

A través de ese camino, alcanzó tres goles de ventaja, un rédito que el Villarreal contempló abatido hasta que su entrenador, Juan Carlos Garrido, rescató a Marcos Senna, que agrandó el centro del campo del Villarreal cosiendo costuras, cerrando espacios y aplicándole orden y eficaz lucidez a la generación de juego del Villarreal. Con el hispano-brasileño en el campo, el partido fue otro, y el resultado también. El Zaragoza perdió tensión y energía y el campo se volcó hacia la portería de Roberto, al que se le debe permitir incluso su agujero en el tercer gol del Villarreal: volvió a levantar una tapia en su portería, con manos imposibles y reflejos gatunos. De su fichaje, debería hacerse una cuestión de estado.

El último partido de la temporada le sirvió al Zaragoza para amagar con una victoria rotunda. Descomprimidos, los de Gay se movieron cómodos durante la primera mitad. Se apoderaron del juego pero no de la pelota. El balón ha funcionado como una cuestión accesoria en la guía de la permanencia firmada por Gay. El Zaragoza estrujó al Villarreal corriendo como una centella, robándole todos los espacios que su alegre dibujo inicial, con ese rombo sin posiciones fijas que lidera Ibagaza y rodean futbolistas sedosos como Cani, Cazorla y la dupla Rossi-Nilmar, le concedió. Al Villarreal se le mide desde hace unos años dentro de la perspectiva del fútbol cristalino en la elaboración y la ejecución. Garrido, que lo ha sacado del pozo y casi lo mete en UEFA, le ha devuelto esa identidad. Se fue a por el Zaragoza con casi todo, distanciando su última línea de todas las demás. Por esos espacios intermedios comenzó a ganar la batalla el Zaragoza, con Colunga y Eliseu eléctricos y Edmison y Gabi filtrando los pases oportunos. Para entonces, el Zaragoza ya mandaba, fruto de un zarpazo de Eliseu en el saque de un libre indirecto. El portugués rompió la portería. No se recuerdan en la temporada tantas ocasiones como las de ayer. Y tan claras: Colunga tuvo un mano a mano, Ander falló con la puerta vacía, Gabi mandó una a la madera y otra a las manos de Diego López… El Zaragoza percutió durante todo el partido, pero la ventaja la abrió con Colunga, que amargó a Godín, regateó a Diego López y marcó el 2-0, y con Pulido, astuto al aprovechar una dejada de cabeza de Jarosik, muro atrás y lanza delante.

Con el 3-0, el Zaragoza daba más sensación de jugarse algo que el Villarreal. Pero la ventaja lo relajó. Cazorla recortó con un gol trenzado con Ibagaza, un diablo cuando abre el compás cerca del área, y, en el descanso, Juan Carlos Garrido tiró de Senna. Con siete preseleccionados para la próxima Copa del Mundo sobre el tapete, la calidad tenía color amarillo.

El Villarreal ganó el centro del campo y el Zaragoza se agazapó en busca de la verticalidad de Adrián Colunga y Eliseu. Las piernas fallaron y Cazorla y Rossi equilibraron el marcador. La cosa pudo acabar peor, pero al menos quedó esa media hora, en la que La Romareda se relamió y se preguntó si eso era el mismo ladrillo que se ha comido esta temporada.

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