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REAL ZARAGOZA

Febrero pincha el globo

El Zaragoza fue inferior al Sporting. Renunció al partido en la segunda mitad y cerró un mes seco de victorias con un encuentro que denuncia el declive del equipo. Tampoco Aguirre es ajeno a esta recesión.

Gabi bloquea una carrera de André Castro, extremo derecho del Sporting y pesadilla ayer de Paredes.
Febrero pincha el globo
ALBERTO MORANTE/EFE

Después de un enero primaveral, casi perfecto en los números y en el juego, el Real Zaragoza cierra febrero envuelto de dudas y preocupaciones. Han bastado cuatro partidos sin victoria para desinflar la dinámica expansiva del equipo y conducirlo a un territorio donde exclaman las alarmas con vigor sonoro.

El empate ante el Sporting, un punto excesivo para los méritos de los de Aguirre, confirma la línea decreciente del Real Zaragoza. En los resultados, se reafirma el atasco iniciado con el empate contra el Racing de Santander y las derrotas frente a Hércules y Atlético. Y en el fútbol, el duelo de El Molinón advierte también de un principio de colapso en el juego. Si en los tres partidos anteriores el Zaragoza siempre encontró una recompensa inferior a su fútbol, ayer su fútbol fue inferior al del Sporting de Gijón. Desde aquella tarde de deserción en Cornellá, el Zaragoza no jugaba peor. Quizá sea esta la conclusión más perturbadora que deja el empate de ayer. En cierto modo, parece que el Zaragoza ya tocó techo hace un mes.

Enero había actuado con naturaleza salvífica sobre la vida del Real Zaragoza con esa serie de cuatro victorias en cinco partidos. Hubo reacción. Pero febrero se ha encapotado, dos empates y dos derrotas han devuelto al equipo a la arista de la zona de descenso. La caída del equipo no es casualidad. En ella tiene mucho que ver la nulidad ofensiva ya conocida en el Zaragoza y el declive individual de varios futbolistas. En los tres últimos encuentros, el Zaragoza solo ha marcado un gol, a balón parado en Alicante. Su capacidad para fabricar peligro es diminuta y vulgar. Sin gol y sin flujo ofensivo y creativo en el centro del campo, su salvavidas es la efectividad extrema. Tampoco esta vía ofrece soluciones. El Zaragoza paseó por El Molinón un fútbol rudimentario y sin filo. ¿Cuántas veces se levantó usted de la silla ante una ocasión de Sinama, Braulio o Uche? Esta pobreza atacante no es cuestión únicamente de particulares. Al Zaragoza no se le observa ningún boceto ofensivo. Solo apunta un plan de ataque a campo abierto, en el contragolpe, virtud que interpretó mejor que nunca en Málaga. Con la pelota apresada, sufre, se vuelve gaseoso y previsible.

Tampoco el estado de inspiración de algunos futbolistas ayuda. Diogo y Paredes son un agujero incesante. Ayer el Sporting les crujió las caderas. Ponzio, aun así vital, ha bajado el pistón en su soberbia barredora. Boutahar es un futbolista vaporoso. Gabi y Ander Herrera, sacrificados en el esfuerzo, siguen enemistados con la pelota. Apenas ofrecen ventajas con ella. Y Sinama-Pongolle volvió a pasar de puntillas por un partido. No es el primero, y posiblemente no sea el último. Y llegados a este caso, el análisis entra ya en territorio del responsable técnico. Javier Aguirre tampoco ha sido ajeno a esta recesión en el terreno de las decisiones y la química del entrenador. Su burbuja también ha sufrido fugas en los últimos partidos. Su gestión de recursos, bailando las alineaciones y las convocatorias al son de las rotaciones, no la ha asimilado el equipo. Su apuesta inmutable por Diogo, la conservación en el once de Sinama tras su espectral partido contra el Atlético, las suplencias de Bertolo cuando el argentino se ha reivindicado como principal arma desequilibrante del equipo (ayer fue un ejemplo: una vez sentado en la segunda parte, el Zaragoza dejó de pisar el área rival), el descarte de Obradovic después de dos aceptables presencias en la titularidad mejorando el nivel de Paredes? Son las cosas de Aguirre, que ayer volvió a tropezar en la trampa de los dos delanteros. Como ocurriera ante el Racing o el Atlético, el Zaragoza empeoró con dos puntas, perdiendo la zona nuclear del juego.

En las palabras de ayer de Aguirre caben hallar ya algunos signos de preocupación. Este paso atrás es tan inoportuno como indica una mirada al calendario minado que llega. Aguirre infló el globo en enero y ahora debe soplar de nuevo. Más que nadie, por su artesanía con un equipo limitado, él es el aval hacia la permanencia. Él único.

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