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Deportes

REAL ZARAGOZA

"Esto es una tragedia"

Francisco Mendoza, presidente del Recreativo y zaragocista, conversa del partido desde el punto donde el fútbol comenzó a jugarse en España.

Francisco Mendoza Taboada es un hombre afable, carismático y profundamente reflexivo. Le detienen por la calle, acude al mercado todos los días desde su oficina, desayuna en la cercana plaza del Velódromo, donde se emplazó el primer estadio de fútbol de España, y muere por el Recreativo. Es la única persona de Huelva intranquila de cara al partido de mañana. Desconfía tanto que no acudió a la final de Copa porque la garganta se le anuda pensando en Zaragoza. Y el sufrimiento es doble: como presidente del Recre y como aficionado de su enemigo.

"Seré el único zaragocista que no quiera una victoria del Zaragoza. Aunque le tenga un enorme afecto", reconoce mientras observa las marismas de El Titán. En ese descampado empantanado, los marineros ingleses introdujeron el fútbol en España a finales del siglo XIX. Nacía así el fútbol gremial. Desde las explotaciones de Rio Tinto, bajaban a Huelva los mineros con la pelota en los hatillos y con puñados de peniques que apostarse con los marineros. Así, El Titán se llenó de británicos pegando pelotazos y pisando charcos. "Ya no vamos a los campos a disfrutar, sino a sufrir. La presión es tremenda. Vamos a acabar de los nervios. No deberíamos tomarnos este deporte como una tragedia", relata algo atribulado Mendoza, constructor de 58 años.

Su despacho presidencial está a escasos metros, en el Nuevo Colombino. En el pasillo, un banderín del Zaragoza cuelga cerca de una flota de carabelas plateadas del Trofeo Colombino, y de la Copa Seammans de 1904, el premio más antiguo que conserva el club. Mendoza explica su amor zaragocista: "Nací en Teruel. Mi padre era militar, de Valladolid. Pero mi madre es de Alcañiz. Con un año, me vine a Huelva. Una madre, como hijo único que soy, tira mucho y ella era del Zaragoza. Y yo, desde pequeño, me apegué a él. Luego, Los Magníficos y su fútbol hicieron el resto. Ganaban copas como rosquillas. Era fácil ser del Zaragoza".

Mendoza fuma rubio con boquilla. Al encendérselo, impasible, con su poblado bigote y un pedrusco del Recreativo en el dedo anular, adopta cierto aire flemático, inglés, como los que fundaron el club en 1889 muy cerca, en el antiguo Hotel Colón. Desde 2001 preside el Recre, de propiedad municipal, y ahora se considera hincha: "Mi padre me llevaba al viejo Velódromo desde los dos años. Y ahora soy forofo. Es mi equipo del alma, mi único equipo, luego soy simpatizante del Zaragoza".

Mañana el drama recorrerá La Romareda. Mendoza lo contrasta con el ambiente festivo del curso pasado, con los dos equipos aspirando a la UEFA: "Este año no hay ni ánimos ni ganas. Guardo una buena relación con Agapito y Bandrés, pero, ante un partido así, ellos estarán con su tragedia y yo con la mía".

Caminando por la tribuna alta del Nuevo Colombino, habla de la justicia emocional del fútbol. "El Zaragoza puede tener un año malo, como le ha ocurrido dos o tres veces en su historia. Pero será siempre un equipo de Primera esté donde esté. Y siempre luchará por objetivos diferentes al Recre. Lo de este año es un accidente. Y esa es la grandeza del fútbol. En otros deportes, los de arriba siempre están arriba y lo de abajo, abajo. Si no, mira al Racing y mira a Zaragoza o Valencia".

Mendoza vuelve hoy a sus orígenes. Sufrirá. Suspirará. Perderá seguro. "Ojalá se salven los dos", suplica.

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