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EL CAI ZARAGOZA ASCIENDE A LA DIVISIÓN DE HONOR

Este año... ¡por fin!

El CAI Zaragoza regresa a la elite del básket 12 años después. Tras cinco temporadas de frustraciones, ayer hubo fiesta grande en el Príncipe Felipe

El CAI está en la gloria. Ya está. El equipo aragonés ya es un conjunto de ACB después de certificar ayer por la noche su ascenso a la mejor liga de Europa. El club ha llegado al lugar soñado, a ese donde no se puede estar mejor, a ese que produce una inmensa sensación de placer, de tranquilidad, de felicidad. El no va más. Y como no podía ser de otra manera la fiesta se desató en un abarrotado Príncipe Felipe que vivió en primera persona una cita histórica. La ciudad se echó a la calle y miles de personas acompañaron a jugadores, técnicos y directivos en sus celebraciones. El final más feliz. Si hace justo un año las ganas de llorar invadían al CAI y sus aficionados por un nuevo varapalo en la búsqueda del objetivo, ayer ese sentimiento y esa emotividad volvieron a aflorar entre los rojillos. Pero no fue por una derrota sino porque esta vez sí, este año sí, el equipo de sus amores ha logrado lo que lleva buscando seis temporadas, el ascenso a la ACB.

El baloncesto no son solo canastas, rebotes, asistencias… También son sentimientos, y las lágrimas de alguno de los componentes del equipo resumen el triunfo. Eso, y la inmensa sonrisa que nadie pudo borrar de la cara del gran capitán, del jugador franquicia, de la imagen del CAI, de Matías Lescano, abrazado a todo aquel al que se encontraba a su paso. Él sabe mejor que nadie todo lo que ha pasado por aquí en las últimas campañas y escuchar a 11.000 personas gritar "bicho, bicho" puso la piel de gallina a más de uno.

Recuerden esta fecha, 9 de mayo de 2008. Este día y este año forman ya parte de la enciclopedia de logros deportivos en Zaragoza, una ciudad de Primera que vuelve a ella tras doce años de incertidumbre, de ausencia de la elite, de intentos infructuosos y de mucho sufrimiento. Todo eso ya ha pasado. El cambio en el formato de la competición, con el premio al equipo más regular, la confianza en el bloque que el año pasado rozó la meta, las buenas decisiones técnicas llevadas a cabo por entrenador y director general y el apoyo de la mejor afición de España, la más numerosa y la más fiel, han tenido la recompensa soñada.

Resulta casi indescriptible la segunda mitad que se vivió ayer. Con un CAI como un auténtico vendaval, como lo ha sido casi todo el año, y un parcial espectacular de 24-4 en el tercer cuarto, dejó sentenciado el choque ante el Hospitalet y aseguró el ascenso. La grada y la ciudad entera lo festejaron. Se desató la locura. Han sido tantos proyectos, tantos viajes, tantos encuentros, tantas citas con la ACB como premio y tantas veces en las que la suerte ha sido esquiva que el ascenso produce un estado de paz increíble.

Durante más de media hora el Príncipe Felipe estaba para enmarcar. Los gritos de "este año sí" o de "campeones, campeones" se repetían una y otra vez. Hasta en el banquillo, donde Curro Segura ya lucía un cachirulo con la victoria atada. En el palco se veían los ojos llorosos y enormes abrazos que certificaban la mejor noticia posible para este club.

Ha sido el esfuerzo de muchos. De algunos que pasaron, de otros que no han abandonado el barco e incluso de otros que volvieron para intentar rematar la faena. Esta recompensa es de todos aquellos que a lo largo de seis temporadas han lucido y respaldado los colores del CAI Zaragoza, los colores de una ciudad. Aquellos que emprendieron esta aventura, aquellos que la han apoyado económica y deportivamente o desde su entorno. A todos ellos les corresponde un cachito de este logro.

Y una vez alcanzado, había que celebrarlo, y por todo lo alto. Después de la euforia vivida dentro del pabellón, de los abrazos, de las lágrimas, de los cánticos, de los bailes, de las sorpresas que tuvieron algunos rojillos con seres queridos y amigos. Entonces, nadie pudo parar a los doce gigantes de rojo que por fin han escrito el último capítulo y broche de oro a esta novela de suspense y, por momentos, de terror. Victoriano, Óscar González, Turner, Lescano, Quinteros, Brown, Rojas, Starosta, Victor, Darren Phillip y Higgins, junto a todo el cuerpo técnico. Ellos son los héroes que llegan a la gloria y habrá que agradecérselo eternamente.

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