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REAL ZARAGOZA, 2- ELCHE, 0

El Zaragoza logra su primera victoria en Segunda

Con su portero, Willy, expulsado y con un gol encajado de penalti cuando no se había alcanzado el cuarto de hora, el Elche quedó a disposición de lo que el Real Zaragoza quisiera hacer del partido. Caffa marcó el segundo tanto aragonés. Luego el equipo de Marcelino se limitó a lo justo.

En esta ocasión, al Real Zaragoza le alcanzó para ganar. Ante un muerto, el Elche de David Vidal, sumó su primera victoria en Segunda División, que según se mire es lo sustancial del caso. Marcelino se embolsó los tres puntos, cuestión indiscutible, alimento innegociable con el que se tiene que sustentar el camino del ascenso. Aquí -ya se sabe- pueden perdonarse todos los horrores si el resultado final obtenido es un triunfo. Importan poco los modos. Acaso no quepa debatir sobre el cómo. Tampoco merece la pena detenerse en las concesiones del rival o en sus debilidades. Todo eso es secundario. La rítmica y adecuada suma semanal de puntos, esa que al final te sitúa en la barrera de los setenta, o algo por encima, es la esencia. En este sentido, el Real Zaragoza cumplió. Liquidó a un equipo que aún no ha ganado un solo partido y se retiró a descansar, a la espera de que el calendario le presente el siguiente rival, el Murcia.

Por lo demás, el partido ante el Elche duró lo que tardó en aparecer la parábola de Jorge López sobre la defensa rival, para que Antonio Hidalgo cortara en vertical ese muro y Willy, el portero rival, lo derribara en el área. En ese lance, cuando todavía no se había cumplido el cuarto de hora de juego, quedó resuelto el insustancial e insípido encuentro entre aragoneses e ilicitanos. Willy fue expulsado y el Elche se quedó con diez jugadores sobre el campo, a merced de lo que se quisiera hacer con él, como una hoja de fino papel sometida al capricho de un viento cambiante. Se le pudo golear, humillar, triturar o dejarlo con la estampa que estaba. Por un sentido de mínima prudencia, Ewerthon le dio dos lanzadas. Primero transformó el penalti cometido sobre Antonio Hidalgo y luego cabalgó para que Caffa marcara un segundo tanto sin oposición. Dos a cero, y todo visto. O, mejor dicho, nada más que ver.

Es posible que el fútbol de Segunda sea así en La Romareda. Es decir, que no es fútbol. Tiene las apariencias. En algo se asemeja. Pero en verdad resulta un tostón insoportable cargado de minutos basura, de tiempo perdido en no se sabe exactamente qué, a no ser que quepa computar el hecho de haber salido de casa a dar una vuelta en una tarde que se prestaba a ello. Unos fueron a ver las actividades organizadas por el Ayuntamiento bajo el nombre de Deporte en la Calle, en Paseo de la Independencia, y otros a La Romareda. Esa es la diferencia principal.

Desaparecido

El Real Zaragoza desapareció en la segunda mitad, como ya le sucediera quince días atrás frente a la Real Sociedad. Sí, estaban allí, sobre el césped, una serie de jugadores, once, según manda el reglamento; pero a duras penas sobrepasaron el umbral de estar ubicados sobre el campo de acuerdo con una disposición. Como de las incontables deficiencias futbolísticas que padece el Elche tampoco fue posible que surgiera un equipo digno de tal nombre, el partido quedó reducido a la nada, a una deplorable vulgaridad de correteos en una dirección u otra, y a veces sin sentido apreciable.

Hubo quien esperó pacientemente en la grada a que la sesión la animara David Vidal con alguna de sus ocurrencias, con alguna de sus peculiares actuaciones que rebasan los límites propios de un entrenador de fútbol y se adentran en el territorio de lo cómico. Sin embargo, ni por ese derrotero cambió el tono de la tarde. La memoria trajo al caso aquella famosa frase que pronunció Paco Flores: "El que quiera divertirse que vaya al circo". Eso sí, a Agapito Iglesias se le adivinaba una ampliar sonrisa al término de este sucedáneo de fútbol.

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