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REAL ZARAGOZA

El viaje de la redención

El Real Zaragoza llegó ayer por la tarde a Madrid, 24 horas antes de lo previsto en un principio, con la intención de romper la rutina negativa que, poco a poco, le ha llevado al abismo del descenso a Segunda.

Algo extraordinario hay que hacer. No queda más remedio que buscar resortes diferentes a lo rutinario, escenarios distintos que aporten a los futbolistas del Real Zaragoza estímulos positivos para salir del oscuro túnel en el que se hallan metidos tras el 0-3 del domingo pasado ante el Betis en La Romareda. Por eso, ayer por la tarde el equipo blanquillo inició la ceremonia previa al próximo partido liguero en Getafe de una manera totalmente novedosa, sin precedente alguno en los últimos tiempos: viaje en viernes -cuando el partido se disputa el domingo a las 17.00-; uso del autobús y de la autovía -a la vieja usanza- desechando la rapidez del avión o la comodidad del moderno AVE; y ejecución del último entrenamiento antes del duelo dominical en un escenario extraño y ajeno como es la Ciudad Deportiva del Real Madrid.

Antepenúltimos, descolgados desde el domingo de los puestos de la salvación, sumidos en una crisis de identidad galopante, los responsables del Real Zaragoza han pensado que este fin de semana en Madrid tiene el rango de último salvavidas para un equipo a la deriva que, no es que no tenga más margen para el error, sino que está obligado ya a remontar y mirar a quienes le preceden en la clasificación. Es un fin de semana con ambiente de ultimátum. Ayer, a la salida del autocar en la trasera de la sede del club en La Romareda, se respiraba tensión, responsabilidad, miedo. Todos saben que, o son capaces de sumar los 3 puntos en el Coliseum Alfonso Pérez ante el equipo de moda del fútbol español, o el caos que viene gestándose desde hace meses puede hacerse realidad en breve tiempo.

Villanova ha vuelto a hablar personalmente con cada uno de los titulares de mañana. Lo seguirá haciendo en los largos ratos de concentración que restan por vivir en el Hotel Puerta Madrid, a las afueras de la capital de España, fuera del casco urbano de la ciudad en busca de un aislamiento que se antoja necesario para el desorientado grupo.

Zapater ya sabe que va a ser lateral derecho. Sergio Fernández adivina que regresará al once inicial junto a Ayala tras aquella lesión en el Pizjuán que le ha tenido seis semanas de baja. Paredes debe reactivar su chip de lateral zurdo, al que retorna mañana. Óscar, animado con gestos enfáticos por el entrenador en la mañana de ayer, ha de rescatar su vocación de extremo porque en Getafe jugará pegado a la banda derecha. Gabi, que vuelve a la que fue su casa, está contento porque, por un día, va a ocupar su puesto preferido, el de medio centro, por delante de Luccin y junto a Matuzalem. Y Milito, que en principio lleva butaca de banquillo, ha de estar pendiente hasta última hora de que Oliveira pueda jugar de inicio o no por culpa de su pinchazo en el muslo.

Es el viaje de la redención zaragocista. O se gana y se sale de la espiral negativa que se está tragando al equipo camino de Segunda, o el futuro inmediato pintará negro a la vuelta de Getafe.

Vicente Pascual, un joven canterano que Villanova ha traído en el grupo por primera vez, aporta la ilusión del debutante, la sencillez y la osadía de quien es ajeno a la catástrofe en curso. Luis Cantarero, el psicólogo del club, pone rostro a otro de los elementos invocadores del milagro en este atípico viaje aprontado hacia el partido más importante del año.

Un buen presagio

El Getafe va a jugar el miércoles la final de la Copa del Rey. Y dice la historia reciente que es improbable que un finalista copero gane su partido inmediatamente anterior a la celebración de esa finalísima. Le pasó el año pasado al campeón, el Sevilla, que cayó en su campo con el Villarreal por 0-1. El Getafe subcampeón, por su parte, perdió 2-1 ante el Celta.

Hace dos años, el Espanyol empató ante el Atlético (1-1) antes de lograr el título frente al Zaragoza que, 3 días antes había empatado 1-1 en Sevilla. Hace tres campañas, el Mallorca campeón empató en casa con el Betis (1-1) y su rival, el Osasuna, cayó 1-0 en Valencia. Hace cuatro campañas, los dos finalistas, Madrid y Zaragoza, coincidieron en el Bernabéu e igualaron a uno. Que siga la racha.

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